Statistiche web
El tiempo - Tutiempo.net
695 692 764

Miércoles, 29 de Abril de 2026

Actualizada Miércoles, 29 de Abril de 2026 a las 09:36:18 horas

De ¡qué cosa! en ¡qué cosa! y pago porque me toca

cojeda Domingo, 20 de Abril de 2014 Tiempo de lectura:

En estos días de penitencia doble, por vivir la Semana Santa los que tengan espíritu religioso y sufriendo por la declaración de la renta, tengan el espíritu que tengan, pudiera ser el tiempo oportuno para elevar a quien corresponda dos preguntas, ruegos o advertencias. Táchese lo que no proceda, se decía en muchos impresos antes de la moda de las crucecitas en casillas.
 
En primer lugar, por las repercusiones médicas y jurídicas que pudieran acarrear, creo que es muy oportuno advertir algo sobre la peligrosidad física de la espiral de Martín Chirino colocada en la entrada de la calle Triana de Las Palmas de Gran Canaria. Sin entrar a valorar el acierto o no de tenerla ahí colocada o de su valor artístico, en cuestión de gustos hay mucho escrito y tantas opiniones como personas la ven, sí creo conveniente llamar la atención de las autoridades municipales sobre la peligrosidad de esa escultura para los hombros o cráneos de los paseantes que pudieran ir distraídos en el momento de cruzarse o tropezarse con ella.
 
Por la propia forma espiral de la escultura, los hierros van ascendiendo progresivamente en forma curva desde el mismo suelo, dejando una cabezada peligrosa para personas de todas las alturas, desde niños a turistas nórdicos tan largos como sus días de verano o sus noches de invierno. El término “cabezada” es usado aquí en su doble acepción, el de distancia del suelo al obstáculo si habla un técnico, o de golpetazo en la cabeza, si lo hace un médico o un abogado que pida daños y perjuicios al consistorio por esa, probable, negligencia por no haber evaluado una elemental y obvia peligrosidad para la integridad física de los viandantes.
 
Hay varias soluciones relativamente fáciles para arreglar este asunto sin necesidad de retirar la escultura de ese sitio, personalmente considero muy acertada su actual ubicación. Una sería poner a su alrededor una especie de parterre o verja que delimite un rectángulo de seguridad, en particular para que los invidentes puedan detectar el obstáculo con su bastón blanco. La segunda posibilidad, a mi entender la mejor, sería construir una especie de peana que la eleve sobre el suelo hasta una altura en que las curvas ascendentes no sean ya un peligro. Además tendría la virtualidad de mejorar la visión íntegra de la escultura desde una media distancia, cosa casi imposible actualmente con unos cuantos viandantes paseando por delante.
 
La segunda cuestión que nos tocó pagar en su día a todos, roza el ser un arcano inescrutable en el que ningún grupo político en el Ayuntamiento parece querer entrar a resolver. Me estoy refiriendo a la ocupación, a todas luces abusiva o excesiva en cuanto a superficie y tiempo, de la valla de hormigón en su base y metálica el resto, que ocupa un tercio del ancho de las calles Cano y Torres, bordeando los locales dónde estuvo la imprenta Peñate, en un edificio protegido y por desgracia incendiado y no reconstruido. Hoy en día puede verse con bastante frecuencia a la policía comprobar que en su interior no sucede nada “anormal”.
 
Esta situación ya fue denunciada hace cuatro años, en abril de 2011, en un artículo titulado “Excesos municipales y otras dejaciones”, publicado en este mismo periódico. Raro y difícil de entender es cómo se permite que continúe esta ocupación de la vía pública, que en su momento fue urgente y necesaria para proteger a los vecinos de un derrumbamiento. Pero más extraño aún es saber que fue el propio Ayuntamiento, es decir usted y yo, quien pagó de su erario la construcción de esa valla y no puso un tiempo límite razonable para el derribo o reconstrucción del inmueble. Sería razonable suponer que los propietarios pagan año tras año las tasas municipales oportunas, como lo hacen los restaurantes de esa misma zona por poner unas mesas y sillas para que los paseantes puedan sentarse a reponer fuerzas o tomar un “relaxing café con leche” en Triana. Eso sí que es un auténtico servicio público, lo otro es ser “okupa” del espacio de todos con tolerancia o permisividad municipal.
 
José Francisco Fernández Belda es ingeniero industrial y graduado social.
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.69

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Quizás también te interese...

Publicidad

X
Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.