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Parque de San Juan (Foto Jesús Ruiz Mesa) Parque de San Juan (Foto Jesús Ruiz Mesa)

Entre el paisaje otoñal del parque de San Juan

TA publica una amplia galería de imágenes y crónica de Jesús Ruiz Mesa de este espacio público de Telde

Cristina Sábado, 13 de Diciembre de 2014 Tiempo de lectura:

JESÚS RUIZ MESA
La mañana del jueves 27 de noviembre en un rápido ojeo al elegir la vuelta hacia San Gregorio, de regreso a mi domicilio, más allá del mediodía decidí cruzar el parque de San Juan, en el que, ya en su interior, cambié la ruta y rodeé en un paseo relajado, en calma, observando los colores de unas tonalidades en verdes que me obligaron a captar las imágenes que en este reportaje recogí, después de estos días de buenas aguas y las que según las noticias se esperan por la alerta de posibles precipitaciones, fuertes vientos y fenómenos costeros adversos para todo el Archipiélago.
 
Mientras tanto en la calma, la paz transmitida de los que al otro lado del cementerio descansan en la paz eterna, sobre el sosiego y frescor de los verdes parterres, grandes espacios de césped colmatados de aguas, charcos en sombras bajo las arboledas, palmerales, cactus, dragos, y un sinfín de plantas típicas, endémicas de nuestros jardines, otras importadas con el tiempo perfectamente aclimatadas y en su ambiente natural idóneo para dar el aspecto, la pincelada y, cómo no, el colorido a este pulmón de Telde, uno de los espacios naturales con los que afortunadamente contamos.
 
La ciudad aún no ha perdido su primigenia, antigua estructura urbana que besa los campos, cimas, laderas de barrancos y valles que rodean su cercano perímetro, barrios, pagos y urbanizaciones, aunque mucho han cambiado por la presión del aumento de población y en algunas zonas habría que tomar serias medidas para la mejora y conservación de dichos entornos.
 
Así y todo en la mañana de este día que describo se respiraba un aire limpio, bajo un cielo contrastado de nubes, claros y tímidos haces de rayos solares que pretendiendo perforar esas masas nubosas bajas, llegaban a través del tupido ramaje de los grandes ficus, laureles, palmeras, arbustos que tapizan el suelo de un diverso cromatismo de verdes, amarillos, grises, rojos y floraciones tempranas.
 
Un bonito espacio para disfrutar, internarse en su paisaje de gigantesco jardín y pasear, correr o sencillamente, observar, sentir el silencio de su naturaleza, palpar las mastodónticas raíces que aflorando a la superficie se abrazan unas a otras, reptan, se retuercen como serpientes aletargadas bajo la sombra, o de lisas y onduladas cabelleras en melenas desmadejadas, parecen emerger pisando el suelo como patas de dinosaurios prehistóricos depredadores; imaginándolas de una forma o de otra sostienen las grandes estructuras botánicas de estos árboles que como gigantes se elevan al cielo, superando el enrejado que cerca todo el parque.
 
Plantas, parterres, pasillos, accesos de entradas y salidas con diversos escenarios de esta zona de la ciudad que presentan un buen reclamo artístico para el encuentro con el arte que en perfecta simbiosis, plantas e ingenio creativo humano, se dan la mano. Esculturas maestras de la serie dedicada a la Magia de la Naturaleza, abstracciones escultóricas realizadas por el artista Plácido Fleitas. En la rotonda, la escultura Atlas de Salvador Silva, y lateral de la autovía con acceso al cementerio de San Juan. Desde la puerta principal al parque se muestra en un plano general, el conjunto gótico mudéjar del edificio posterior de la Basílica de San Juan Bautista. Desde esta entrada se sitúan las esculturas en acero cortén y hormigón, de la serie Parejas, de Mauricio Romero García. Bajo la arboleda lateral del espacio destinado a los juegos infantiles, las esculturas dedicadas a Iqbal Masih, del escultor Pablo Luis Tejada.
 
Presidiendo el centro de plantas tropicales en el corazón del parque, El Jardín de las Hespérides, esculturas en bronce estatuario 855, del escultor Máximo Riol Cimas, elevadas sobre peanas de hormigón y piedra volcánica, repartidas entre parterres con variada flora subtropical, y flora endémica canaria, tajinastes, salvias, tabaibas, cactus, dragos, esparragueras, etc. A los pies del palmeral que circunda el auditorio José Vélez, un busto escultura del Ché Guevara, con leyenda, de Eva Montoso Pericás, se sitúa en este gran espacio abierto. En una de las rotondas que dividen los senderos interiores encontramos la Fuente del pez, de cantería de piedra rosada, obra del artista teldense Luis Arencibia Betancor.
 
Una amplia representación artística de esculturas que conforman y se insertan en el paisaje, obras de artistas cuyos trabajos escultóricos están reconocidos en Telde, Gran Canaria, resto del archipiélago y la Península, proporcionando a estos parques urbanos ajardinados una lectura artística, frente a la naturaleza del entorno que abriga una botánica en la diversidad de sus plantas, disposición de sus corredores y paseos para disfrutar totalmente de su superficie dedicada al ciudadano, y desde hace poco tiempo, una nueva zona reservada a los canes junto al cementerio de San Juan.
 
Pude disfrutar de un parque mucho más limpio que en otras ocasiones, dejándose ver a los empleados del servicio de parques y jardines en plena labor en varios puntos. Con amenazas de precipitaciones por la inclemencia del tiempo y completamente cubierto el cielo de nubes que anunciaban agua, se podía gozar del aire fresco, de un aire, por lo menos es mi apreciación libre de contaminación, y de la tierra empapada que bajo el césped, al pie de los grandes árboles y entre los arbustos dejaba ver una tierra húmeda, encharcada por los senderos a los lados de las veredas cubiertas de hierba, charcos sobre los que se reflejaban los perfiles de sombras, ramajes, copas de árboles y palmerales. La antigua zona del platanar que conserva su acequia, ha sido restaurada con un cultivo de plataneras nuevas, huerto urbano que continúa rodeada de estrelitzias.
 
Sobre la dura piel de algunos troncos o sobre el corazón anillado por el tiempo de la gruesa, robusta rama cortada, como testimonio ante el amarillento pergamino vacío de la página del libro de una vida, no podía faltar la firma y seña de quien en ese instante la llenó de un romántico compromiso, el grafiti escrito, rotulado, de un I love you, algún, hoy, mañana y siempre, o en un inicial inglés lectivo y sentimental, con cierto sabor a lírica de temas musicales del rock de los años sesenta: I´m very fine with my girl friend in the park. Yo, también estaba a gusto en el parque, pero, en ese momento, sin mi chica. De otra manera y menos lírica, algún desaprensivo en una ignorante e incívica acción reprobable, estampó también su llamativa firma sobre una de las esculturas del Jardín de las Hespérides.
 
Bajo los paseos que circundan el parque los troncos de las enredaderas, en caprichosas ondulaciones se contonean y suben agarrados a los contrafuertes de los tupidos techos de ramaje que se han ido formando con el tiempo dando sombra a todo el recorrido. La Cantonera Carihuela detrás del muro norte del camposanto, con fecha inscrita de 23.10.1920, muestra la parte principal de reparto de aguas, madre cantonera de los entresijos y sistemas de riego que en otro tiempo, desde aquí, repartían el oro líquido por los cercados de estas zonas cuando los terrenos que hoy ocupa este parque eran zonas de cultivo que daban, ponían el tono de las labores que los agricultores de la época, extendiendo los matices de tonalidades verdes hasta la misma costa.
 
Hoy, los vemos de otra forma, con otras miradas, transformados en lo que me ha inducido a esta observación llevados a una sencilla crónica, reportaje o visión subjetiva de un paseo por el teldense Parque de San Juan.
 
En un momento de mi inesperado recorrido observo como unos gorriones, pequeños pájaros moros, preciosos camachuelos, revolotean y se posan sobre unos penachos plateados o colas de zorro en torno al parterre central, que se elevan por encima de mi cabeza; con cautela dispongo la digital y espero el momento adecuado para tomar algunas imágenes de los mismos, un tanto difícil, mi presencia les inquieta, no paran de cambiar de posición y cambiar de penachos. Algún que otro mirlo posado sobre la hierba, asciende y desciende perdido entre el espeso ramaje de los árboles, tórtolas, grupos de palomas vuelan sobre este inmenso jardín.
 
Flores allamandas de intenso color amarillo, strelitzias, rosas, hibiscos, piscualas de floración roja que penden en racimo, Solandras, flores en forma de embudo o trompeta conocida también como copa de oro, la misma que en La noche de la Iguana, novela del dramaturgo norteamericano Tennessee Williams, llevada al cine en 1964 por John Huston, en una de las primeras escenas aparece esta flor copa de oro, que ofrece la joven Charlotte (Sue Lyon) al ex clérigo Shannon (Richard Burton), iniciando un seductor diálogo entre ambos. Película en la que se recita un bello poema, acabado al final de la vida del poeta, un “joven” abuelo de 97 años: el mar es la cuna de la vida, con cercanas reminiscencias líricas, paisajísticas y reflexivas sobre el paso del tiempo.
 
En el aviario destinado a la exhibición de algunas aves, patos, pavos reales, gallina de Guinea, reposan levantando sus cabezas, tras las espaciosas jaulas acristaladas, observan mis movimientos. Más allá en otro recinto, un avestruz eleva su cuello y mosqueado por mi presencia, muy pausado, se acerca a un palmo de la digital. En nuestro parque de San Juan el silencio se rompe por el lejano sonar de los vehículos que ruedan por los alrededores de la circunvalación y calles aledañas, mientras el aire y la humedad ambiente refresca la piel de los escasos deportistas y paseantes que a esa hora ya cercana al almuerzo vuelven sobre sus pasos. El cielo se torna más oscuro de nubes amenazantes que traen agua, las previsiones meteorológicas se presentan adversas en los próximos días.
 
El parque seguirá recibiendo el agua sagrada del cielo, tras el umbral de la puerta principal no lejos se divisan, apuntando al cielo, las torres de la Basílica Menor de San Juan Bautista. Una suave y fina lluvia comienza a caer, lentamente me alejo, dejo atrás los verdes matices de este jardín tropical, inhalando el aire limpio con aromas de césped cortado, dejo el pulmón verde de este cuerpo urbano en la histórica, sede aborigen de uno de los dos guanartematos de la isla de Canaria, la ciudad de los Faycanes, nuestra secular Telde.
 
¡Qué bien mirar al cielo del archipiélago Atlántico que nos abraza! Qué maravilla de azul interrumpido por nubes que, despacio sobrevuelan los etéreos senderos velando nuestros paisajes, nuestros pueblos, nuestras tierras. Sin alzar la mirada, aquí abajo sobre las huellas del caminante, qué bello es sentirse en silencio, entre la intimidad del jardín, del parque con olor a tierra mojada y césped cortado, abrazar el cuerpo del árbol, sentir su energía de desbordante naturaleza y exclamar ¡Qué bien me siento en el parque……. con o sin mi chica!
 
Mis felicitaciones a quienes en este Constitucional largo puente de diciembre, el lunes 8, celebraron su día, cumpleaños y onomástica, dedicado a la Inmaculada Concepción, María de la Concepción, Concha, Conchita, Inmas, Concepción. Felices fiestas al gran barrio teldense de Jinámar que celebran a su patrona, y quienes dediquen su advocación a la Virgen Inmaculada. Muchas gracias.
 
Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.
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