Los impuestos, de por sí una carga sobre los contribuyentes, no repercuten de forma directa, ni totalmente, en los ciudadanos; mediante obras y servicios. Pues, una parte de los mismos satisfacen, también, emolumentos de los propios recaudadores. Así es como esta fiscalidad grava, aún más, a los administrados. ¡Malamente administrados!
Este pequeño Zaqueo no para ahí. Como jefe recaudador es corresponsable de los abusos y atropellos, o irregularidades en el padrón. A unos cobra a otros no, etc. Vamos... ¡un negocio! ¡Otro más!, sujeto a las leyes del mercado. Es decir, particulares pudieron comprar en subasta al mejor postor el derecho a recaudar los impuestos a sus conciudadanos que el gobierno determinaba.
¡Efectivamente!
- Zaqueo es un "publicano", más aún, el jefe de los publicanos de Jericó, importante ciudad situada junto al río Jordán. Los publicanos eran los recaudadores de los impuestos que los judíos debían pagar al emperador romano y, por este motivo, ya eran considerados pecadores públicos. Además, aprovechaban con frecuencia su posición para sacar dinero a la gente mediante chantaje. Por eso Zaqueo era muy rico, pero sus conciudadanos lo despreciaban.
Cuando Jesús atraviesa Jericó, una muchedumbre agolpada impedía su visión, a un Zaqueo de corta estatura. Subido a un árbol, para superar este defecto, es objeto de la atención del Señor, quien le conmina a bajar del árbol. Para que le reciba en su casa. Esta visita al hogar de Zaqueo suscitó un escándalo general, pero el Señor sabía muy bien lo que hacía. Por decirlo así, quiso arriesgar y ganó la apuesta: Zaqueo, profundamente impresionado por la visita de Jesús, decide cambiar de vida, y promete restituir el cuádruplo de lo que ha robado. “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”, dice Jesús y concluye: "El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido". Meditación del Papa Benedicto XVI, 31 de octubre de 2010. -
En su evangelio Lucas, utiliza la descripción de Zaqueo, pequeña altura física. Como contrapunto irónico de una estatura moral que nosotros, la gente, no tenemos. Evidencia Lucas, la ansiedad por el dinero al margen de cualquier atisbo de humanidad por el prójimo.
¿Bajará del Laurel de la plaza de San Juan, el Zaqueo qué enfrentamos?
¿'Podemos' asistir a una utilización razonable de los impuestos que soportamos?
Fernando Ojeda Pérez es ingeniero industrial.
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