Algunas de las películas más populares de los últimos 25 años -Outbreak (1995) Twelves Monkeys (1995) o Contagion (2011)- han tratado de forma diversa y con mayor o menor acierto el tema de las pandemias que han azotado, azotan y azotarán a la humanidad; y esto es así porque a pesar de la cantidad de información genética, los trabajos de campo y las investigaciones de laboratorio, falta voluntad política o como dice un hermano hospitalario de san Juan de Dios desde Sierra Leona, la humanidad no tiene corazón.
Porque según dice la virulencia es tan grande y la infestación tan veloz, que puede que mueran más de cinco millones de personas, casi la mitad de la población del país: la comunidad internacional, que ha respondido tarde- no está prestando la atención que merece ni dispone de los medios para hacerlo: cuestión de dinero...
A simple lectura, puede parecer un juicio severo, desesperanzado, grave y doloroso, dicho por un hombre que por su opción preferencial personal está donde tiene que estar, no sin el miedo en el alma y esperando a que este azote languidezca, de puro asesino a enfermedad latente, dormida o ya erradicada.
Con cerca de tres mil muertes, miles de desplazados, otros tantos infectados que están localizados y cientos de ellos que no saben que están enfermos y siguen con su mísera vida entre chamizos de hojalata y cartón, hacinados en guetos y en estado de emergencia, con el toque de queda como primera medida drástica.
En estas circunstancias los límites entre el trabajo del creyente y el de tantos santos laicos, se difumina en el proyecto diario de atenuar el sufrimiento y salvar vidas. Así aquello que en teología se llama “plus escatológico”, esto es ofrecer al que padece, al marginado o a los que mueren un camino de redención: El sentido de la existencia humana cuando se carece de Dios y de una moral universal. Albert Camus se planteó este asunto en La peste exponiendo cómo el ser humano en su existencia errática, se enfrenta al absurdo de una situación que lo desborda. En esta novela los hombres y mujeres sin saber bien cómo se ponen a la tarea de mitigar el dolor: médicos, agentes, funcionarios o turistas, se fajan contra la plaga dejando su vida en ello.
El término redención no es fácil de encajar, aunque esté presente en casi toda la filosofía del S. XX, desde el marxismo a las teorías de progreso y tenga también un uso polisémico que la convierte en un pretexto. Pero a estas alturas el pretexto está siendo exteriorizado ante la prioridad del sufrimiento.
En Guinea matan a ocho trabajadores de un medio de comunicación que informaba sobre el virus…se activan los protocolos de emergencia sanitaria y seguridad en países alejados del foco de emisión o el médico jefe de la misión se contagia. Todos deben de estar donde están y no importa cómo estén, porque esa es la opción que han escogido en estos momentos para vivir o morir su vida.
Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.240