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Liduvino Fleitas (Foto TA) Liduvino Fleitas (Foto TA)

La ira de la ciudadanía

TA ofrece una reflexión de Liduvino Fleitas, miembro de Más por Telde

Cristina Martes, 18 de Noviembre de 2014 Tiempo de lectura:

LIDUVINO FLEITAS
La ira es definida “como una reacción defensiva de enfado provocada por el daño o coerción de determinadas situaciones cuando creemos que está siendo vulnerada nuestra integridad”. La ira, señal ancestral y patrimonio de nuestro ADN, es considerada por lo general como negativa y potencialmente peligrosa por ser un sentimiento instintivo y primario que está anclado en nuestro cerebro y que se manifiesta como respuesta natural, en una mezcla de aversión y rabia, que puede transformarse primero en rechazo y después en agresividad.
 
En el contexto en que vivimos, con una falta de seguridad en lo social y económico y el sinfín de corruptelas que se descubren un día sí y otro también, no es de extrañar que este tipo de actuaciones auspicien el caldo de cultivo adecuado para que se prodiguen situaciones y actitudes que quiebran y bordean los elementos de armonía y concordia necesarios para una justa convivencia. La rabia y la indignación se anidan y acomodan poco a poco en nuestro interior provocando diferentes pautas de comportamiento, por un lado impotencia, desdén y desprecio hacia todo lo que significa o huela a “stablishment”; y por otro protestas, encaramientos y desafíos que, finalmente a modo de volcán, erupcionan con un nivel de ofuscación y consecuencias que pueden sobrepasar formas de conducta nada o poco deseables.
 
En la actualidad la ciudadanía tiene la percepción de que estas “élites” que ejercen y ostentan el poder y la autoridad, vulneran a su atojo las reglas con absoluta impunidad y esto se traduce en un aumento en el nivel de animadversión, ganada a pulso, hacia sus dirigentes. Este sentimiento de fobia va más allá de los ciudadanos indignados y de los llamados de izquierda. A día de hoy incluso los sectores tradicionalmente moderados están hasta el gorro de esta “peña” que vive, sin sonrojo, como verdaderos “marajás” mientras sectores importantes de la población lo están pasando canutas; dando la sensación de que unos y otros viven en otra dimensión o universos paralelos.
 
Los ciudadanos en cualquier conversación hablan y respiran una irritación mezcla de resentimiento y desencanto, repasando y poniendo nombre y apellidos a las diversas tropelías que están en el origen de esa ira: bancos que se rescatan y sangran a los ciudadanos, multinacionales que imponen sus criterios y un cúmulo de acciones que tienen como denominador común: el despotismo, el abuso, la arbitrariedad, el cohecho, los sobornos, las comisiones, la malversación, la falsedad documental y un chaparrón de hipocresía que envuelven a políticos, empresarios, sindicalistas y allegados a la monarquía; por no hablar de los gobiernos que aprueban leyes que criminalizan y ponen una mordaza a los ciudadanos que incomodan y protestan con la excusa de una mejora en la seguridad ciudadana y, decretos municipales que sancionan y castigan a las personas que buscan de manera desesperada una salida a su aciaga situación en los contenedores de basura.
 
Con tales comportamientos, donde el atropello, el saqueo y el agravio es continuo y premeditado, ¿es la ira un instrumento apropiado para corregir y cambiar tales situaciones? Y siendo así, ¿cuál es el nivel justificable?
 
Creo, que somos muchos los que aludimos a una ira alejada de la violencia que puede desembocar en caos y destrucción. Una ira altruista, ejercida desde la prudencia, necesaria, justa que no responda a fines egoístas, que sea capaz de mirar más allá del yo y buscar el bien común. Desde esta perspectiva lo ciudadanos tenemos no sólo el derecho, sino la obligación moral de impulsarla y promoverla.
 
Aristóteles dijo: “La ira nos enciende y nos lleva a actuar ante la opresión y siempre que no se deje por el camino el consejo de lo racional es una conducta absolutamente fundamental en una sociedad democrática”; por eso actuemos y usémosla con mesura y sensatez y no nos dejemos manipular ni guiar por aquellos que aprovechándose de la situación, faltos de realidad y sobrados de fantasía y utopías, nos prometen el cielo porque podemos darnos de bruces con el infierno.
 
Liduvino Fleitas es miembro de Más Por Telde.
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