TELDEACTUALIDAD
Telde.- Yeray Santana Falcón, vecino de Telde y doctorando en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ofrece una nueva entrega de su colaboración científica en TELDEACTUALIDAD. En esta ocasión, trata sobre la crisis y la ciencia.
Crisis y ciencia
Yeray Santana
Llevo desde 2008 en crisis. Y no en una crisis existencial de preguntas profundas sin respuesta aparente. No. Estoy en una crisis económica y social. Más bien podría decir que no soy yo quien está en crisis, somos todos (los trabajadores) los que estamos inmersos en esta crisis. No cuento nada nuevo, de hecho haciendo algo de cálculo, llevamos 7 años en crisis!!! Ni siquiera recuerdo lo que era vivir sin la palabra austeridad (ni si realmente esa palabreja se inventó durante estos años o si ya estaba incluida en la anterior edición de la RAE) y sin tener un dolor agudo y constante en mi cuerpo oyendo diariamente como una gran panda de impresentables ha robado, roba (aún sabiendo lo que el resto padece por su culpa) y seguirá robando de manera corrupta. Y ya ni les quiero hablar cuando veo personas que consideran una injusticia que la pantoja (sí, con minúsculas) pase las Navidades sin su familia, o que se muestre respeto a la infanta (naranja o limón), o que los acusados por las preferentes lleguen en sus coches de lujo y se les acordone la entrada tratando a los afectados como gentuza...en fin, esto no es un blog de política, sino de ciencia. ¿Pero no es ciencia también observar el medio, analizarlo, discutirlo y divulgarlo?
Aunque no está presente durante esta crisis, a Einstein le tocó vivir en unos años bastante complicados. Durante su vida sucedieron dos guerras mundiales, fue refugiado por la persecución de los judíos, y, aunque ni siquiera participaba en el Proyecto Manhattan dirigido por Oppenheimer, se le considera padre de la bomba atómica por sus investigaciones. Está claro que tuvo una vida tumultuosa y que era un experto en crisis. Para Einstein, la crisis era un periodo en el que el ser humano tiene la oportunidad de evolucionar, un momento donde surgen las grandes ideas, y donde se debe aprender de los fallos para no volver a cometerlos. Como él mismo dijo: “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo”. Yo creo que es ahí donde reside la importancia de los doctorandos y los investigadores en general.
Seguramente uno piense en el científico como ese personaje de bata blanca y gafas que estudia cosas incomprensibles (algunas también incompresibles), que no sale de sus gordos libros y sus complejas ecuaciones y que son muy poco dados a tener una conversación sin usar palabras técnicas. Pero, nada más lejos de la realidad, la visión que yo tengo de los científicos es más cercana a una fuente de ideas. Son personas acostumbradas a lidiar con muchos problemas y a pensar rápidamente en soluciones (antes incluso de echar la culpa a los aparatos de medida, los datos, los compañeros, los jefes, la raza humana, el mundo, el universo o al propio Einstein si fuese necesario…). A lo mejor diciéndolo yo (que soy investigador) va a tener muy poco significado, al fin y al cabo, nadie se tira piedras sobre su tejado gratuitamente, pero creo firmemente que somos las personas idóneas para liderar proyectos cuando nos encontramos en crisis.
Hace dos años me preguntaron acerca de nuestra importancia y nuestro papel en la sociedad en un programa de radio al que había ido con dos compañeros investigadores a “pelear” por la continuidad de nuestras becas de doctorado que estuvieron a punto de quedarse sin presupuesto. Por suerte el sentido común salió victorioso y pudimos continuar con nuestra investigación. Hubiera sido un golpe mortal para la investigación hecha en Canarias ya que lo que se encontraba en aquella habitación (en la que nos citaron para contarnos el problema), eran los investigadores en formación que aseguran la continuidad de los centros de investigación de las islas. De nada nos sirve tener las mejores infraestructuras, los mejores grupos de investigación, el Campus Tricontinental, dos universidades “públicas” y nosecuantas privadas, si no existe un capital humano capacitado para llevar a cabo las exigencias que conlleva. Y para la ciencia de Canarias, ése es el primer gran error.
Recuerdo que en ese momento, al realizarme la pregunta, no necesité ni un segundo en la respuesta. Lo tenía muy claro, y lo he tenido siempre. Un doctorando, o un investigador, sirve sólo y únicamente para aportar ideas y soluciones. Dicho así no parece que tengamos ningún valor. Cualquiera puede dar ideas, cualquiera puede solucionar cosas. Por supuesto. Todos estamos capacitados para ello. Sin embargo, un investigador está trabajando día a día en ello. Debe saber solucionar rápidamente los problemas que la toma de muestras, el análisis de datos, y/o la interpretación de los mismos conlleva. Debe pensar en lo que no ha pensado nadie antes para explicar la naturaleza tal y cómo sale en los datos que ha tomado y medido, y eso siempre teniendo en cuenta lo que otros han pensado antes. Un investigador tiene unos 8-10 años de educación universitaria que sirven, en resumidas cuentas, para conseguir una visión global y objetiva de las situaciones que encuentra. Aquí, muy pocas personas lo consiguen.
Un político (y puedo entender la dificultad real de ser político) debe saber solucionar los problemas que gobernar conlleva. Sin embargo, las presiones a las que se ve sometido, ya sea por la sociedad -tanto porque se les ha prometido un programa electoral, como porque se debe a ellos y necesita su voto para su continuidad-, por las grandes empresas y bancos -tanto porque se les ha prometido pleitesía, como porque se debe a ellos y necesita su dinero para gobernar-, y/o por las directrices y los principios -si es que aún hoy existen- de su partido. Por eso, le es imposible tomar decisiones basadas en la objetividad y afronta los problemas de manera que sus intereses primen sobre los del resto, aunque puedan o no gustarnos -nosotros tampoco estamos a salvo de la subjetividad-, y aunque objetivamente no sean las más indicadas.
Un buen científico -también los hay mediocres- basa sus conclusiones en lo que sus datos, de manera objetiva e inequívoca, indican. Un dato no puede engañar. Es lo que es. Somos nosotros los que tras una interpretación del proceso en su conjunto y de una discusión con lo obtenido por otros investigadores, le dotamos de significado. En todo artículo científico (también lo oirán como artículo o paper -del inglés, nosotros también somos esclavos de los anglicismos) se inicia con una introducción del problema a tratar, se informa de la metodología usada para el estudio, se presentan los resultados y se discuten -la verdadera esencia de la ciencia- con los obtenidos en otros estudios. Solamente de esa forma se pueden dar soluciones objetivas al problema que se plantea. En la vida real, un científico lleva a cabo este proceso casi de manera inconsciente en cada elección que debe realizar. Se discuten todos los puntos de vista, y todas las soluciones posibles, y se da la que mejor resultado da, no la que se quiere, sino la que se debe.
No pretendo con esto animar a los investigadores a presentarse a elecciones, ni a los votantes a que los voten. Sin embargo, sí que pretendo resaltar la importancia que tenemos en la sociedad, y denunciar (no quejarme, sólo se queja el que no hace nada para remediar el motivo de su queja) la poca consideración que se nos tiene, especialmente a los que llevamos relativamente pocos años. No voy a dar cifras y hacer cálculos, hay muchos artículos que lo hacen -les invito a buscar si les interesa-, pero cada investigador formado en España cuesta al erario público un buen pico. Además, éste dedica una buena cantidad de años en su formación. Adquiere, así mismo, formación y habilidades concretas de otras instituciones, en su mayoría extranjeras. Cuando todo termina y el investigador está completamente preparado para liderar proyectos, tiene las relaciones necesarias para coordinar correctamente, los conocimientos necesarios para llevarlo a buen puerto, y las ganas de colaborar, se le da una “palmadita” en la espalda y se le dice: “Ve a solucionar la crisis de otros países, que nosotros seguiremos trayendo turistas con pulseras de colores y pagando las carreras de los que se irán en unos años contigo”.
Curiosidad...Y a propósito de Einstein, este año se cumplen cien años desde que la Relatividad fue propuesta. Definida por muchos como la teoría más bella de la historia de la ciencia, lo cierto es que se puede decir que es icónica, tanto o más que otro hecho relevante del siglo XX. Es más, no se entendería lo sucedido el siglo pasado si Einstein no se hubiera cuestionado, sentado en la oficina de patentes de Berna, que un hombre cuando cae al vacío no es consciente de su peso. A veces la ciencia avanzar pasito a pasito con el trabajo de muchos, y con la brillante visión de algunos.
Yeray Santana es vecino de Telde y doctorando por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.


























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