Después de la descolonización, guerra de independencia de las posesiones imperialistas en África, como Argelia, Italia, Alemania, España, Inglaterra o Turquía, muchos ciudadanos eligieron la nacionalidad del país europeo al que estaban atados e hicieron sus vidas lejos de su continente.
Muchos de ellos cumplieron con su objetivo de formación para los recién creados estados y otros escalaron peldaños en la lucha por hacerse un hueco en la sociedad; numerosos de ellos tornaron políticos de sus respectivos países de adopción.
Pero como Europa está como está y la eurofóbia, junto a la xenofobia y el racismo, ideologías que pueden articularse en partidos políticos, a algunos gobernantes de otras culturas no le han ido tan bien las cosas.
Dos casos recientes que creo son ejemplo de la tesis: en Italia la ministra de Integración, Cécile Kyenge, de origen congoleño fue comparada por el vicepresidente del Senado con un orangután, y fue objeto de un acto salvaje de intolerancia y desprecio hacia su dignidad al serle lanzados unos plátanos en una sesión. En Francia, uno de sus candidatos a las elecciones municipales por el partido de extrema derecha Frente Nacional comparó con un mono a la titular de Justicia Christiane Taubira, única ministra negra del Ejecutivo francés.
Pero aquí no quedó la cosa. Aunque los partidos en cuestión tomaron cartas en el asunto, para quedar dentro del juego de lo políticamente correcto, y expedientaron a los gorilas, en el país de origen de la congoleña Cecile Kyenge, el problema pasó a mayores cuando un brujo de la tribu de sus ancestros, algún medio dice que fue su padre, la emprendió con los útiles de mancar enemigos, trocar sed por agua o desterrar a los espíritus de la aldea y lanzó un conjuro que por poco mata al que fue vicepresidente del Senado de Italia y dirigente de la Liga Norte, Roberto Calderoli, A este señor le han practicado seis operaciones en un año, su madre murió y cree victima de un hechizo y no de luna precisamente, pero sí de la negrura…y ha pedido que si hay alguna fuerza sobrenatural actuando que ya está bien, que se ha arrepentido y que no volverá a hacerlo.
Para entrar en el círculo de cualquier sistema de creencias solo basta creer; en otras además de creer hay que razonar un discurso sobre esa base y en otras es dejarse llevar por el fuego fatuo y con total seguridad va a ser difícil salir del laberinto, no en vano la lucha contra las sectas o las religiones sospechosas de vaciar cerebros se la han apropiado los estados que como árbitros desechan todo aquello que no tenga un certificado de calidad.
La fotografía del diputado con el brazo en cabestrillo pidiendo piedad no es otra cosa que la punta de lo que puede llegar a convertirse una creencia que en la Europa del paganismo –dicho sin ninguna intención peyorativa- tenía olvidada desde el tiempo oscuro de las brujas; y por cierto, según alguna antropóloga una de las magias más poderosas era la canaria: las brujas volaban en escoba de pírgano y poseían la facultad de la bilocación. Pero fijándome estos días aún no he visto a ningún banquero accidentado o arruinado: hasta el poder de la magia hemos perdido.
Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.
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