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Yeray Santana (Foto TA) Yeray Santana (Foto TA)

Lluvias y Gauss

TA ofrece un nuevo artículo de doctorando Yeray Santana

cojeda Lunes, 09 de Noviembre de 2015 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD

Telde.- Yeray Santana Falcón, ciudadano de Telde y doctorando en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ofrece una nueva entrega de su colaboración científica en TELDEACTUALIDAD. En esta ocasión, trata sobre las recientes lluvias torrenciales.

 

Lluvias y Gauss

Yeray Santana Falcón

Nos mojamos. De eso no cabe ninguna duda. Hubo quien aprovechó para sacar el ‘buggy’ y lanzarse cuesta abajo aprovechando lo coyuntura de la lluvia, y hubo quien dejó su vehículo mal estacionado y terminó abnegado de agua y barro hasta arriba. También quien tuvo la suerte de recibir las lluvias con buena cara porque no le afectó torrentes, y le llenó las tierras de la necesaria agua para cultivo. Algunos pudieron disfrutar de la situación tan anómala y tuvieron tiempo de salir y divertirse viendo el espectáculo, mientras otros entraban en pánico al ver cómo el agua entraba en sus casas sin invitación para causar más caos que otra cosa. En lo que sí parecen coincidir todos es en lo de siempre; Canarias no está preparada para estos eventos.

 

La realidad no parece contradecirnos y, efectivamente, Canarias no está preparada. Hemos sustituido lo que eran tierras de cultivo por construcciones, muchas de ellas sin un plan de urbanismo adecuado. Y, además, hemos dejado atrás, o, incluso, hemos ocupado posteriormente, los barrancos con escombros, basuras, restos de invernaderos, etc, que no hacen sino empeorar la situación al ser desplazados por el agua. Así, los problemas que ya de por sí, una lluvia como la pasada puede acarrear no son sino aumentados. La pregunta y el malestar generalizado está en saber/pensar que se podrían haber evitado muchas de las consecuencias, pero, por otro lado, el crecimiento sin control de población e infraestructuras de nuestra isla hace muy difícil controlar las distintas variables. En cualquier caso, mejores planes de urbanísticos, y de ordenación del territorio, así como una exhaustiva limpieza de nuestros cauces ayudarán en un futuro a que la presencia de la lluvia no se convierta en primera plana.

 

Quizás pueda parecer que estos planes deberían realizarse de antemano, suponiendo lo que puede ocurrir durante eventos de tanta virulencia como los recientemente vividos. Sin embargo, en general, todos los planes de prevención se hacen atendiendo a los peores sucesos que pueden ocurrir en un lugar de acuerdo a la estadística. Voy a poner un ejemplo para explicarlo mejor. Todos somos conscientes de que se puede producir un ataque terrorista en Las Palmas, pero como la estadística dice lo contrario, no tenemos servicios de seguridad constantemente apostados en las principales calles vigilando. Todos sabemos que de vez en cuando suceden lluvias torrenciales en Canarias, pero no que dichas lluvias llegan a superar los 100 litros por metro cuadrado, así que no tenemos servicios preparados para ello constantemente.

 

Decía Hume, filósofo escocés del siglo XVIII, que, afortunadamente, tuve la gran suerte de “conocer” durante mi escolaridad -ahora que quieren quitar la asignatura de filosofía de las escuelas en un paso más por convertirnos en máquinas no pensantes, no hirientes-, que “Las causas y efectos no pueden descubrirse por la razón, sino por la experiencia”. Él abogaba por decir que sólo lo que se puede experimentar existe. Tal vez no sea necesaria tanta profundidad para entender lo que ocurre con la lluvia, pero como Hume indica; no podemos conocer los efectos de la naturaleza antes de haberlos experimentado. Solo podemos llegar a conocer, y a realizar planes de gestión, de situaciones que hemos registrado.

 

Para las situaciones que hemos registrado, la estadística dispone de una herramienta llamada “Campana de Gauss”. Dicha herramienta consiste, como su nombre indica, en una función con forma de campana o ‘u’ invertida, que explica la distribución normal de una serie estadística. Se compone de tres partes bien diferenciadas: la zona media que es cóncava y alejada del eje X (el horizontal), donde los valores son cercanos a la media, y los dos extremos, cercanos al eje X, que son convexos y los valores alejados de la media. Su importancia se debe a que los sucesos de una variable determinada tienen esta forma; se distribuyen cerca de la media. Por ejemplo, si medimos la altura de los hombres en Canarias y las representamos veremos que la mayoría de los hombres tienen una altura similar a la media, que en Canarias es de 175.2 cm, por lo que su distribución cerca de esa altura será grande. Por contra, los hombres que miden menos de 150 cm o más de 2 metros tendrán poca representación y su distribución estará en los extremos. Si pensamos en otras variables y las representamos veremos que la distribución normal, o Campana de Gauss, se cumple casi siempre.

 

Pero, ¿qué ocurre con sucesos como las lluvias torrenciales? Pues si representamos el registro pluviométrico de los últimos años veríamos que la mayor cantidad de lluvias registradas se concentran cerca de la media (para los meses de Octubre-Noviembre la media mensual es de unos 30 mm de lluvia). Con esto, los planes de prevención se elaboran teniendo en cuenta esta media, y los máximos históricos. En el caso del archipiélago se han dado máximos diarios recientes en Santa Cruz de Tenerife de más de 200 litros por metro cuadrado (Marzo de 2002), y el umbral por el que se rige la alertas para su provincia según la AEMET indica que por encima de 180 litros por metro cuadrado en 12 horas estaríamos en alerta roja, y de 100 en naranja. Para el caso de Las Palmas de Gran Canaria, con unos registros de lluvia menores, la AEMET cifra en 80 litros por metro cuadrado en 12 horas el mínimo para declarar alerta naranja, y de 120 para roja. Estos umbrales, basados en la media y los máximos históricos como decíamos, se realizan de manera bastante conservadora, ya que lo primordial es asegurar la seguridad de los ciudadanos. No obstante, la estadística indica que los sucesos de alerta se colocan en los extremos de la campana de Gauss, en ningún caso en la zona central.

 

Hace unos años, un experto en finanzas y estadística libanés llamado Nassim Taleb publicó un interesante libro sobre los sucesos que no pueden medirse en la Campana de Gauss, bajo el título “El Cisne Negro”. En su lectura, uno puede comprender que hay sucesos imposibles de predecir ya que no atienden a lo “normal”. Taleb se hizo célebre al rescatar la expresión ‘cisne negro’ de la filosofía clásica; un cisne negro es sinónimo de algo altamente improbable. Sin embargo, lo que Taleb defiende es que los sucesos cisne negro ocurren de manera más frecuente de la que creemos, y, sobretodo, tienen un impacto enorme. Ejemplos de cisne negro que da Taleb han sido los atentados de las Torres Gemelas, que cambió nuestro mundo y no se contemplaba en la distribución normal de acontecimientos (todos esperamos que nuestro puesto de trabajo esté ahí a diario, porque es lo normal), o el auge de internet (nadie esperaba un invento así y, sin embargo, ha cambiado nuestras vidas).

 

No hace falta, sin embargo, buscar ejemplos de cisne negro tan radicales; una lluvia torrencial como la pasada puede considerarse un cisne negro. Lo normal, lo que dice la media, lo que entra en la campana de Gauss, la distribución normal, es que las lluvias en Telde sean escasas. Lo extremo, lo que entra en el extremo de la campana de Gauss es el mayor evento registrado (si no tenemos registro no podemos medir su distribución). El cisne negro se ubica más allá, en aquel lugar donde anteriormente no había nada, y, de ninguna manera, éramos capaces de prever. No obstante, y de alguna forma, dando la razón a todos los que piensan que Canarias debería estar preparada para estos eventos (extensivamente, todas las comunidades), Taleb lo que quiere advertir es que deberíamos estar preparados para la ocurrencia de estos sucesos extraños dada su importancia. Al fin y al cabo, y a pesar de nuestro empeño por controlar todas las variables, la naturaleza y, por ende, el clima, es caótico, y no se rige por normas establecidas. De ahí, se desprende la dificultad innata de predicción de los fenómenos meteorológicos.

 

Dejando de lado motivaciones políticas o económicas, se podría decir que la falta de preparación para eventos extremos como las lluvias que hemos pasado en Octubre se debe a no considerar en los planes aquellos sucesos que no se encuentran en la campana de Gauss. Sólo considerar la media y los máximos históricos no es suficiente en algunos casos. Sin embargo, se nos abre otro interrogante ya que no es sencillo determinar qué nivel tendrá un cisne negro cuando, por definición, es un suceso altamente improbable. La propia naturaleza conservativa de los niveles de emergencia considera situaciones alejadas de los máximos para así tener un margen de seguridad amplio. Por tanto, y aunque no se pueda asegurar de antemano su alcance, se previene avisando a la población de que el suceso superará ciertos umbrales de peligrosidad. Por otro lado, las infraestructuras sí que exigen una preparación para estos momentos y, desafortunadamente, muy pocas son construidas teniéndolos en cuenta. Es responsabilidad de todos adoptar medidas que limiten las consecuencias de estos fenómenos. Exigir a nuestros dirigentes políticos que se disponga de los medios adecuados (alcantarillado suficiente y en buen estado, cauces de barrancos limpios y no obstruidos, etc), y también procurar que nuestras actuaciones no entorpezcan (no tirar escombros en barrancos, no aparcar coches en zonas de peligro en caso de lluvias, no hacer desplazamientos innecesarios, etc). Así estaremos más preparados y los torrentes no afectarán tanto, al menos estadísticamente.

 

Yeray Santana Falcón es ciudadano de Telde y doctorando en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

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