El presidente de la CEOE, Juan Rosell, ha dicho que hay que intentar dialogar entre las fuerzas políticas y animar los pactos porque "siempre son buenos" y no contento con esta simpleza, vindica, casi exige, no sea que las cuentas no cuadren, una “hoja de ruta” que más tiene que ver con la ética de los negocios y con la moral individual que con las verdaderas prácticas empresariales. Los principios básicos para esta nueva España son la regeneración, transparencia y la ejemplaridad.
Quizás tengan el temblor en el cuerpo por si Podemos organiza el sistema democrático de otra forma. Un pacto entre los dos partidos mayoritarios y a lo que estamos abocados todos los europeos, es el mejor sistema para ellos, pues con los pactos de Toledo vivieron muchos años hasta que la verdadera cara de la crisis hizo su aparición, abandonando a su suerte los acuerdos y aligerando la Constitución con obras menores para financiación o déficit, y, lo más importante, la cuestión de la monarquía ya que nos gusta enormemente ser súbitos y no ciudadanos. Para esto si se dieron prisas.
Podemos ha pasado de ser el hombre del saco, el que les iba a quitar tierras y haciendas, instruir a todos los niños con el mismo sistema educativo y en fin, intentar suavizar las penurias de muchos.
Ahora están nerviosos por lo contrario. Después de la declaraciones de los representantes de Podemos con su equipo económico en primera fila, se ha visto que son casi socialdemócratas y han apelando incluso a la moral que es, por otra parte, el verdadero engranaje de los público y lo más difícil de analizar y discutir.
En ningún lugar, en ningún tiempo histórico, las revoluciones –la que cambia de entrada el paradigma, pues cambian las relaciones de producción y con ello todo el sistema social- han sido tranquilos traspasos de poder entre unos y otros y si se ha triunfado en las urnas poco dura la alegría en la casa del pobre: para ejemplos tenemos demasiados que todos recordamos, desde America latina hasta Europa y Oriente y en momentos escalonados del siglo XX.
A pesar de los pesares, todavía hay personas que son desahuciadas, que no tiene para comer, que Cáritas les las ve y se las desea para atender tanta demanda, que la violencia está a flor de piel en muchas personas, pues no hay nada más violento que la pobreza impuesta, verdadera agresión en una sociedad que presume de opulenta en sus clases dirigentes.
La regeneración democrática que se pide, se le pide a los que han procurado que las cosas estén como estén y que a pesar de los intentos por atajar el disparate, confían en que unas leyes sobre los partidos y su financiación y sobre altos cargos, subsane lo que ya no tiene remedio. No puede ser que los que más han contribuido al estado de precariedad social sean los que nos den la receta para mejorar, aún sabiendo que es el mismo médico el que no ha atinado con el remedio. El remedio son los valores morales, asunto éste bastante áspero y de difícil solución, porque hay hábitos que no se dejan ni durmiendo. El placebo en estos momentos es la ilusión política de una sociedad más ecuánime.
Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.
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