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Semblanzas de familias humildes de Telde para una feliz Navidad

Cristina Martes, 23 de Diciembre de 2014 Tiempo de lectura:

 De aquel lugar humilde de Belén donde nació el personaje más importante de la historia: Jesús llamado el Hijo de Dios, el Señor; o ese otro lugar: el hogar de Nazaret, no menos importante, adornado de sencillez , calor, trabajo y amorosa armonía familiar, se me ocurre acercarme a mis amigos y vecinos de Telde.
 
Porque esta familia de Belén-Nazaret, desde niño, tuve el honor de contemplarla, plasmada en vivas estampas de realidades entrañables por su testimonio y por el realismo de su singular analogía, la cual, me permite hoy sin ningún complejo ni dudas, emplearla con premura para felicitar a mis conciudadanos de Telde.
 
Mi ciudad se me antoja interesada por los aconteceres políticos locales, nacionales, sociales, deportivos, laborales, económicos…que ya es bastante. Sin embargo, yo les invito hoy desde mi felicitación Pascual navideña, volver al recuerdo de la historia preciosa, de personas versus: familias concretas, que de alguna manera fueron espacio del Dios, del pesebre en el humilde portal. En los albores de los años 45 a los 80 y pico… me vienen a la memoria familias, como la de Marquita Peña y Panchito Hernández ; quienes le conocieron en la Finca de Massieu junto al tanque de los patos y la finca de naranjos, nunca podrá olvidarles, por la mansedumbre y ejemplar sencillez en aquel hogar formado por ocho hijos y cuatro sobrinos a los que acogieron en su orfandad. Llegar a su hogar era respirar
 
El cariño de una acogida sencilla, siempre había un “buchito” calentito para quien llegara fuera quien fuera; su patio siempre limpio y techado de frondosos parrales, y fértiles parterres de diversas flores cual alfombra de preciosos y variados colores. Sentarse en su estrechita cocina, participar de sus familiares y breves tertulias, oírle cantar a ella o a sus hijas, mientras corre el agua dulce del reparto en aquella cantonera y lavan bajo los aguacateros y junto al cañaveral donde se regala el dulce olor de los azahares; era todo una alabanza al Creador. Verles asomar las lágrimas frente a las penas, pruebas de salud, o dolorosas pérdidas de su vecinos o propias, era todo un ejemplo de la aceptación en el duro vivir y experimentar su existencia. Entrar en aquellos parajes, era entrar en un lugar bien cuidado. Palmerales, geranios de los más variado colores, bordeaban los caminos, hileras de nísperos, latadas de uva moscatel, terrenos plantadas de papas, millo y otras hortalizas, además de los frondosos cercados de plataneras…. A las nueve de la noche tocaba a ánimas la torre de San Juan, y Mariquita rezaba su sencilla oración acompañada del la silenciosa y respetuosa presencia de Panchito Hernández y su familia.
 
Repartir la leche, lavar, traer agua al tallero resguardado y refrescado de altos helechos, planchar con aquellas planchas de carbón, tostar el millo repartiendo escobazos a los que metíamos la mano a coger las primeras roscas del millo tostado, ir a buscar la leña para el fogón, atender a cuantos pobres tocaban en las puertas de aquel hogar (en la de delante y detrás) El cuidado de su huérfanos sobrinos a los que encaminaba al colegio puntualmente al colegio público (D. Andrés Megías y Doña María en la Placetilla). En la cama, al caer el día, se les oía rezar al Señor y a la Virgen del Carmen por todo los aconteceres de la jornada.
 
Así como Marquita Peña y Panchito Hernández, era Juanito Guzmán Y Mariquita Galindo con sus hijas y sobrino en la Villarona.; Francisquita y Juanito Ramírez nuestros vecinos más próximos y sus seis hijos….los más lejanos, eran del Cortijo de San Ignacio Mariquita y Panchito Demetrio.. que era otra casa de Dios donde el duro trabajo de las tierras forjaron voluntades, hombres y mujeres de gran sabiduría “la estirpe de “los Demetrios” gente buena que aprendieron de sus padres a ser buena gente y abrir el corazón a los pobres, ser unos fieles creyentes y decididos en la aventura de los nuevos tiempos.
 
Estas familias junto a otras que no caben en la relación, son “Familias de Belén – Nazaret. Son bendición perenne. Ellas, conforman un regalo del cielo, una digna postal, para que al menos les llegue un poquitín, de lo felices que fueron en sus aciertos y en sus errores, en sus alegrías y en sus penas. En la fe que tuvieron, en la desbordante humanidad y generoso corazón que les distinguió, en su cercanía sincera con sus semejantes…Todos ellos, fueron hogares de Dios. Escuelas de Nazaret. Fueron sabiduría para una vida honrada, laboriosa en el respeto. Son dignos, desde mi corazón y mi conciencia para hacerles llegar este testimonio, para una Feliz Navidad.
 
Francisco Peña es vecino de La Garita.
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