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La batata

cojeda Domingo, 27 de Septiembre de 2015 Tiempo de lectura:

La batata es un tubérculos dulce y típico de esta tierras, llamado boniato en la península o camote en América. Pero “la batata o el batata” es también en las islas, el zoquete, el incompetente o el mentiroso.

 

Nuestro presidente ha demostrado ser un batata al desconocer las propias leyes del país que gobierna, enredándose en las preguntas del periodista y desconociendo que un catalán puede continuar siendo español si así lo desea pues “ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad” tal como dice la Constitución.
El batata es tan bobo que no tiene argumentos más inteligentes que la mentira o el miedo y por eso suele recurrir con frecuencia a sus aliados, igualmente batatas como él, que le bailarán en el “corro de la batata”.

 

Estos empresarios o políticos batatas verterán toda suerte de disparates igualmente necios del tipo “ que viene el corralito” o demás sandeces. 
El batata no es el ignorante, que es el que no sabe, y de esto se sale con un poco educación y otro tanto de cultura. El batata es el zoquete satisfecho de su propia ignorancia, como el caso de Miguel Ángel Ramírez, presidente de la U.D. Las Palmas que se jactaba de no haberse leído nunca un libro. 


 

Ser batata en un mundo un mundo de batatas tiene sus compensaciones pues, pese a lo que señala la lógica aplastante, esta condición de mentecato te puede llevar fácilmente a ser uno de los mayores empresarios de la nación y a tener todas las concesiones del estado que pretendas, como es su caso.
Y es que la batata abunda por doquier en ayuntamientos, cabildos y gobiernos. Cada uno de nosotros conoce a algún batata que ocupa un puesto político en razón de nadie sabe qué méritos o capacidades. Así podemos oír en el parlamento canario a concejalas como Inés Rojas que habla con los espíritus o al vicepresidente del cabildo, Juan Manuel Brito proponer a su pareja como directora general de igualdad y pensar que es normal hacerlo.

 

Se puede pensar que la verdadera cualidad del ser “batata” a parte de su necedad y felonía es la no saber lo que es tener escrúpulos, ética ni ideología. 
No obstante, un batata o una batata, por su propia naturaleza siempre será descubierto por aquellos que no lo son. Por esta razón, era cuestión de tiempo que el presidente, tan sobrio y callado siempre, tan poco amigo de las entrevistas ni debates, tan concienzudo y poco amigo de las palabras demostrara su verdadera esencia: ser un batata.

Pon un batata en tu vida y la suerte posiblemente te sonreirá.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.

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