Ha vuelto a llegar diciembre, y en su tramo final indica que el año llega a su fin. Se cierra una etapa, un ciclo, dejando atrás nostalgia por los buenos instantes exprimidos y la ilusión por transformar los momentos difíciles. Da paso a unos días llenos de ilusión y esperanza. Perspectiva, para que todo lo que conlleva la llegada de un nuevo año, llene los vacíos y rebose los que ya estaban llenos.
La llegada de los venideros doce meses arrastra una quimera “vendida” por nuestra idiosincrasia para que nuestras vidas cojan un rumbo distinto al presente. Girar el timón hacia un futuro floreciente, a mi entender, depende de nosotros. Tenemos el potencial necesario para cambiar interiormente, y todo cambio, es un proceso de transformación interna que nos permite comenzar a dirigirnos en una nueva dirección, alejándonos de lo que nos perjudica, y acercándonos hacia lo que nos beneficia y produce placer.
Aunque cada año, cada diciembre, la navidad va careciendo de importancia en mi vida, siendo esto algo muy personal, debo reconocer que en estas fechas se genera una energía que hasta para el más escéptico, le hace vivir de manera diferente. Lo que sí me puede, y reitero, es algo mío, que debo autogestionarme, es esa sensación de falta que palpo, de carencia que tiene el ser humano y que lo lleva a una búsqueda sin fin, quizá impulsado por la fuerza del deseo…o del vacío.
Compramos para acumular “demasiados demasiados” que no llenan nuestra alma, sino más bien nuestros armarios en un ejercicio de “bulimia consumista insostenible”. Y así, vamos saltando de deseo en deseo, de carencia en carencia, buscando lo que los objetos no nos pueden dar: lo esencial.
Un deseo insaciable movido por la angustia, por la sensación permanente de la falta que parece encontrar refugio más en la intensidad que en la profundidad. Ya decía Benjamín Franklin: “Si el hombre alcanzara la mitad de los deseos que tiene, redoblaría sus inquietudes”.
Espero y deseo que con la llegada de este “nuevo año”, nos atrevamos a cambiar, o al menos lo intentemos. Proyectando acariciar la orilla de esos anhelos que invaden nuestro día a día.
Y como ejemplo, giro el timón de este escrito y realizo un cambio para aprovechar la ocasión y navegar por el mar del agradecimiento. Dar gracias infinitas a todos los que se paran a leer y quedan empapados por mis pensamientos transformados en letras. Desearles a todos un Feliz Año Nuevo y que con la llegada de este año 2015 se cumplan los anhelos más profundos.
Alexis Rodríguez Sánchez es empleado público del Ayuntamiento de Telde.
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