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Carta al ministro De Guindos

Cristina Martes, 20 de Mayo de 2014 Tiempo de lectura:

“Declárense puerto franco las Islas Canarias, y todos estos inconvenientes desaparecerán”. Estimado lector: No crea por el título que me ha dado un repentino ataque de melancolía, y que quiero aferrarme al pasado, en absoluto. Es sólo el título de un breve repaso a la historia que me he permitido realizar, para reivindicar el presente, y sobre todo, el futuro de nuestros jóvenes y de nuestra sociedad.
 
Esta clarividente frase fue dirigida por Juan Bravo Murillo a Isabel II, para solucionar la gran decadencia en la que se hallaba inmersa Canarias, en medio de alarmantes proporciones de emigración, pérdidas de cosechas, miseria profunda y enfermedades como el cólera.
 
Bravo Murillo, fue capaz de convencer a la Reina de que la única manera de salvar a Canarias de la dependencia de factores exógenos, para su desarrollo y sostenimiento, era adoptar medidas distintas al resto de las tierras de su imperio, para poder satisfacer las necesidades de unos habitantes pacíficos, morigerados, leales y patrióticos.
 
En realidad, su reflexión completa fue: “Declárense puerto franco las Islas Canarias, y todos estos inconvenientes desaparecerán. Sueltas las trabas que embarazan ahora la acción mercantil, se formará allí naturalmente un gran centro de contratación, acudirán los capitales, se crearán establecimientos, se fomentará el trabajo; y aquellas islas, ahora olvidadas, serán el enlace y el punto de comunicación de apartados continentes.
 
Sea cual fuere el sistema económico que prefiera la opinión de cada uno, nadie podrá negar que las condiciones mercantiles de las Islas Canarias son esencialmente distintas de las que concurren en la Península”.
 
Esta declaración supuso un verdadero despegue económico y social para Canarias, el hecho de liberalizarse de las medidas proteccionistas del resto de la península (crisis 1820-1850), que sólo podían abastecerse de sus propias producciones, debido a las altísimos aranceles establecidos para toda la producción exterior, que le permitió amortiguar la merma económica que supuso para España la pérdida de algunas colonias.
 
Podemos destacar dos grandes efectos de esta declaración en ese momento histórico: generación de riqueza y garantizó el abastecimiento a unas islas que consumen más de los que se produce, abaratando la vida de todos los residentes, incluso para los menos pudientes.
 
A partir de este momento, creció la actividad comercial, las exportaciones, se desarrollaron nuestras principales infraestructuras, se produjo el impulso de las actividades interiores etcétera.
 
La motivación sustantiva de la Ley de Puertos Francos (inicialmente aprobada mediante Real Decreto) es en realidad casi la misma que la de la Real Cédula de Privilegios y Franqueza dada por los Reyes de Castilla en 1487 a mi juicio, por su finalidad compensatoria, en el sentido de que en ambas etapas los regidores del país, eran muy conscientes de que había que paliar los graves condicionantes de las islas, no sólo el alejamiento, el fraccionamiento del territorio, el clima adverso para el desarrollo de las producciones primarias, la escasez de recursos para abastecer la demanda interna, etcétera
 
De hecho, a lo largo de todos estos siglos supieron reconocer, como piedra angular para garantizar nuestro abastecimiento y desarrollo, las exenciones arancelarias y las franquicias en las cargas y descargas de las mercancías con origen o destino en nuestras islas.
 
Ya en la época más reciente en 1972, la Ley 30/1972 vuelve a considerar las islas territorio exento en el tráfico de mercancías, como se recogía en el capítulo que recogía nuestro Régimen Económico y Fiscal respecto a la Hacienda Estatal, que disponía:
 
“1. Se confirma y ratifica el régimen de territorio exento de que goza el Archipiélago canario en cuanto al tráfico exterior de mercancías.
 
2. Como consecuencia de este régimen, las importaciones y exportaciones de mercancías en dicho territorio no quedarán sujetas a ningún derecho o gravamen,”….
 
También se recogía la no aplicación del Impuesto sobre el Lujo de manera expresa tal y como quedó redactado: “En virtud de la ratificación actualizada del tradicional régimen de franquicia en Canarias, declarada en el apartado a) del art. 1 de esta Ley, se suprime en Canarias el Impuesto sobre el Lujo que grava las adquisiciones de mercancías”.
 
Asimismo, se aprobaron una batería de desgravaciones fiscales en otros impuestos y no aplicación de algunos en nuestras islas.
 
En definitiva, que todos nuestros gobernantes nacionales supieron siempre que la única manera de que Canarias no sólo superviviese, sino que se generara desarrollo económico y social, era a través de un real y efectivo sistema fiscal diferenciado del resto del territorio nacional, y en especial, en la imposición indirecta que siempre estuvo basada en las franquicias y en las exenciones arancelarias a la carga y descarga de mercancías, o al tráfico exterior de las mismas.
 
Todo ello hizo posible, como he dicho en anteriores artículos, que crecieran nuestras más importantes infraestructuras, puertos y aeropuertos, y por ende, la actividad económica y el empleo. Turismo, comercio, transporte, construcción, industria e incluso el sector primario experimentaron un desarrollo importante, que nos permitió incluso abastecer importantes mercados exteriores.
 
Hasta que llegó 1991, y se produjo la plena integración en la Unión Europea, y pasamos a ser Unión Aduanera y a que se nos aplicaran las políticas comunes con algunas modulaciones, como también he dicho en otras ocasiones, a cambio de subvenciones a determinadas producciones.
 
Pero quisimos ir más allá, quisimos crear nuestros propios tributos, para ser más “singulares” que nadie. Así, si los canarios pagamos los mismos impuestos directos que el resto de los residentes en España, en la imposición indirecta pagamos más que ellos, pues mientras ellos sólo pagan IVA, nosotros pagamos IGIC y AIEM, a esto súmenle señores, el transporte de la mercancía, la necesidad de un mayor aprovisionamiento (que tiene un coste fianciera), pagamos más cara la energía…..Es decir, nuestra singularidad se convirtió en un claro agravio a todos los canarios y residentes en Canarias.
 
A pesar de que a lo largo de toda la historia de Canarias, se configuraron las franquicias y las exenciones arancelarias, no como privilegio, tal y como se recogen en las introducciones de todas las normas citadas, sino como herramienta que intentaba compensar la desigualdad de los canarios y de nuestra economía. Se concibe el REF, para intentar hacer iguales a los que tenemos graves condicionantes con respecto a los residentes en el resto del territorio nacional.
 
Ahora ante la oportunidad que tenemos de alcanzar o de volver a disponer de un REF que compense a toda Canarias por su insularidad y por su lejanía, para el período 2015-2020, de lograr un verdadero REF que genere actividad económica y empleo (en la actualidad tenemos más desempleados que en 1991) me temo que la vayamos a desperdiciar porque nuestros representantes políticos autonómicos no lo han pedido. O sea, que han planteado un REF donde se han limitado a reformular los mismos instrumentos fiscales que hemos tenido durante 20 años y que han demostrado ser ineficaces para el empleo y para la actividad económica.
 
Estamos solicitando una fiscalidad justa para todos los canarios, que tanto las personas físicas como las jurídicas tengamos como mínimo una reducción del 50% del IRPF o del Impuesto de Sociedades, además de otras medidas, pero sobre todo recuperar la libertad de importación y exportación de mercancías a las islas Canarias y franquicias aduaneras y al consumo, que nos permita convertirnos en una gran plataforma comercial. 
 
El alcalde de la ciudad de Las Palmas, ha dicho que quería que nuestra ciudad fuera la Plataforma Internacional del Atlántico, que fuera el nuevo Singapur del Atlántico, y eso es posible y traería mucha riqueza; nuestra historia demuestra que sería posible, pero, sí y sólo sí, cambiamos nuestro modelo fiscal y recuperamos las franquicias al consumo y la libertad comercial de importación y exportación.
 
Antonio Rodríguez es empresario.
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