Sí, hoy estoy triste porque, una vez más, las aves carroñeras que incuban sus polluelos de avaricia en las calaveras descarnadas de los miserables han vuelto a rondar por estas tierras, por estos mares. Si, coño, estoy triste porque, una vez más, el politicastro de turno ha mordido las manos del pueblo que lo aupó en su poltrona de poder para rendirle sumisión a la depredadora plutocracia.
Estoy triste porque la sombra del fuego de las injusticias me quitó el reflejo de las aguas que parieron mi tierra; porque el sol que no luce quiere apagar el brillo de mis mares.
Hoy estoy triste, muy triste, porque que la gélida brisa que vomita el arpía, le está robando el calor a mi pueblo y el canto del ave de acero quiere enmudecer la voz de mi gente.
Estoy triste porque la noche fatua quiere ocultar la hermosura del rostro de mi tierra, y el impuro rocío cubrir de llanto y miseria el océano.
Muy triste porque -tierra mía- las voces del norte dañan tus oídos con mentiras lisonjeras; por quieren que tus pechos amamanten a monstruos voraces que siembran la muerte.
Estoy triste porque no quiero que te maten, porque te quiero con vida mi tierra del alma
Pero a pesar de estar triste, mi tierra del alma, aunque no sea mucho, me sigue quedando la palabra para intentar defenderte.
José Juan Sosa Rodríguez es psicólogo y vecino de Telde.
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