Treinta y cinco días ya. Treinta y cinco días son los que lleva Takbar Haddi en huelga de hambre. Una madre saharaui que lucha por tener el cuerpo muerto de su hijo. La puedes ver sentada en la acera, hora tras hora esperando, en silencio. Espera que el gobierno marroquí le devuelva los restos del cuerpo de su hijo asesinado para poder enterrarlo. El cuerpo del hijo muerto. Aún a cambio de su vida. 
Takbar se agarra a la única tabla de salvación que aún le queda, el último bastión de resistencia para reclamar al gobierno marroquí justicia: su propia vida.
Lejos de llegar a un acuerdo Marruecos abusa de su autoridad para atentar violentamente contra la familia de Takbar esperando que esta deje la huelga de hambre. ¡Pero ella no lo hará¡.
Algunos ya olvidaron cuando el Sáhara fue español, muchos canarios trabajaron y nacieron en el Aaiún. Cuando a España le convino se lo vendió a Marruecos y lo dejó en manos de un monarca loco. Con su venta y las presiones del rey comenzó también el descalabro de nuestra flota pesquera. Entonces, la pesca desapareció en Canarias para siempre. A cambio teníamos bases americanas y muchos acuerdos comerciales para el lobby comercial. Pero el Sahara nunca se rindió y siguió resistiendo.

Hemos dado la espalda al Sáhara, a África pero ella nos golpea en la cara cada día.
Sin embargo, Canarias y sus políticos de pactos miran a otro lado. La delegada del gobierno, como Pilatos se lava las manos declarando: “Es tema particular, una pelea de familia, un tema que no es nuestro” Como si la defensa de los derechos humanos no fuera un tema de todos. 
Ahora mismo, Takbar desfallece, pero sigue viva. Viva para recordarnos que mientras le quede un último aliento seguirá reclamando el derecho a enterrar a su hijo. Su lucha es la lucha de todo un pueblo que se resiste a ser masacrado. La lucha de los oprimidos. Nadie la callará, salvo la muerte.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua Castellana y Literatura.
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