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cojeda Domingo, 01 de Marzo de 2015 Tiempo de lectura:

Para la gran mayoría de los mortales supone un gran problema tener que hablar en público, y no digo en grandes foros, sino por ejemplo en clase ante la pregunta de un profesor, a la hora de exponer un trabajo o simplemente en una reunión de padres o de leer en la boda de un amigo.
 
Pero esto que nos ocurre a la mayoría de los españoles tiene un motivo y es que el buen orador no nace sino que se hace, salvo algunos privilegiados como mi amigo Alejandro de Ramón, que como decimos en el grupo de padres del whasapp, “tiene más cara...”. Y es que en España no nos formamos como oradores, no hay una asignatura que se denomine “Hablar en público” o similar, aunque sí que hay algún criterio de evaluación en el currículo español que a veces se valora “de aquella manera” porque lo que prima es aprobar el examen escrito.
 
Lo que está claro es que en nuestro país, en general, no potenciamos la expresión oral. Los exámenes orales casi nunca son una alternativa cuando debería ser una práctica habitual. ¿Cuántos médicos, profesores, farmacéuticos, arquitectos, fontaneros, electricistas, abogados, e incluso vendedores nos hemos tropezado en nuestra vida diaria y les entendemos “de la misa la mitad”?
 
En Estados Unidos, por poner un ejemplo, esta realidad es radicalmente diferente ya que entre los 14 y 18 años existe una asignatura optativa denominada Public Speaking o una liga de debate conocida como Speech and Debate en la que participan cientos de miles de estudiantes cada año. En la universidad se continúa trabajando el hablar en público donde las facultades pagan a jóvenes promesas del deporte cursos conocidos como Media Training consistente en enseñar dotes comunicativas a los alumnos para que sepan responder bien delante de las cámaras.
 
Esta ha sido una de mis mayores preocupaciones a lo largo de mi carrera profesional, que mi alumnado sepa hablar en público, que sepa vender su “producto”, que se exprese de manera adecuada ante sus iguales. Una de las herramientas que más me ha ayudado en esta labor de mejora de la comunicación lingüística es la radio escolar a la que cada día en Canarias se suman más centros educativos. El objetivo principal de la radio escolar es conseguir un espacio en el que nuestro alumnado, profesorado y los padres y madres puedan expresarse y comunicarse con su entorno más inmediato, el aula, el centro, el barrio o allá a donde las ondas de la radio lleguen, aunque no deja de ser una buena oportunidad para lograr un mayor desarrollo de su competencia lingüística, su creatividad y su espíritu colaborativo.
 
Los objetivos que me he planteado con la radio escolar son integrar, a través de este medio, las diferentes áreas del currículo escolar, de tal forma que las palabras sirvan para que el aprendizaje significativo se convierta en realidad y se desarrollen en mayor grado las competencias básicas, que nuestro alumnado se exprese con libertad, defendiendo sus propios criterios, respetando al otro y sus diferencias, desarrolle la creatividad en el proceso de generación de los programas radiofónicos y que sean capaces de recabar información con independencia y audacia, desarrollando el espíritu investigador.
 
Pero para el profesorado utilizar la radio no es solo un recurso motivador ante el trabajo escolar y el aprendizaje y una herramienta genial para realizar un trabajo conjunto con el resto de la comunidad educativa, sino una oportunidad para integrar a las familias en la escuela, rompiendo los muros físicos que la separan del barrio.
 
Quiero terminar con las palabras de uno de los "gurús" de la educación mundial como es Richard Gerver al que tuve el placer de escuchar en su última estancia en la isla donde nos decía a los allí presentes: "las grandes empresas ya no buscan personas con títulos sino con habilidades". Y yo diría, aprovechando que hablamos de expresión oral "tener un título universitario y no saber comunicarse es como irse a Japón sin idea de japonés ", de poco nos servirá.
 
Esteban Gabriel Santana Cabrera es asesor del CEP de Telde.
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