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El profesor jubilado con su esposa y dos de sus hijos (Foto Jesús Ruiz Mesa) El profesor jubilado con su esposa y dos de sus hijos (Foto Jesús Ruiz Mesa)

Adiós, hasta siempre a las aulas

TA ofrece relato y reportaje gráfico de Jesús Ruiz Mesa sobre la jubilación del docente teldense Domingo Ramos

cojeda Domingo, 19 de Octubre de 2014 Tiempo de lectura:

JESÚS RUIZ MESA
Hay momentos en la vida de muchos profesionales que por mucho que queramos convertirlos en uno más, sin tener la conciencia que en ese momento, ha llegado la meta al alcance de nuestra vista y ahora la tocamos, traspasamos la barrera lejana de aquel tiempo en que todo lo veíamos distante.
 
Es la hora de decir adiós, hasta luego, hasta siempre, la despedida del cotidiano ejercicio de la profesión elegida, y echando la mirada atrás, observamos a lo lejos aquel colegio, instituto, con el orgullo de haber participado en el desarrollo de la tan necesaria cultura para entender mejor el mundo y los humanos que lo ocupamos.
 
Allí quedan las paredes, puertas, ventanas, llamadas a clases, reuniones de profesores, programas educativos, proyectos, ideas, asambleas de padres y madres, inspecciones, leyes, ordenanzas, horarios, claustros, griterío en el recreo, fines de semana para tomar un respiro, tiempo de exámenes, proyectos, vacaciones, cursos, viajes, conmemoraciones, bienvenidas, despedidas, la inquietud y expectante ánimo ante el nuevo curso etc, etc. Si, un sinfín de etcéteras que engloban el complejo mundo de la educación, el gran universo de la docencia, de la dedicación exclusiva a la enseñanza, de profesores, profesoras, maestros, maestras que han impartido, nunca mejor dicho y aplicado su “magisterio”.
 
Que han impartido lo que un día fue el conocimiento básico y en el futuro se convertirá en los cimientos de un sólido edificio para asegurar el crecimiento, el desarrollo individual y colectivo de unos jóvenes, en quienes las generaciones ponemos nuestro futuro y el de ellos mismos en sus manos.
 
Domingo Ramos Velázquez, profesor de ese gran edificio de la enseñanza, de una cultura que se hace cada vez más necesaria, ha llegado a la meta con el bagaje lleno de sustanciosos recuerdos, de estar mañana, tarde y noche a las puertas de esa casa que durante años se convierte, sino en la primera, en la segunda casa para repartir conocimientos a quienes empiezan a andar los caminos para fijar el futuro que nos ayudará a todos a continuar en la búsqueda de la sabiduría, de la justicia, de la paz, de la libertad, de la igualdad y del bien común. Y para este ejercicio hay que estar muy preparados.
 
Al dejar las aulas, seguro, nunca dejamos ni abandonamos el lugar, ya que físicamente no estaremos, pero los recuerdos llenan las ausencias y el punto de encuentro de tantos y tantos años se mantiene ahí, real y vivo, tendrían que pasar otros años o un tiempo equivalente para, quizás no, compensar el olvido de un pasado que nos lo llevamos en el corazón cuando nos toque cruzar la meta final.
 
Domingo, enhorabuena por esta llegada después de haber hecho felices a muchísima gente, tu espíritu, tu voluntad de participación y entrega a los demás es signo de que continuaras en el empeño, y eso ya es bastante para en los momentos de soledad mirar al cielo y apoyado en tu familia y amigos, decir solamente, gracias.
 
Los mejores deseos para tus días futuros que serán muchos y prósperos, que compartas con tu familia el tiempo que, por que así es la vida, y nuestro compromiso, en este caso laboral, digo tiempo, que les hemos robado para estar alejados u ocupados en otras cosas que no fuera el propio núcleo familiar. A partir de ahora, yo ya hace unos años que pase a la situación en la que tú te encuentras y acabas de iniciar, simplemente hay una palabra que en tu perfil de personalidad, como ahora se denomina, hasta en los expedientes, aún tienes en cantidad, ganas, voluntad de vivir y hacer felices a los demás. Cumpliste con gracia, salero y muy buen hacer durante la cena homenaje, con motivo de tu jubilación el pasado viernes 3 de octubre, de un trimestre que recorre el mismo trayecto que el recordado trimestre escolar de tus, ya, recuerdos.
 
Vivimos a tu lado la celebración de este momento inolvidable para ti, el paso a la jubilación y desde luego el júbilo quedó patente en tu sonrisa, la alegría de tu familia que te arropó con cariño, tu excepcional disposición a que todo saliera como habías venido preparando desde hacía tiempo, desde la recepción hasta el final, para satisfacción propia y la de todos los que nos citamos esa noche para darte el mejor de los abrazos, felicitarte y compartir juntos una cena, un brindis, unas risas, unos regalos, unas canciones y unos bailes, que retornamos por el mismo camino con el espíritu pleno de satisfacciones por acompañarte, decirte y desearte que has cumplido perfectamente tu labor encomendada y que el futuro te depare lo mejor.
 
Como dice el estribillo de la canción que entonamos todos acabada la cena: Canta un canto al mundo, que Todos oigan al despertar, Canta si pones alma, hasta los sordos te escuchara, Canta un canto al mundo, porque cantando cambiara tal vez. Canta un canto puro, como los sueños de tu niñez.
 
En el recuerdo de un tiempo vivido, recordado y querido, con el abrazo, caluroso aplauso y felicitación, gracias por todo.
 
Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.
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