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Sacrificios humanos

Cristina Viernes, 19 de Septiembre de 2014 Tiempo de lectura:

El proyecto de construcción de la Umma del Estado islámico sigue adelante con sacrificios a un dios que no merece ese nombre, ni siquiera como concepto. Las primaveras árabes, como algunos ingenuos bautizaron a los movimientos y frentes en los países musulmanes, se consolida en una parte del mundo; una parte del planeta que le es originariamente fértil en el desarrollo del pensamiento árabe contemporáneo.
 
El degüello es una práctica que hunde sus raíces no se sabe donde; se ha practicado con profusión por cristianos, musulmanes y judíos: o rindes la ciudadela, la muralla o el castillo, o eres pasado a cuchillo; fue así durante cientos de años, y en el fondo, en el estertor semántico, tiene el reptiliano sabor del sacrificio: es verter la sangre de la víctima, que es la vida, a las orillas de un altar o sobre la tierra que regará.
 
Reminiscencias de sacrificios humanos quedan todavía en el poso de algunas religiones, aunque cambie el animal humano por otro animal, casi siempre mamífero, es igualmente cortado en el cuello: es el rito de milenios o sea la repetición de un acto simbólico. Y es lo que tiene asombrados, acobardados y asqueados a esta parte del mundo occidental, que tiene en el sacrificio humano uno de sus más elementales tabú, y no es concretamente que se mate, sino cómo lo victimizan.
 
Porque acabamos de asistir a la muerte de cientos de niños en Palestina, a la de miles de desplazados, a los cientos de miles por las catástrofes...pero estos asesinatos en directo, divulgados hasta la saciedad, han colmado el vaso de la razón y han hecho desaparecer el derecho a llamarse humanos de estos criminales.
 
Según con el cristal con el que se mire, este asunto está dentro de la Yihad o no; está dentro de la autodefensa o no; está en el ideario de las sectas que forman el Islam o no; pero lo que está claro es que hay que hacer frente a una amenaza que no está tan lejana como aparentaba y dejar la teología para la academia.
 
EE.UU. sabe bien lo que tiene que hacer, pero fiel a su política exterior, no quiere verse solo en la lucha contra el EI que ya controla una región del tamaño de España y avanza con la cimitarra hacia Occidente.
 
Cuestión de civilizaciones decían algunos hace años, confrontación entre dos formas de estar en el mundo; dialéctica interna de la propia historia, destellos de lo amargo del camino vesánico de los iluminados que no acaban de quemarse o irremediable eterno retorno de lo inimaginable sin redención posible.
 
Desde mi punto de vista y teniendo presente lo acontecido, fue posible un dialogo como con los talibán de Afganistán, Somalia, Sudán o Nigeria, pero a estas alturas lo más decente que se puede hacer es intentar parar la marcha triunfal entre cabezas cortadas de este ejército antediluviano e intentar que los países árabes se comprometan contra todas las formas de terror.
 
Pero de momento los que viven en esta parte del mundo tienen que tomar mediadas consensuadas y formar una coalición junto a EEUU para detener en lo posible este camino de sevicia, porque van a seguir degollando –sacrificando- a seres humanos como si fuera ganado ante las cámaras y en perfecto inglés, para no olvidarnos que están aquí al lado, cerca, como aliento en el cogote.
 
Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.
 
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