En el área de esparcimiento para perros del Parque Juan Pablo II, una de las oportunas y necesarias iniciativas del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, se reúnen cada día un buen grupo de mascotas con sus dueños. Eso sin contar con los padres que llevan a sus hijos para que disfruten de las perrerías, nunca mejor dicho, y se acostumbren a tratar como es debido a los animales.
Vienen allí casi cada día gentes de muchos barrios de la ciudad, pues no en todos hay zonas acondicionadas para que los perritos corran, hagan el necesario ejercicio y se desestresen. Se forman grupos de perros y corrillos de personas unidas por el placer de disfrutar de sus mascotas.
Mientras unos hablan de lo divino y lo humano, los perros juegan unos con otros y corren alegres. Unos prefieren perseguirse por el amplio parque, mientras otros animalitos gustan más de jugar con pelotas, discos voladores o juguetes similares. Los cachorros, reclamando atención a los mas jóvenes y los veteranos poniendo orden como los maestros en los patios de los colegios, vigilando atenta y severamente a los jugadores para que no se hagan daño ni sean más brutos que lo estrictamente necesario y permisible. Y todos juntos conviviendo en paz y armonía.
Bicho, mi perrito teckel o salchicha como le dicen riendo los niños, creyendo que le llaman por un mote, prefiere divertirse con una pelota que, tras lanzársela, viene corriendo a devolverla para así proseguir jugando incansablemente. Y hasta cuando vuelve a casa, creyendo yo que bien cansado, quiere seguir peloteando... y, ¡claro!, hasta la pelota se ríe con sus ocurrencias...
José Francisco Fernández Belda es ingeniero industrial y graduado social.
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