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Consumismo

Cojeda1 Domingo, 06 de Diciembre de 2015 Tiempo de lectura:

Ya se ha dado el pistoletazo de salida a las compras navideñas y el bullicio en los distintos centros comerciales se hace evidente a través de una ingente cantidad de personas  atraídas por campañas como Black Friday, Cyber Monday o, simplemente, por el deseo de ir adelantando las compras. Es agradable ver ese bullicio porque uno intuye que algunos sectores de la población están saliendo de una crisis que tendría que haber servido para hacer tomar conciencia de que no se puede gastar más de lo que se gana.

 

Esa toma de conciencia puede resultar muchas veces difícil porque vivimos en una sociedad que favorece el consumismo. Nos hemos convertido en la generación de usar y tirar. La publicidad nos bombardea con anuncios cuyo objetivo no es nuestro bienestar, sino hacernos engranajes de un sistema que reduce a las personas al papel de meros consumidores sumisos. Este modelo económico de producción y consumo tiende cada vez más a crear en las personas necesidades ficticias.

 

Las manifestaciones de la crisis social y medioambiental en todo el planeta son cada vez más visibles: todos los días encontramos ejemplos a nuestro alrededor o en los medios de comunicación del injusto reparto de la riqueza y el consiguiente aumento de la pobreza o de los efectos que el actual desarrollo insostenible tiene para la naturaleza. Serían innumerables los ejemplos, desde los fenómenos migratorios, hasta la deforestación o desertización, pasando por la explotación laboral (sobre todo de mujeres y niños) o el efecto invernadero

 

El consumismo puede convertirse en una cadena y una esclavitud. Por eso, nuestros hijos e hijas deben contar con nuestra ayuda para enfrentarse a las presiones grupales. El diálogo en el seno familiar es imprescindible para tratar de prevenir de caer en un consumo irreflexivo que nunca sacia a los que lo practican. Harían bien los padres y madres en comentar con sus hijos la situación económica, planificar juntos los fines de semana o las vacaciones, no ocultar si existen dificultades que pueden privarnos de la adquisición de un electrodoméstico para el hogar, la realización de un viaje, etc.

 

De esta forma, nuestros hijos se irían concienciando de las posibilidades económicas familiares y se verían obligados por los hechos a contemplar el principio de realidad en lugar de guiarse solamente por el principio de placer. Claro que esta recomendación puede resultar utópica cuando contemplamos que muchos padres actuales, que son productos del fracaso escolar, son los primeros en no tener claro esta cuestión y se dejan llevar por el fenómeno consumista porque no tienen las defensas necesarias para evitarlo.

 

Como consumidores, último eslabón del sistema económico, tenemos una responsabilidad, pero también tenemos un poder. Con nuestra forma de consumir podemos influir en la marcha de la economía y del mundo de una forma directa. Un consumo consciente y responsable, orientado al fomento de actividades satisfactorias para la naturaleza y las personas es una gran contribución y un decisivo instrumento de presión frente al mercado.

 

Los avances tecnológicos  no han corrido paralelos a la formación de la sociedad y, más particularmente, del consumidor para que pudiera asimilarlos y utilizarlos en su beneficio. Y es de ahí de donde arranca una parte importante  de la problemática  que sufrimos como consumidores. Los medios de producción, comercialización, promoción, publicidad y venta de nuestra sociedad han desbordado  la capacidad de asimilación y comprensión del consumidor, individualmente considerado, que se ve indefenso e incapaz de desentrañar toda la maraña  urdida a su alrededor, en torno a los bienes de uso y consumo.

 

Producir y fabricar aquellos productos, bienes y servicios que el consumidor demanda para cubrir sus necesidades, ha sido sustituido  por otra idea hoy imperante: primero se crea el producto y después se crea la necesidad en el consumidor para que lo demande y así poder mantener la producción.

 

Segismundo Uriarte es maestro y técnico de Radiodifusión.

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