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Sobre Caspaña y Bananarias

cojeda Domingo, 19 de Octubre de 2014 Tiempo de lectura:

Soria, el hoy ministro español y mañana seguro consejero delegado de alguna gran empresa del IBEX, manifestaba en la tarde de este Sábado, mientras decenas de miles de canarios volvían a hacerlo multitudinariamente en las calles en contra de sus prospecciones, que el derecho a decidir en una consulta sobre este polémico tema es ilegal y que tan pronto el Consejo de Estado así se pronuncie, el gobierno de Rajoy prohibirá el referéndum.
 
Paulino Rivero, el todavía presidente de Canarias, probablemente consciente ya de que esto de la legalidad y constitucionalidad de las cosas es directamente proporcional a lo que interese a la casta que gobierna España y por añadido, que de poco sirve un gobierno que no puede gobernar de verdad su territorio que en verdad es colonia, ese presidente en funciones digo, que también es de su partido, proponía a los suyos pedir la soberanía para Canarias ante tanto atropello junto. De nuevo el dependentismo le recordó que son muchos los estómagos que viven de eso, de depender, para estar jugando a algo más que a ganar unas elecciones.
 
Al tiempo, decenas de miles de canarios volvieron a recorrer las calles de todo el país para exigir que se les brinde la oportunidad de ejercer su derecho democrático a opinar, a decidir mediante sufragio universal, a exigir a quienes dicen administrar sus intereses colectivos, desde aquí o desde allá, que el convertir en negocio privado y temerario el atlántico que nos baña no es nuestra voluntad. En un país que fuera democrático sólo con eso valdría pero, ¿quién dijo que España fuera un país democrático?. Ya ni organismos de derechos humanos internacionales o el mismísimo Newyork Times lo creen.
 
Si algo tiene de bueno que las cartas se pongan todas sobre la mesa o que cada cual se retrate tal cual piensa y actúa es que quienes creían que España era un país democrático, gobernado por demócratas que presumían en medio mundo de transición, es que todo era una gran farsa. Farsa es que lo de Cataluña no pueda hacerse por aquello de la unidad de la patria (capital Suiza), como lo es que Canarias no pueda siquiera votar si en las aguas que las circundan es indispensable o temerario montar un negocio privado de extracción petrolera.
 
Si algo tiene de esclarecedor todo esto, es que esta autonomía es una gran mentira, una gran pantalla, un marco jurídico-político que, por su propia esencia artificial, ni siquiera nos permite opinar sobre un asunto en donde, por casi primera vez en nuestra historia, gentes de todas las ideologías se han manifestado como mayoría social clara. Sólo en esta “Caspaña” de hoy gobernada por impresentables, pero también del ayer por supuestos socialistas con igual patente de corrupción y traición, pasan estas cosas y enciman se rasgan vestiduras cuando la gente pasa de la indignación a querer “sacarlos del templo” al asalto. Sólo en esta “Bananaria” nuestra podemos asistir al espectáculo de ver y oír a personajes como la Sra. Bento decir que siente bochorno por las reivindicaciones que piden más poder de decisión en manos de los ciudadanos, en manos de los canarios: para bochorno lo suyo y lo de su partido.
 
Sólo en un país en donde algunos de sus nacionalistas no están dispuestos a rebelarse de verdad contra esa legalidad que se sostiene sobre bases podridas, que convierte a su pueblo y sus aspiraciones en simples objetos que usar para sacar réditos electorales y no de futuro, sólo en un país así digo, personajes como los Rivero, los Soria, los Clavijos y Barraganes, los socialistas de Chanel y algunos más, pueden sobrevivir unas elecciones y otras a base de votos pero de menos dignidad.
 
No sé si podremos o no, si cambiaremos de verdad algún día Canarias o será más de lo mismo, pero , para mí, al menos, la España, Canarias y democracia que me ofrecen no nace quererla sino combatirla. Me sigo identificando con los que quieren más democracia, más soberanía, para dejar algún día de seguir teniendo que soportar tanta Caspaña y Bananarias podrídas.
 
José Carlos Martín Puig es sociólogo.
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