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El traje del emperador

Dojeda Martes, 03 de Noviembre de 2015 Tiempo de lectura:

La mujer de la limpieza entró en la habitación, vio aquel desastre, botellas de champán abiertas, bebida derramadas, confetis e hizo lo que le habían ordenado: recoger toda la basura. Su sorpresa vino después, cuando la gerente del museo en el que trabajaba le dijo que aquello era una obra de arte. La obra cuyo título era “¿dónde vamos a bailar esta noche?
 
Metáfora, según las autoras de “la década de los ochenta, el consumismo y la especulación financiera” para la limpiadora era sólo eso, basura que había que recoger. Cuando leí la noticia mi preocupación fue hacia la limpiadora. ¿La habrían despedido por su sentido común? Lo cierto es que a las autoras les ha dado una fama después de la repercusión internacional que ha tenido el hecho que de otra manera jamás lo hubiesen tenido.
 
La anécdota es sólo un ejemplo más de lo absurdo de nuestros tiempos. Mientras una camarera de piso cobra dos euros y medio bruto por limpiar una habitación, otros venden basura a precio millonario. La sin razón de nuestros tiempos se ha instalado de tal forma en nuestra vidas que aceptamos como normal lo que no lo es. Y así, nos parece normal que mientras algunos pasen hambre otros se preocupen del cáncer por el exceso de carne.
 
La degradación moral, el todo vale y el abuso desmedido, es la tónica diaria. Ya nada nos conmueve demasiado si no es mediático y sólo por unos instantes. Mientras algunos se desloman para ganar setecientos euros al mes, el hombre más rico del mundo, el español Amancio Ortega (dueño de Inditex, Zara, Pull&Bear, Bershka, Stradivarius, Uterqüe…) lo es gracias a que explota y esclaviza en países asiáticos a sus empleados, a niños y niñas que confeccionan la ropa que luego comprarán trabajadores del primer mundo. Trabajadores que, de esta manera, colaboran sin saberlo a que la explotación y la esclavitud se perpetúe.
 
En un mundo tecnológico y mediático, superfluo y profundamente injusto como el que vivimos hacen faltan más limpiadoras como estas, que hagan limpieza de toda la podredumbre existente y nos recoloque en el norte que un día perdimos. La mujer, a fin de cuentas, hizo lo mismo que el niño en el cuento del “Emperador desnudo” gritar que estaba desnudo.
 
El sentido común, la cordura vendrá un día por los de abajo o no vendrá.
 
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.
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