PABLO RODRIGUEZ
Cuando una formación política nace para enfrentarse a otra, cuando no surge de la defensa del interés general, cuando no tiene más programa que alimentar el ego de sus dirigentes, cuando no ve a Canarias como una unidad, como un pueblo único, termina pasando factura.
Hoy podemos referirnos ya a Nueva Canarias como un partido de exnacionalista y lo podemos hacer con datos en la mano, tras conocer que casan sus intereses con los de un partido con sede en Madrid, no para garantizar la gobernabilidad de ninguna administración, sino para sellar su propia supervivencia. El interés de los líderes de Nueva Canarias, entre ellos de su presidente, Román Rodríguez, por concurrir con el PSOE a las Elecciones Generales del próximo diciembre así lo confirma.
No hablan de izquierdas, ni de derechas, ni de centro, ni de políticas conservadoras o neoliberales, ni siquiera hablan de Canarias y mucho menos de Gran Canaria, Nueva Canarias solo está centrada en suplicar a gritos un salvavidas.
Rechazados por Podemos, sólo les resta buscar en el PSOE, en Madrid, la boya que los saque a flote. Una organización centralista es la opción a la que aspiran los exnacionalistas.
Concurrir a las elecciones generales en coalición deja de ser lícito cuando por el camino sacrificas tus ideas, tu programa, el futuro de tu tierra, tus raíces canarias, por un puñado de votos y un sillón en el Congreso de los Diputados y más aún cuando el líder de tu formación política en 2011 defendió un pacto de nacionalista que los llevó al Congreso de la mano de Coalición Canaria, porque, y cito textualmente, “hemos hecho una reflexión: este es un proceso electoral muy complejo, en el que el bipartidismo se impone y donde el PP y el PSOE protagonizan lo sustancial de protagonismo político. A pesar de nuestras diferencias (refiriéndose a CC), lo que hemos hecho es compartir un análisis y unas propuestas para que las familias nacionalistas, con ideología y tradiciones distintas, juntemos nuestras fuerzas para garantizar una representación significada que nos permita reclamar nuestros derechos incumplidos de forma flagrante por parte del Estado”.
Derechos y compromisos incumplidos tanto por Gobiernos del PP como del PSOE, a quienes hoy se coliga Nueva Canarias sin remedio para salvar los muebles de quienes dirigen los destinos de un partido que decía ser nacionalista.
Luego, está claro que lo que buscan es un vehículo lanzadera y lo importante no es ni el compañero de viaje ni las ideas que se transportan, lo importante aquí es subirse al coche del Congreso de los Diputados.
NC ha decidido entregarse a una fuerza política centralista, a un grupo cuyo peso en los presupuestos generales del Estado poca atención ha prestado a las necesidades de Canarias.
Ha optado por fagocitar su ideología nacionalista, en pro de una miserable representación en una lista del bipartidismo tradicional y poniendo, una vez más, piedras en el camino a la unidad nacionalista en esta tierra. Son ellos los que prefieren concurrir el próximo diciembre a las Elecciones Generales para ser la sucursal de un partido estatal en Madrid en lugar de ser la voz de los canarios.
Esa misma fuerza que hace 4 años decidía apostar por “la unidad de las familias nacionalistas” para reclamar al Estado un trato justo, para reclamar el cumplimiento del REF, una financiación autonómica justa, unas políticas diferenciadas para luchar contra el paro, apuestan hoy, 4 años después, por cambiar el discurso.
Flaco favor al nacionalismo canario el que hacen los exnacionalistas de NC.
Pablo Rodríguez es diputado de CC en el Parlamento de Canarias y concejal en el Ayuntamiento de Telde.

























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