TELDEACTUALIDAD
Telde.- Yeray Santana Falcón, vecino de Telde y doctorando en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ofrece una nueva entrega de su colaboración científica en TELDEACTUALIDAD. En esta ocasión, trata sobre los estudios de Ciencias del Mar.
Estudios del Ciencias del Mar
Yeray Santana Falcón
Llevo ya bastantes artículos escritos por este medio y, realmente, aún no me he presentado como debiera. No por falta de ganas o de interés, sino porque cuando uno trabaja en algo y dispone de un medio para expresarse en “otras cosas” lo aprovecha. Y así he hecho.
He intentado hablar (y seguiré mientras quieran) sobre diferentes temas relacionados de algún modo con la ciencia desde el punto de vista de una persona acostumbrada a documentarse bibliográficamente, tal y como exige la publicación científica.
Siempre he recalcado que no opino sobre los temas tratados, sino que, en su lugar, procuro resumir lo que los expertos publican de la manera más objetiva posible (aún sabiendo que nuestra propia naturaleza individualista nos lo imposibilita). Por esa razón, soy consciente de que mis escritos no son estrictamente “ciencia”, más bien un pequeño vistazo a este mundo del que, espero, esté contribuyendo con mi pequeña columna a acercarles.
Quiero (desde un principio) dar una visión global de los temas tratados y alejarme completamente de establecer una visión dogmática de ellos. Introducir el motivo deseando que el lector (o leyente) se interese y opine. Que busque bibliografía. Que se documente. Que discuta mis palabras. Que investigue y, finalmente, que haga ciencia.
Con esa premisa en la cabeza escribo también la columna de esta semana, aún a sabiendas de que, el de hoy sí que es mi “tema”, de lo que realmente soy experto, de lo que dice mi currículo que sé (algo al menos). Aún así, como siempre, espero que discutan, se documenten, investiguen y les interese.
Hago oceanografía. Sí, esa ciencia “moderna” -que no lo es tanto- que se dedica a describir el océano. Hace años, cuando comencé la carrera de Ciencias del Mar en la universidad no sabía realmente de qué iba todo eso de las ciencias marinas. Realmente creo que muy pocos conocían la palabra oceanografía. Hoy día, y quizá por la buena labor divulgativa del proyecto Malaspina, las ciencias del mar ya son algo más conocidas y la palabra oceanografía no resulta tan extraña como en aquellos momentos. Sin embargo, aún sigo escuchando esa frase tan típica acerca de nuestra carrera: “¡Qué bonito! Estudiando delfines y así ¿no?” Pues no exactamente. Sí que hay quienes terminan estudiando delfines, orcas, tortugas, zifios, calamares,...pero también quienes terminan estudiando la solubilidad del hierro en agua de mar, o los efectos de los contaminantes traídos por barcos (bio…), o las corrientes marinas, o, como en mi caso, los ciclos biogeoquímicos del carbono y nitrógeno en el océano.
Es una disciplina bastante amplia como para que cada uno tenga una formación curricular bastante diferente, a pesar de estudiar la misma licenciatura (hoy día convertida en grado con eso de los experimentos que se hacen para “normalizar” los estudios en Europa). Primero porque se trata de una carrera bastante multidisciplinar -al fin y al cabo, el estudio del océano es bastante diverso-, y por otra, porque a nivel de posgrado, la especialización suele ser muy alta. Así, el estudio puede englobarse dentro de lo que se conoce como oceanografía física, si se estudian las corrientes, los parámetros físicos (temperatura, salinidad,...), mareas, etc; puede ser oceanografía química, si se estudian los componentes químicos del agua de mar; oceanografía geológica, si se estudian los sedimentos o el vulcanismo; u oceanografía biológica, dentro de la cual se pueden estudiar los organismos a nivel macroscópico (estudio de delfines por ejemplo), a nivel microscópico (estudio del plancton por ejemplo), o biogeoquímico, si se estudian los flujos de componentes orgánicos y los organismos.
Pero hablando de mi caso, y para no liarme, hay un campo donde la física y la biología se unen. Donde los procesos físicos influyen sobre la biología, ya que la disponibilidad de nutrientes necesarios para los organismos va a depender en muchos casos de barreras físicas, y en la que estudiando la distribución de la materia orgánica (aquella disponible para los organismos) se puede conocer el funcionamiento de un ecosistema. Ahí podríamos encajar mi estudio, el transporte de materia orgánica que se produce entre la costa africana y el océano abierto.
En la zona de estudio, que abarca la costa africana desde cerca del estrecho de Gibraltar hasta la zona de Cabo Blanco en Mauritania, se produce un afloramiento costero (upwelling si lo han oído así). Se trata de una zona en la que la circulación oceánica en dirección sur hace que las aguas de superficie se desplacen hacia el oeste (debido a un proceso que se conoce como transporte de Ekman y en el que influye una fuerza generada por el movimiento de rotación de la Tierra -fuerza de Coriolis-). Al desplazarse, las aguas superficiales dejan un “hueco” en la zona costera que es ocupado por aguas más frías y profundas, cargadas de nutrientes que llegan así a superficie. En el océano, la presencia de organismos planctónicos va a depender de la disponibilidad de nutrientes y de la disponibilidad de luz -para realizar la fotosíntesis-. Así, en estas zonas en las que aguas ricas en nutrientes llegan a superficie se dispara la vida. Lo que, a su vez, hace posible la existencia del famoso banco pesquero canario-sahariano -que tanto quebradero de cabeza nos ha dado con el vecino-.
Mi estudio, dentro de este ecosistema, se centra en el transporte de materia orgánica (restos de materia viva) desde la zona costera hacia aguas abiertas, para estudiar si puede constituir una fuente que “alimente” el metabolismo de organismos en estas aguas tan pobres como estas. Desde hace unos años, una cuestión que genera bastante controversia en nuestro campo es saber si el océano abierto dispone de los nutrientes necesarios para que se realice la fotosíntesis, y de la materia orgánica suficiente (alimento) para el consumo de los organismos. Hay quienes creen que la propia materia orgánica que se genera en esas zonas es capaz de alimentar los procesos que allí se observan, mientras que otros creen que es insuficiente, y piensan en la necesidad de fuentes externas de materia orgánica.
En ese último sentido, mi estudio intenta observar si existe un transporte efectivo de materia orgánica desde una zona rica en nutrientes y materia, como es el afloramiento de la costa africana, hasta el océano o si, por el contrario, no es significativo. Lo primero que se piensa es que si disponemos de un ecosistema que genera una gran cantidad de materia orgánica, el exceso que no es consumido allí, será susceptible a transportarse hacia el océano abierto. Sin embargo, el hundimiento y la utilización de esta materia orgánica en la zona mesopelágica (la zona que va desde aproximadamente 200 metros de profundidad donde ya la luz es muy débil para que los organismos realicen la fotosíntesis, y los 1000 metros), y los procesos que pueden recircular esta materia orgánica y devolverla a costa (como los recientemente nombrados remolinos, ahora nombrados por la mancha del barco ruso) hacen más complicada esta cuestión. Comprender este proceso es de vital importancia para conocer los flujos de carbono en el planeta, y saber hasta qué punto el océano es capaz de absorber el exceso de carbono en forma de CO2 que generamos.
En ciencia, muy pocos estudios son totalmente concluyentes y no siempre es fácil dar una explicación a lo observado. No se pueden tomar las ideas o las conclusiones de un estudio como dogmas -igual que decía de mis escritos- sino que se establecen paradigmas que se utilizan para dar un contexto general a lo que nos dicen los datos. De esta forma, que yo vea un transporte de materia orgánica importante en mis estudios no es una regla universal, sino una observación que puede -y debe- ser discutida por el resto de expertos. No en vano, la parte más importante de todo texto científico tiene como nombre “discusión”. Discutan, que para eso tenemos un sexto sentido, el crítico.
Curiosidad. Siguiendo con el mar y con los locos que lo estudian, el famoso explorador Jean-Louis Etienne -que realmente es médico en nutrición deportiva...vete a saber cómo ha acabado aquí- está ya probando su plataforma “Antartic Pod” con la que piensa estudiar la corriente Circumpolar Antártica. Esta corriente se diferencia del resto en que gira de oeste a este alrededor de la Antártida sin ningún continente que la frene, por lo que su fuerza es devastadora y existen muy pocos estudios oceanográficos in situ. Su intención es vivir y estudiar la zona literalmente sobre su plataforma que ha sido específicamente diseñada para soportar el tremendo oleaje y viento de esa zona del planeta. Este año la probará en la corriente de Agulhas (Sudáfrica) para el año que viene comenzar con su más que impresionante estudio. Quizá no sea así la ciencia real, pero ayuda a acercarla al gran público indudablemente.
Yeray Santana es doctorando por la ULPGC.

























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.147