Mañana se celebra el 39 aniversario del mayor engaño que jamás se ha podido urdir en estas islas. La maniobra, un plan perfectamente orquestado para dejar salir airoso y vivo de la isla uno de los mayores asesinos de nuestra historia, Eufemiano Fuentes, comenzó el dos de junio de 1976. Todo se desenvolvió como estaba previsto, con cabeza de turco incluido, Ángel Cabrera, el Rubio, a quien inculparon del secuestro.
La noticia corrió como la pólvora pero pocos creyeron la versión oficial de los hechos. Muchos eran los que deseaban la muerte del industrial y todo lo que rodeó el caso fue, cuando menos, sospechoso: el robo de cadáveres en el cementerio, un cuerpo dudoso aparecido inesperadamente para justificar el pago de la póliza millonaria de seguro, supuestos negocios oscuros del industrial que lo relacionaban con mafias americanas…etc. Los medios, la familia nos contaron lo que ellos querían que creyéramos. El miedo, esa arma poderosa de los fascista, ganó la batalla, pero no la guerra. El miedo de quienes la vivieron, de quienes temen que esta se repita, el miedo a hablar del monstruo sanguinario, como si mentarlo formara parte de un pasado funesto que más vale la pena no remover.
A pesar de eso, quienes urdieron la trama no contaron con el factor tiempo ni con que este es un territorio limitado donde todos nos acabamos conociendo. Cuando comencé a investigar sobre los hechos conocí a la hija del forense que fue obligado a testificar que aquellos restos eran del industrial no de un animal como así era; más tarde, conocí el testimonio del patrón del barco que sacó de la isla al empresario. Sólo había que esperar y preguntar. Siempre hay quien desea hablar y no teme.
La historia que nos contaron fue solo una mala novela escrita por los vencedores. Hay demasiados muertos arrojados desde la sima de Jinámar que no se olvidan, demasiadas atrocidades que no se perdonan. Muchos canarios saben lo que es no enterrar a sus muertos o llorar a sus desaparecidos. Casi cuarenta años y el miedo a contar aún perdura. Esta historia emponzoñada se nutrió de ese mismo miedo. La verdad aún espera por salir.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.


























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