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El ministro Soria, despreciado por sus paisanos...

Cristina Jueves, 12 de Junio de 2014 Tiempo de lectura:

La Muy Ilustre Ciudad de Telde, “primera ciudad y sede de Las Afortunadas”, como reza su escudo, pasará a la historia como la primera ciudad donde un acto tan “del pueblo” como el pregón de sus fiestas patronales se ha realizado a puerta cerrada. Se podría decir que sólo faltó el cartel de “Reservado el derecho de admisión” si no fuera porque la masiva presencia policial en la calle lo dejaba bien claro…
 
Un despliegue policial a todas luces exagerado e inaudito, no ya en la histórica Ciudad de Los Faycanes, sino en un acto de esta naturaleza: la lectura del pregón de las fiestas patronales. Pero claro, cuando se confunde el servicio al pueblo con la imposición como acto de prepotencia, con el desprecio a la voluntad popular, con el despotismo y la arrogancia, se acaba cayendo en estos lodos de donde al partido gobernante en esta ciudad le costará salir.
 
Un despliegue policial que cortó los accesos por la calle principal, no ya al tráfico, sino a los transeúntes, a los que se les obligaba a dar un rodeo para mantener una distancia más que exagerada hasta la pequeña ermita donde, a puerta cerrada, se leía el pregón ¿o debería decir “mitin”? al que sólo asistían los miembros de su propio partido, ni tan siquiera sus socios de gobierno, mientras que algunos partidos de la oposición prefirieron mantenerse honrosamente al lado de los ciudadanos fuera, en la calle. Fue el caso de Nueva Canarias, cuyos concejales, (como debe ser en un claro ejercicio de responsabilidad) apostaron por defender la voluntad y la honra de la ciudadanía y no prestarse al juego indigno de quienes desprecian al pueblo. También podía verse fuera a miembros y concejales del Partido Socialista, incluso a alguno de Más Por Telde, así como a otros partidos sin representación en el Ayuntamiento pero sí en la sociedad, y colectivos activistas, como Telde Responde.
 
Porque no ganaron nada trayendo al ministro José Manuel Soria, el canario más detestado en estos momentos por sus paisanos, a su ciudad natal. No ganaron nada añadiendo más leña al fuego de la que arde en estos días ante las imposiciones del Gobierno Español que no para de despreciar a Canarias y a los canarios una y otra vez con la prepotencia que les da su mayoría absoluta, olvidando que esta se acabará algún día cada vez más cercano.
 
No ganaron nada añadiendo más tensión a la que ya sufren los vecinos que soportan una de las tasas de desempleo más altas de Canarias, la carga de pertenecer al segundo Municipio más endeudado de toda España, la visión de cómo cada dos por tres surgen nuevas imputaciones judiciales a las personas que rigen los destinos de su ciudad, o cómo mientras el servicio a los ciudadanos disminuye día a día, se contratan nuevos asesores o se derrocha el dinero en accesorios para su lucimiento personal a la vez que se cierran escuelas infantiles, se deja sin protección el patrimonio municipal y se ve el retroceso de la que fue una Gran Ciudad.
 
La provocación no terminó ahí. Al término del acto, tras la huída del Ministro Soria, los efectivos policiales tampoco dejaron que los asistentes al acto de repulsa se fueran caminando libremente por la calle principal hasta la salida de la ciudad, sino que hasta para volver a sus casas se les obligaba a dar un rodeo absurdo, lo que originó que inmediatamente, parte de los que habían ejercido su derecho a la protesta decidieran cortar el tráfico de la carretera general. Parecía como si fuera una provocación desde “arriba” para ver si así podían usar las balas de goma y los cascos antidisturbios…
 
Todo esto no hace más que poner en evidencia el distanciamiento entre cierta clase dirigente y el pueblo a quien se deben. ¿O acaso ya olvidan que el pueblo es soberano?...Cuando una ciudad es sitiada por las autoridades, cuando un acto festivo que debiera ser de libre acceso y para disfrute de todos los ciudadanos sin excepción se transforma en un acto de imposición política despreciando a la ciudadanía se atenta contra la Democracia y contra los principios más elementales de convivencia.
 
 
Ángel Rivero García es vecino de Telde.
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