Europa se desmorona, lo de Grecia no es solo un problema económico, va más allá de la simple constatación de un país en quiebra. Europa fracasa si Grecia sale del euro; porque el sueño de socialdemócratas de conseguir un espacio dentro de la diversidad cultural, equitativo, justo y solidario con aquellas regiones más deprimidas hace agua por todos lados.
Y mientras se discute con los griegos –referéndum convocado- las formas de salir del callejón, Europa está en alerta máxima por terrorismo islamista. En Francia el nivel de alerta es crucial; en España falta un paso para crisis inminente, en Londres en Roma, en Alemania...tienen a sus fuerzas policiales en alerta…y no están en guerra. Es lo que dicen, aunque Francia si lo está en varios países de África y Oriente. Y todavía hay quien cree que lo que está ocurriendo se puede solucionar con dialogo. Para hablar sobre cualquier asunto es necesaria la receptividad de ambas partes, el razonamiento y el análisis; pero cuando encuentras que no puedes ni siquiera acercarte, la indiferencia y la desconfianza conducen inevitablemente a la confrontación bélica, que no dialéctica.
El primer ministro francés Manuel Valls, ha mentado al diablo. Los franceses que tradicionalmente han sido un contrapeso intelectual a la escuela de pensamiento norteamericana, sobre todo en los círculos de Nueva Inglaterra, ha dicho que estamos en guerra contra otra civilización… y no son alienígenas. En este punto es donde comienzan a converger cada vez más pensadores. Pues si hay más de una civilización, que fue el primer escollo de la teoría de Huntington; también es posible que estas entren en conflicto y es lo que está ocurriendo según todos los indicios. Y mi pregunta es: ¿Por qué no permiten la construcción de un califato, como han dejado a otras regiones constituirse con un secretismo a prueba de redes sociales? En Kosovo tenemos un ejemplo. Y me cuesta entrar en una forma de pensamiento que no sea crítico, donde realidad y experiencia personal, previamente prejuiciado por la academia, conduzcan a lo único que salva al ser humano de su propia ruina: el diálogo. Pero temo que mi respuesta, sin tener ni la más remota idea de lo que se cocina en las estancias orwellianas de nuestro sistema occidental –porque nos mienten-, sea que es imposible, por ahora, un acercamiento constructivo a esa otra emergente y despiadada realidad convertida en civilización con fecha de inicio y con final incierto.
Mientras el espíritu de la casa común europea va camino de su funeral, nos tenemos que ir acostumbrando a ver con asombro a las fuerzas armadas o a la policía, con todo lo necesario para una batalla, en la calle, en los aeropuertos, en la estaciones de guagua, en los centros comerciales… Pero ¿Por qué nos quieren someter o borrar de la faz de la tierra? Esa es la realidad a la que me refiero y que no se ausculta con los útiles que hoy tenemos a nuestro alcance que es el rasero de los derechos humanos herederos de la lustración y que ha intentado universalizar valores sobre los que discutir, sin tener casi en cuenta que para la otra “civilización” los valores son también fundamentales y susceptibles de convertirse en universales, por convencimiento o por coacción y en este caso por sometimiento. Y estamos como siempre: biológicamente sabemos de dónde venimos, pero ideológicamente no sabemos a donde vamos.
Sergio Jaén-Domínguez es poeta y escritor.


























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