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Miércoles, 29 de Abril de 2026

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El haba que destronó a un rey

Cristina Lunes, 21 de Abril de 2014 Tiempo de lectura:

Cuando el Día de Reyes de 2013 me tocó el haba en el tradicional roscón fui objeto de las bromas más cariñosas por parte de mi familia. Coño, -pensé- mira que es mala suerte, con lo grande que es este jodido roscón y va y me toca el haba. Con disimulo, mordí el grano y comprobé que era natural, que no era de plástico. Lo envolví en un poco de algodón, lo humedecí y lo metí en un recipiente de yogurt vacío.
 
Con mucha alegría, a los pocos días observé que el haba había germinado, que estaba naciendo una nueva planta, una nueva vida. La trasplanté en una maceta, y cuando tenía un porte de unos veinte centímetros la volví a trasplantar, ahora en mi huerto.
 
Pasaron algunos meses y aquella plantita dio su fruto, tan solo unas pocas vainas, de las que saqué una docena de granos.
 
Cuando llegó el momento, volví a plantar aquellos granos. Ahora, las plantas nacieron más vigorosas y sus vainas más robustas.
 
Es probable que cuando el próximo año vuelva a plantar en mi huerto los granos de la cosecha de este año mi plantación de habas será mayor, mucho mayor. Y todo a partir de un haba, que un día tuve la suerte de que me tocara en un roscón de reyes.
 
Al darle la importancia que nadie le supo dar, y que realmente tenía, aquel humilde haba me mostró su agradecimiento regalándome nuevas semillas para que siguiera embelleciendo mi huerto con el verdor de la esperanza de sus ramas, entretanto que el rey de aquel roscón sólo fue una anécdota, una figurilla de loza frágil y sin valor, con un reinado efímero, devorado por el olvido, dentro de una gaveta o en una bolsa de basuras.
 
Pero además, aquella haba del roscón de reyes de 2013 me enseñó que si en las situaciones más adversas somos capaces de actuar de forma racional podemos cambiar tales situaciones en otras más propicias, o al menos hacerlas más llevaderas para que así nos produzcan el menor daño posible.
 
También aquel grano me hizo entender que muchas veces nos vemos deslumbrados ante lo superfluo, quedándonos ciegos ante todo aquello que nos hace crecer y madurar como personas, estando así a merced de los vientos interesados de la moda y del consumismo que amenazan con arrebatarnos nuestra personalidad y convertirnos en seres sumisos y gregarios.
 
José Juan Sosa Rodríguez es psicólogo y vecino de Telde.
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