LIDUVINO FLEITAS
Los discursos sobre la ejemplaridad, transparencia y otras actitudes del buen gobierno ya no valen y apoyarse en la afirmación diaria de cada una de ellas resulta poco menos que baladí. La ciudadanía necesita algo más que palabras y proclamas; se demandan acciones, pruebas, hechos y ejemplos que avalen y respondan a sus quejas y necesidades.
Quienes han tenido y tienen las riendas del poder acostumbran a olvidar lo prometido a la par que se van instalando en la prepotencia, la opacidad, la falta de participación y la ausencia de contacto verbal y afectivo. El silencio y la ceguera ante una realidad triste, dolorosa y patética hacen mella en la credibilidad personal y política que escasea por doquier y, el rechazo en no reconocerlo solo manifiesta un descaro y cinismo descomunal y un enorme desprecio por los ciudadanos. Ahora que estamos relativamente cerca de unas nuevas elecciones comienzan a funcionar los engranajes y estrategias para la conquista del voto; así que, sujetos a este ritual, se iniciarán las actuaciones para catequizar, persuadir y convencer.
Empieza la “ceremonia de la confusión” y, no habrá sonrojo en desplegar toda una serie de prácticas y conductas camaleónicas y populistas de aquellos que llevan la verdad y la razón metida en el bolsillo, cambiándola de uno a otro según cuadre y convenga. A veces es fácil dejarse convencer y deslumbrar por lo que no son más que maniobras para la galería y fuegos de artificio; por eso se hace necesario hacer balance y una vez realizado, demuestren cada uno de ustedes que les importa su futuro y castiguen, sacando de sus poltronas, a los políticos que han faltado a la verdad, que no han tenido dignidad en su conducta y que no han realizado bien sus deberes.
Políticos que a pesar de todos sus errores, y no sólo de gestión, se niegan a entregar las llaves de lo que consideran su “cortijo”, pues se saben bien arropados por las “amistades” e influencias de compañeros que gobiernan en Madrid y por algunos magistrados, otrora colegas de partido, que argumentan subterfugios legales como los principios de ponderación y proporcionalidad, para retrasar unos juicios, que se suponen se aplican a la hora de dictar sentencia. Entre tanto, otros tiran del sentido común como razón sustancial para aplazarlos, cuando sabido es que las diferencias entre las personas y las clases sociales van más allá de lo que ordinariamente se cree y en tal sentido dice el proverbio: “El sentido común, no es tan común”.
Tener dudas, reconocer contradicciones y desaciertos, así como vivir y sufrir al lado de los ciudadanos la incertidumbre que genera la situación actual es algo que a este gobierno no se le pasa por la cabeza y busca a toda prisa una salida donde ya no hay puertas; yendo de “guay”, saliendo en los medios: fotos, reuniones, declaraciones, inauguraciones, algún que otro pomposo y superfluo proyecto para la galería y el curriculum, cortando unos pares de cabezas para que se sepa que dentro del gobierno no todos se manchan las manos y que no se admiten golferías y, de paso echar sus negligencias sobre las espaldas de otros.
Lo importante es no irse del circo para no perder los privilegios, pues eso supondría ganar - con mucho sudor- un sueldo “mezquino” como el común de los mortales y el resto de los ciudadanos honrados, y sí para eso la consigna es seguir engañando y mintiendo, pues no pasa nada; se engaña y se miente. La absolución, visto lo visto, vendrá de “arriba” y si no bastará con un Padre Nuestro y tres Ave María.
Liduvino Fleitas es miembro de Más por Telde.
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