Es un vieja verdad, comprobable histórica y documentalmente, que en España a los políticos les priva, o les “pone” como dijo el presidente de Cantabria con apellido más conocido por la marcha de chorizos homónima, hacer muchas leyes pero no con la intención de cumplirlas. Lo importante es llenar páginas y páginas de los diferentes boletines y diarios oficiales.
Visto así, no es casualidad que la “productividad” de los parlamentos se mida por el número de restricciones y liberticidios varios que perpetran sus señorías, las de ellos, durante cada legislatura. Tal vez para los ciudadanos sería mucho más interesante y eficaz que se dedicaran a comprobar, y corregir si hiciera falta, el cumplimiento de los ayuntamientos, cabildos o diputaciones, gobiernos autonómicos o directivas europeas de lo ya legislado o decretado por ellos mismos sin necesidad de dedicarse a pensar a que nueva iniciativa ciudadana se le ponen cortapisas, requisitos, tasas y, si es posible, obligar a reservar de algún puesto remunerado para sus conmilitones.
Y como ejemplo de lo anterior, la foto adjunta habla por sí sola, chilla o aulla tal vez sea más apropiado decir, el tránsito que hay desde la tan manoseada tolerancia a la permisividad al uso por parte de las autoridades. Por aquello de precisar la semántica de los términos, tolerancia es la capacidad o aptitud de las personas para poder dialogar pacíficamente desde posiciones inicialmente discrepantes y, eventualmente, alcanzar acuerdos sobre ideas, actitudes o usos y costumbres. Pero permisividad es otra cosa bien distinta, ya que el que la practica sabe de antemano que una cosa está mal o es ilegal, pero por razones de oportunidad o porque no le afecta directamente, prefiere mirar para otro lado o ponerse de perfil para no tener que hacer un reproche o intervenir para corregir o sancionar una conducta inapropiada o delictiva.
En el caso que se ilustra, hay una curiosa conjunción de circunstancias, que hacen que el caso adquiera tintes grotescos. Se trata de un cartel pegado sobre un contenedor de basura de los instalados en las calles por el ayuntamiento. Con buen criterio y en buena lógica, el contenedor tiene impreso un anuncio que reza: “Prohibido fijar carteles. Responsable el anunciante”. Pero, así como si la prohibición no fuera con ellos, dos organizaciones comunistas, a juzgar por la estrella de cinco puntas y el juego de hoces y martillos para que trabajen los demás, convocan a una manifestación “Hacia la República Socialista”. Y para mayor coherencia de esas organizaciones, el cartel está pegado sobre un contenedor ubicado en la Avenida Primero de Mayo, dándole así a la manifestación un toque sindicalista naif.
Es de suponer que el ayuntamiento, tras consultar a su legión de asesores jurídicos, lo de legión no en sentido marcial –el valor lo han de acreditar aún- sino puramente numérico, habrá tomado la “no decisión” de exigir las responsabilidades que marca la legislación y bajo cuyo paraguas recordó la prohibición de fijar carteles sobre ese bien común que es el contenedor y que merece el no ser deteriorado por el primero, o primera (dado el lenguaje “sexista” tan propio de esos grupos), que pase por allí.
Imagino la doble argumentación jurídica más que probable en este ambiente de permisividad para con los que políticamente creen los que ahora gobiernan que han de ser permisivos. Se hace notar que esa actitud no es aplicable al común de los ciudadanos, sobre los que sí caería el peso de los decretos y las ejemplarizantes multas pertinentes. De un lado esas asociaciones o partidos políticos comunistas no son empresas. Por lo tanto no les atañe esta prohibición que iría expresamente dirigida a lo que se presupone es publicidad de algún producto o servicio empresarial y no el anunciar una manifestación política o marcha hacia la República, siempre que sea socialista, como anuncia el poster.
Ítem más, que ellos dirían. El cartel está simbólicamente pegado sobre un contenedor de basura reciclable, lo que debe ser considerado un eximente por su carácter de mensaje subliminal del avance de los tiempos que han transcurrido desde finales del primer tercio del siglo pasado hasta estos días y sus dos fracasos históricos. Y es que, además, la marcha se celebrará, San Carlos Marx mediante, en plena Semana Santa. No se aclara si para penitencia de los marchantes o del resto de los ciudadanos.
José Francisco Fernández Belda es ingeniero industrial y graduado social.
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