No puedo recordar mis sentimientos en aquellos momentos por la ciudad de Londres, pero diría que puse objeciones en mi época de estudiante. Londres es una ciudad por la que debería sentir agradecimientos y cariño. En parte se debe a que soy un hombre de la gran urbe. Mi simpatía por Londres, tal como es en la actualidad, tiene causas muy variadas y muy difíciles de explicar. Es posible que la edad sea una de ellas.
Con mis años trato de sustraerme a esa falsa nostalgia procurando no olvidar que la vida es mucho mejor y placentera ahora que cuando éramos jóvenes. Sin olvidar los “viejos” y buenos “tiempos que fueron muchos”. Los muchos años que viví allí fui muy feliz porque siempre he preferido las grandes ciudades, aunque en el fondo no sea más que un “conjunto” de “barrios” o aldeas.
Recuerdo perfectamente que cuando llegué a Londres todavía quedaban montones de “escombros” de los edificios destruidos por las bombas sobre la ciudad lanzadas por los bombarderos alemanes en la segunda Guerra Mundial. Pero, a pesar de todo, debo confesar que me sentía atraído por Londres, “la verdadera”, motivaciones en mi caso concreto es que siempre me “sentía” identificado con Coven Garden.
Lo voy a explicar: habrá barrios como el “East-End” o el “soho” donde me sentía tan seguro como en el “West end”. Es muy posible que por haber vivido allí muchos años he llegado a amarla y sentir “algo” muy especial que es muy difícil de “expresar”. Debo confesar que durante muchos años visité el polémico y peligroso barrio “El Soho” donde jamás tuve problemas, aunque siempre me pregunté por qué está aquí el rumor. ¿Dónde está la verdad que el “Soho” es muy peligroso? Puedo confesar que para mí fue un barrio más de Londres. Por su cercanía al mercado Covent Garden lo llegué a conocer muy bien porque en sus tiendas realizaba compras. Con frecuencia llegué a tener muchos clientes y amigos que compraban mis tomates y pepinos en el marcado de Convent Garden. Nunca tuve una mala sospecha, a pesar que las gentes vestían a la vieja usanza.
Cuando era joven y estudiante frecuentaba los cines, algunas galerías o museos, pero sobre todo era un lujo visitar sus maravillosas librerías. Pero mi gran pasión y “afición”, al igual que hoy, es el fútbol. Quién entre nosotros, y si me lo permiten le diré que el fútbol siempre ha levantado pasiones verdaderas o ficticias donde el público puede gritar o callarse, donde todos tienen derecho a opinar, aunque el desenlace del partido sea a favor o “en contra”.
Mi gran amigo Mr. Jackcroos, presidente del mítico equipo Liverpool Foot Bal Club me enviaba con frecuencia dos entradas de “palco” para que pudiéramos ver a su equipo cuando jugaba con algún rival de Londres, como el Chelsea F.C., Everton, Arsenal, Crystal Palace o Aston Villa. Mr. Jackcroos tenía una gran cadena de tiendas de fruta en Liverpool, bajo el nombre “White House”. En sus tiendas tenía “mis” tomates, pepinos, pimientos, además de otras firmas canarias importantes como las de don Antonio Benítez Galindo, don José López Valerón y don Moisés Rodríguez Gonzáles.
Tuve la fortuna de coincidir en los viajes en los “Castle” desde Southampton a Gran Canaria. Su trato y comportamiento siempre fue de un auténtico gentleman. Durante los muchos años como residente en Londres son abundantes las anécdotas vividas y buenos momentos compartidos que han quedado en nuestras retinas para siempre. Recuerdo que todos los sábados el primer ministro Mr. Harold Wilson visitaba al dueño del edificio donde nosotros vivíamos y otros canarios, el emblemático y céntrico Park West era muy fácil saludarlo; no llevaba escolta y nos saludaba con una extraordinaria sencillez.
En los años 60 y 70 del pasado siglo, era muy fácil ver a actores y actrices por las calles y tiendas de Londres. Especialmente si frecuentaba los barrios famosos “Mayfair”, “Mary Lebone” o “Night D. Miguel”. En múltiples ocasiones pude ver a los “míticos” escotes de Elizabeth Taylor y su marido Richard Burton. También era muy fácil ver al célebre actor Sir Michael Caine trabajando en una pescadería cerca del muelle “New fresh Wholf”.
Debo confesar que soy un enamorado de Inglaterra, pero nunca más que muchos amigos canarios con los que me reunía con frecuencia. Siempre que visito Londres hago tres visitas de obligado cumplimiento. Pasear por mi querido y añorado Covent Garden, donde he pasado gran parte de mi vida. Visitar el famoso Museo de “Sherlock Holmes”, situado en el número 221B de la calle Basket Street. Visitar el Museo de Whiston Churchil desde donde dirigió la Segunda Guerra Mundial, situado en la calle King Charles Street. El bien que Mr. Whiston Churchil hizo por Europa y el mundo ha quedado sepultado con sus huesos en Liverpool.
Con mucha frecuencia visitábamos un grupo de amigos canarios pues todas las semanas nos llegaba un barco con tomates desde Canarias. Estando en Liverpool en los años 56-60, donde tengo muchos amigos, y visitábamos la famosa The Cavern, lugar de donde salieron los mundialmente famosos y míuticos componentes del conjunto musical The Beatles. Recuerdo que para llegar al muelle de Canary Wharf teníamos que cruzar la City donde se encuentra el razón de la finanza mundial, además del Banco de Inglaterra y el Ayuntamiento de Londres.: y la cadena de San Pablo (Saint Paul) construída por el arquitecto Christopher Wren, donde se encuentra la inscripción de la tumba de Lord Nelson y del propio Christopher Wren.
Recuerdo ver muchos solares y muchos edificios ennegrecidos por el humo del carbón. Debido a la gran relación comercial y a la gran influencia inglesa, en nuestras Islas siempre hemos considerado a los ingleses como parte nuestra, cosa muy distinta a los ciudadanos del resto de Europa. Tenemos que considerar que ser “bueno” no es sinónimo de ser idiota; ser bueno es una “virtud” que algunos “idiotas” no tienen, no en vano los idiotas se creen más inteligentes que la gente buena.
Termino diciendo que poseo muchos amigos que tienen “nostalgia” y no pierden la “esperanza” a la posibilidad de pasar grandes temporadas allí, y quien le escribe es uno de ellos.
Carmelo Santana Peña es natural de Telde.
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