Una breve reflexión a propósito de la propuesta del señor Marina acerca de que los profesores debemos ser evaluados y cobrar según el rendimiento que tenga en las aulas. Hacía mucho tiempo que no oía un disparate de tal calibre ¿Igualmente se pedirá a los demás funcionarios del estado esta medida? ¿Se evaluará de igual manera el trabajo de los médicos, jueces y políticos para pagarle según sus resultados?
Señor Marina, actúa usted como un pirómano cuando intenta enfocar el problema en los profesores, cuando son los más castigados de este sistema obsoleto que llamamos escuela. Si su propósito fue dignificar nuestro trabajo no entiendo cómo comienza por cuestionarlo. No sé cuánto tiempo hace que usted no pisa las aulas o si estuvo dando clase a más de treinta alumnos, por hora, en secundaria pero, si así fue, seguramente ya olvidó lo que es impartir clase hoy en día.

Le aseguro que el problema educativo es mucho más complejo y no está cuestionar el trabajo de los profesores. Como usted bien sabe el problema educativo es multifactorial y no se soluciona matando al mensajero.

Todos los días hablo con madres separadas, que cuidan a sus hijos solas, que me piden ayuda porque no pueden con ellos; están exhaustas, trabajadoras que no tienen tiempo material de atenderlos porque ya los chicos se les ha ido de las mano. 
Todos los días veo padres que pasan de la educación de sus hijos, hombre que piensan que la educación es cosa de mujeres y que de eso se ocupan sus madres. Todos los días hablo con muchachos y adolescentes totalmente desmotivados, con situaciones familiares y económicas precarias, o con todos los miembros de la familia en paro. 

Cuando las circunstancias económicas, sociales no tienen unos mínimos, cuando la igualad entre los sexos no es real, cuando la cooperación entre los parejas no existe, cuando no hay conciliación familiar para el cuidado de los hijos, pasa lo que está pasando: desmotivación, falta de respeto, desorden y fracaso escolar. 
La escuela es sólo el reflejo de la sociedad, ni más ni menos. Quizás podría usted empezar por hablar de justicia social para que así se refleje en el aula o de cambiar las programaciones caducas y encorsetadas, o de implementar en la política asignaturas tan necesarias como la educación en la igualdad entre géneros y la no violencia. Quizás podría usted haber empezado por aconsejar la eliminación de la excesiva carga horaria de los profesores, o rebajar el número de alumnos por clase. Podríamos haber empezado por situarnos en la realidad y no evaluando al docente que sólo hace lo que puede con los medios que puede. 

Mientras las condiciones mínimas de igualdad, respeto, solidaridad no existan no habrá educación que valga. Y por favor, no dispare al mensajero. 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.
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