Como profesora de Lengua y Literatura me he visto en más de una ocasión corrigiendo, explicando y tratando de erradicar en los alumnos de Secundaria la idea de que los hablantes canarios “hablamos mal”. No deja nunca de sorprenderme como los estudiantes, reflejo de la sociedad en la que vivimos, creen que decir “haiga, “ganemos”, o “pa” en lugar de para es hablar canario, confundiendo vulgarismo con dialectalismo. Erradicar esta idea es tanto más difícil en cuanto que está muy arraigada y generalizada en un amplio sector de la población.
Esta percepción de nuestra propia forma de hablar se puede entender si lo analizamos desde una perspectiva amplia, debido a las duras condiciones económicas y sociales que existieron en las islas hasta no hace mucho y la alta tasa de analfabetismo que sufrieron durante un largo proceso histórico.
Sin embargo, mucho ha llovido de esa época, las condiciones sociales y el acceso a la educación hoy en día no son un problema. A pesar de esto, sigue arraigado en el alumnado y por ende en la población, la idea de que el peninsular habla mejor que canario porque pronuncia la “c” o “la zeta”. Afortunadamente la R.A.E ha equiparado a todos lo dialectos, no considerando a ninguno superior ni mejor hablado que el otro, tan sólo diferentes en sus variedades dialectales.
No obstante, esta idea no ha arraigado aún en nuestra población estudiantil y me temo que tampoco en la adulta. En más de una ocasión hemos oído mencionar aquello que parece un chiste pero no lo es de “qué bien hablan los peninsulares, desde tan pequeñitos”.
Incrementar el aprecio del canario por su propio dialecto, su correcta utilización, la consideración de este con igual valía que el resto de los dialectos nacionales, es una tarea muy importante para quedarse solo en instalada el aula y en el esfuerzo de los profesionales de la educación. No estaría de más que el presidente, el Consejero de Educación, la Academia Canaria de la lengua, de la que aún no sabemos claramente su uso o funciones, tomara buena cuenta de esta problemática y emprendiera medidas que contribuyan a eliminar este complejo de inferioridad que arrastramos los canarios desde hace tiempo.
Educar en la consideración del dialecto canario con el mismo valor y equidad que cualquier otro del territorio español conlleva necesariamente la adquisición, de la autoestima y el aprecio necesario que nuestra identidad histórica y cultural se merece.
Urge pues, educar a los jóvenes en la idea de que todos los hablantes canarios, con nuestros modismos y acentos tenemos el mismo estatus que el resto de la geografía peninsular. El habla específica de una región no debe ser una desventaja a la hora de medirnos con el resto de las autonomías, puesto que la diferencia entre un hablante culto y otro la marca su nivel cultural, no su lugar de origen.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua Castellana y Literatura.
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.88