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José Manuel Espiño acerca su último libro al público en la Casa-Museo León y Castillo

La novela fue presentada este jueves en Telde

Dojeda Jueves, 19 de Marzo de 2015 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD
Telde.- El profesor y ecologista José Manuel Espiño Meilán presentó oficialmente este jueves su último libro en la Casa-Museo León y Castillo de Telde. Una novela titulada KA I AK: Una isla, una piragua y unas botas de montaña y que vio esta noche la luz en un acto presentado por Antonio María González Padrón y al que asistieron cerca de 30 personas.
 
Descubrir la cara oculta de Gran Canaria,
por José Manuel Sánchez Espiño
La novela: KA I AK: una isla, una piragua y unas botas de montaña es una sincera invitación al descubrimiento de la cara oculta de la isla. Aquella que, bella e impresionante, a gran parte de la población nunca le coge de camino, pues vive en un mundo tan antropizado que necesita de la orientación y planeamiento espacial de su especie para sentirse cómoda y segura, relajada y satisfecha. No es casual el hecho de que los centros comerciales atraigan más personas en su tiempo de ocio que un paseo por el campo, una ruta en bicicleta o una vuelta por la montaña.
 
La trama se vertebra alrededor de dos personajes que en su interior sienten la llamada de lo desconocido, la búsqueda de espacios donde ahondar en sus identidades. Inician así un periplo, tras un movimiento perpetuo y natural: el círculo de la isla como circuito sin principio ni fin. Albenes se escudará en el esfuerzo de sus brazos, en un acto reflejo de paleo que le llevará a sentirse identificado con el espíritu de los inuits y con el término que da título a esta publicación: KA – I - AK, -hombre-piragua-.
 
Eva centra su búsqueda sobre unas botas de montaña que, firmes y bien sujetas, le orientan y conducen por espacios muertos y espacios vivos, paseos enlosetados y veredas llenas de vida. Y es así como su cuerpo va recuperando identidad y armonía tras cada pisada. Lomas, laderas, fugas, valles, barrancos, caideros, cimas, degolladas… nos descubren las vías que permitirán al lector circunvalar la isla de Gran Canaria.
 
El escenario donde transcurre la novela goza de un carisma especial para los amantes de ambos deportes: senderismo y piragüismo. Se trata del litoral grancanario. El periplo que inician los personajes, lleva a Albenes a circunvalar la isla y a Eva a encontrar la paz y sosiego que pretende, caminando.
 
Espacios carismáticos son sus lugares de pernocta. La playa de San Cristóbal, la playa de Montaña Arena, las playas de Guguy, las cuevas fósiles de Punta de las Arenas o la desembocadura del barranco de El Río, son lugares de encuentro y de partida. Encuentro con personajes que dibujan nuevos trazos en sus vidas, diferentes, arriesgados tal vez, siempre optimistas. Partida porque siempre está presente el objetivo trazado, la finalidad del periplo que no es otro que continuar la senda, proseguir la navegación, reencontrarse.
 
El autor, culpable de una debilidad gastronómica que le lleva a incorporar en cada una de sus novelas, algún plato ancestral, disfruta de los valores de la cocina tradicional canaria, la que aún prepara la gente del campo y de la mar con pocos ingredientes, excelente intuición y el tiempo necesario. Así la presenta en Tasarte y en San Cristóbal, en Guguy y en Punta de las Arenas. Sin la parafernalia de un arsenal de cacharros y utensilios de cocina, la ropa vieja de pulpo de Tasarte, el caldo de pescado del viejo Zacarías, las viejas, las samas fritas y el mojo verde de Luz Marina y la caldereta de pescado y el vino de la tierra de mamá Lola en Guguy, son guiños indiscutibles a una cocina que no se debe perder pues es insuperable en aromas y sabores, imágenes y texturas, cariño y dedicación.
 
La novela recupera el poder de la decisión, el inconformismo como bandera y el esfuerzo como valor. Las necesidades materiales de Eva no van mucho más allá de unas botas y una mochila. En el caso de Albenes, una piragua y una pala. Tras la firmeza en la decisión, surge el camino.
 
Es una reflexión sobre las dos caras de una misma isla. Se trata de observar con todos los sentidos, de aprender a interpretar los estímulos recibidos, desde los tópicos sensoriales: visuales, táctiles, auditivos, olfativos, gustativos, hasta las señales de alerta donde el instinto de supervivencia cobra especial relevancia. Es entonces cuando, en una parte de la isla, la naturaleza nos sorprende con su belleza, prudencia y grandiosidad y, en la otra parte, la “otra isla” con su registro de estética adulterada, carente de armonía y de sensaciones placenteras más allá de las discutibles, acompañadas siempre de ruido. Es el ying y el yang, la cara y cruz de una moneda, del espacio interpretado, bien por el equilibrio ecológico de una naturaleza sin alterar, bien por la actuación humana donde su interpretación del equilibrio viene de la mano de construcciones por doquier, espacios recreados, una costa artificiosa y manipulada y por ruidos y sonidos artificiales provocados por un imparable avance tecnológico que suple, queramos o no, el verdadero sentido de la vida.
 
Reconozco que el ardor literario que me embarga, más que mitigarse con el paso del tiempo amenaza con acompañarme para siempre. Necesito escribir y más que escribir, comunicar. Es esta forma, la narrativa, una vía agradable y precisa para animar, en el caso de este libro, al lector a descubrir la isla. Una isla con dos caras como la Luna y al igual que le ocurre al satélite, la oculta casi nadie la ve. Pero la oculta de nuestra isla está formada por paisajes increíbles, fugas impresionantes, roques envueltos en nieblas eternas, corrientes marinas que se enfrentan, bandadas de aves marinas capaces de ocultar la silueta de un acantilado, travesías de dura ejecución y elevado riesgo. Espacios y paisajes en estado puro. Paz y silencio
 
Es por ello que saliendo de ese armario mítico que esconde la imaginación de cada uno, variopìntos personajes se me presentan en sueños. Primero fue el joven Breogán que me habló de su idolatrada Amarca y del viejo Zacarías. Luego me abordó Doramas, el hombre de la cueva. Fue él quien me presentó su legión de lagartos de Gran Canaria. ¡Es curioso! ¡Conocía cada lagarto por su nombre y así, hasta un centenar. Luego, una noche, tras el rítmico batir de una pala de kayak, surgió del océano, pletórico de vida y fortaleza un remero. Su nombre era Albenes. Me habló de Colacho, el pescador de San Cristóbal y de su mujer Luz Marina. De la incansable Eva y la bondadosa mamá Lola. Una vez despierto, comienzo a escribir. Así surgió esta novela.
 
Por respeto a todos ellos, porque tienen mucho que contar y mensajes que transmitir, dejo la puerta del armario abierta y seguiré narrando historias.
 
Es esta novela un homenaje a los primeros palistas de la antigüedad, las tribus indígenas que necesitaron adentrarse en las gélidas aguas del círculo polar y las tierras cubiertas por un manto eterno de hielo y nieve. Por eso la titulo KA I AK, una expresión inuit. Hombre-piragua es su significado pero también lo es: espíritu de la embarcación o tal vez las dos cosas a un tiempo. Así se siente un palista tras varias horas de remo en el interior de un kayak. Uno llega a tener la creencia de que la piragua es parte de tu cuerpo y tu cuerpo una prolongación vertical de la embarcación, tal es la comunión que existe entre el kayak y el piragüista. Es esta la razón por la que el mar está presente, visualizado en todo momento en el reborde de la solapa, mientras el lector disfruta de la lectura del libro. Es el mar que Albenes ve desde la piragua y el mar que Eva, de un modo obsesivo, nunca quiere perder de vista.
 
La novela es un sincero homenaje a la mujer, decidida a ponerse en marcha tras la búsqueda de su verdadera identidad, escuchando su voz, atenuada por una sociedad que la silencia, alejada de ataduras artificiosas y un sinfín de tediosas labores domésticas, pocas veces compartidas.
 
Es el encuentro con personajes como el viejo Zacarías que sigue allí, en los silencios de Punta de las Arenas, añorando a Breogán y esperando a Albenes y Gertrud, una residente germana que en su casa rural de Tasarte se convierte en una especie de salvadora de almas, un bálsamo capaz de aliviar con sus silencios y palabras, los desequilibrios emocionales y las tensiones manifiestas de incansables senderistas y piragüistas desorientados.
 
Y es, sobre todo, la oportunidad de brindar a los lectores una isla maravillosa, de acercarles sus secretos, soñar sus paisajes pues esa será su sensación tras las descripciones de Albenes y su piragua o emocionarse con los destrepes, escaladas y descensos de vértigo de Eva por el oeste insular, buscando sendas inexistentes que ella se ve obligada a inventar para no perder jamás de vista el mar que la cautiva.
 
Entren en la piragua, cálcense las botas de montaña y, protegidos del ardiente sol con un gorro de ala ancha y cremas de alto índice de fotoprotección, acompañen a los personajes por el interior de este libro, mitad novela, mitad libro de viajes.
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