Para los creyentes la historia tiene un sentido que va más allá que la sucesión de los días o los milenios. En ella se ha presentado el hombrea a dar esperanza y enseñar a conquistar la justicia social o la verdad que es lo mismo: política.
Esta historia aún compuesta de géneros literarios, de figuras retóricas esenciales, de sagas, de narraciones épicas o de lánguidos poemas, es para el que sigue los preceptos de la misma, real en cuanto a experiencia vivida y a datos históricos de los que no suele tener dudas.
Cojamos la religión que escojamos el ser humanos aparece como mensajero o mediador de la trascendencia sea en el budismo –creo que es una religión- el Islam, el cristianismo, el judaísmo o el animismo. De aquí se deduce que teniendo una historia redentora a su alcance se empleen con esfuerzo para conseguir un lugar privilegiado e individual en la comunidad eterna.
La comunidad que espera tiene sus oficiantes, sus sacrificios, sus himnos, sus reliquias y sus altares; su repetición, su unidad y su compromiso con la realidad, lo cual no quiere decir que tengan la verdad ni la razón: en ciertos ciclos de esta historia han actuado con una violencia extrema diezmando pueblos enteros porque creían en otra cosa, los que los convertía en herejes o blasfemos.
Y tomar como verdaderos y positivos ciertos textos, inspirados por dios, en algunos casos o dictados en otros, han llevado al ser humano a la terquedad de creer estar haciendo lo que le pide su dios.
Si lo dicho anteriormente lo reducimos a mitología, que también se contempla en algunos textos, y no a sucesos acaecidos, tenemos que también hay guerras que se sustentan en mitos, como ha quedado criminalmente demostrado en este pasado siglo.
La guerra abierta que mantienen palestinos y judíos hace más de diez días no es una absurda interpretación de los libros de uno y otro, ni se han profanado lugares santos de uno y otro o se han hecho conversos de un lado y otro: esta vez, como hace casi setenta años, desde que las potencias colonizadoras crearon las lindes de Oriente Medio, esta es una guerra de laicos, es una batalla sin estandarte u oriflama mesiánica; no, del lado israelí los halcones son los herederos de aquellos emigrantes socialistas que fueron llegando poco a poco a Palestina a vivir en comunidad. Y los palestinos en gran medida, como Al Fatah, son también movimientos laicos con pretensiones socialistas.
Lo que ocurre es que los libros sirven tanto para un roto como para un descosido: patria, socialismo, revolución, pueblo, masa, también son atributos que nos da la historia, y que fácilmente pueden entrar en la órbita de lo tangible, de lo razonable y realizable.
En aquella tierra, desde la que despunta Sión, vivía Baal con su corte de sacerdotes cortando gargantas; luego trajeron a Yahvé mudándolo de una tienda a un templo, le soplaron el polvo y lo erigieron como único, con sus diestros profetas, -únicos culpables de que aún hoy exista judaísmo y cristianismo-, y después llegó el que había de llegar y el mundo cambió para siempre.
Esta guerra es entre sionistas laicos, apoyados por un pequeño grupo ortodoxo, y palestinos también laicos ayudados por un numeroso grupo de fundamentalistas. Y mientras la muerte recoge su mies, la vergüenza de unos y otros que se dicen guiados por la razón.
Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.
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