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Somos nosotros

cojeda Miércoles, 25 de Junio de 2014 Tiempo de lectura:

Pasadas unas horas y todavía con el sentimiento de frustración a flor de piel por el daño provocado tras el partido del equipo más representativo de Gran Canaria, lo peor no ha sido la derrota deportiva o haber perdido el sueño del ascenso tocado con los dedos por jugadores, aficionados y club, sino la imagen, sobredimensionada si se quiere, pero también real, de aquello que no nos gusta ver ni que se vea de nosotros.
 
Si hay alguna cosa que podamos extraer en positivo de todo lo sucedido, ésta será la lección que aprendamos después de ver esa imagen nuestra ante un espejo que nunca querríamos ver. Es cierto que no somos todos, ni siquiera la mayoría, pero esos, los energúmenos, los incívicos descamisados, descontrolados y prepotentes, también somos nosotros, si pensamos en nosotros como sociedad.
 
Todos buscan culpables pero, por supuesto, nadie se pregunta qué hemos hecho mal nosotros, como sociedad, qué error puedo haber cometido yo mismo, como individuo. Y es que es necesario en este como en cualquier caso, analizar los posibles fallos y dilucidar, en su caso, responsabilidades, pero, puestos ante el espejo, existe siempre esa tendencia a negar la propia responsabilidad señalando para otros sin la más mínima autocrítica.
 
Hay un problema evidente de falta de valores, y no porque la mayoría no los atesore, sino porque el sistema (con todo lo que esta palabra implica) no los promueve adecuadamente. Es más, hoy en día, lo políticamente correcto impide censurar y cortar de raíz muchos comportamientos incívicos vistos todos los días en cualquier calle de nuestras ciudades y que cuentan con un ‘civilizado’ beneplácito.
 
Cuando pensamos en el sistema, no caigamos en el error de algunos de pensar sólo en políticos, empresarios y banqueros. El sistema es algo más complejo que nos incluye a todos, es el tejido asociativo, los mercados, los medios de comunicación, las agrupaciones de intereses, el sistema de valores y, por supuesto, lo ciudadanos y consumidores, individuales u organizados. La verdadera materia prima de todo el entramado social es la persona, el ciudadano que, en un régimen de libertades, tiene la capacidad de defenderse pero también de organizarse para atacar los intereses de otros. El hombre puede ser un lobo para el hombre. La libertad conlleva una enorme responsabilidad. Si queremos exigir y mantener la primera es necesario empezar a asumir la segunda como una sociedad madura. No vale mirar siempre para el Estado, para el gobierno o el mandatario de turno, porque éste no tiene todas las capacidades, al menos si queremos preservar nuestra libertad.
 
Todas las medidas de seguridad pueden ser insuficientes pero su exceso contraproducente, si la barbarie desborda el orden social en el que queremos vivir. Es la propia sociedad civil, con su rechazo activo a cualquier conato de comportamiento sectario, violento o incívico, la que mejor puede y debe defenderse de este riesgo.
 
Todos queremos evitar problemas y miramos para otro lado cuando vemos comportamientos inapropiados en nuestras calles pero, por mucho que los responsables públicos se empeñen en hacer lo mejor su trabajo, ninguna medida de limpieza nos salvará de vivir entre basuras, si cada uno de nosotros no limpia (o al menos procura no ensuciar) el pequeño rincón por el que transita.
 
Hay medidas estructurales, sin duda, necesarias para reforzar los pilares del bienestar social, fundamentalmente la educación, la sanidad y la cultura, pero estos pilares no se construyen sólo con la voluntad, hacen falta recursos económicos, esfuerzos para lograrlos y conciencia social para valorarlos. Ningún pilar puede mantenerse sobre la base de un terreno frágil y nuestro edificio social requiere, algo más que pataletas y utopías, requiere de una sociedad responsable, que asume su rol como verdadero soberano, no sólo en su relación con el poder político, sino también respecto a los mercados y al funcionamiento de la propia sociedad. Esto exige el esfuerzo de buscar información veraz (o al menos plural), el ejercicio de un pensamiento crítico (también hacia uno mismo) y el compromiso de una actitud socialmente edificante. Pensemos en nuestro país, pensemos en el futuro de nuestros hijos.
 
De todas las imágenes dolorosas de este fin de semana, la peor para mí, sin duda, ha sido la de ver a unos niños desolados sin comprender cómo se les había escatimado por unos energúmenos la felicidad de una fiesta que ya estaban disfrutando. Trabajemos todos para que no vuelva a ocurrir y enseñemos desde hoy a esos niños que será también su responsabilidad mañana que, independientemente de que tengamos o no un equipo en lo más alto, nuestro pueblo está formado indudablemente por gente de primera.
 
Juan Domínguez Bautista es vicepresidente I del Cabildo de Gran Canaria y presidente de la Coordinadora Cívica Canaria.
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