TELDEACTUALIDAD
Telde.- Érase una vez un balón pegado a una almeriense. Mientras otros se quitaban de los palos o se apartaban para no llevarse un balonazo, ella no tenía miedo ante un chut rival. Sus ojos no se cerraban cuando el cuero volaba hacia su portería por fuerte que fuera el disparo, siempre sacaba un brazo, una pierna o se jugaba el físico con tal de que fuera su cuerpo y no las mallas las que repelieran el esférico.
Esa valentía, ese coraje no podía pasar desapercibido para los ojeadores de un fútbol sala femenino que ha experimentado en los últimos años un crecimiento espectacular. Pero en sus años mozos, este deporte apenas lo practicaban las jóvenes almerienses, eran muy pocas las que se decantaban por pasar las tardes en las canchas sollándose las rodillas y esguinzándose las diferentes articulaciones. Fue un amigo de Esther quien la animó a ponerse en la línea de portería en un equipo, un sabio consejo que marcaría una trayectoria deportiva que iba a llegar a una cumbre nunca imaginada, según publica el digital elalmeria.es.
El Oriente, una cantera de futbolista de todos los tipos, de todas las edades, de todos los sexos, fue la primera portería que defendió. No tardaron en llamar a su teléfono móvil, porque entonces no había ni WhatsApp ni aplicaciones semejantes, directivos del Bayanna, el mejor equipo de Almería por aquellos tiempos, y las diferentes selecciones. "A partir de ahí fue cuando me di cuenta de que podía llegar al fútbol sala profesional, conocí mucha gente en la selección andaluza e hice muchos contactos". Esto le sirvió para abrirse las puertas y que los mejores clubes de España se fijaran en esa joven almeriense, de complexión delgada aunque deportiva, que se crecía cuando se situaba en el área.
La Primera División femenina estaba cerca en cuanto a sensaciones, pero lejos en lo referente a kilómetros. Y es que fue Preconte Telde, equipo grancanario, el que se fijó en Esther después de un Campeonato de España y se atrevió a darle la oportunidad. Desde entonces, ha alternado la máxima categoría con la plata en los años que lleva en la cumbre. Poio FS de Pontevedra, Valladolid FS y Raqui San Isidro, el club del que salió Pedro, jugador del Barcelona, son las diferentes camisolas que ha defendido. "Es impresionante haber jugado por toda España, me ha dado la posibilidad de haber conocido muchos lugares y tener amigos por todos sitios", dice orgullosa Esther.
Como cualquier jugador que se precie, la almeriense necesita de retos, de motivación, de competición. Por eso, después de haber estado retirada un año en el que practicó rugby, Esther aceptó el desafío de defender la tinerfeña portería del Raqui para logar la salvación en Segunda División. "Creía que estaba retirada, ni me imaginaba que me iban a llamar de Tenerife. Me lo pidieron como favor, me lo tomé como un reto importante, quería ver cómo estaba y la verdad es que me encontré de maravilla. Fui titular y salvamos la categoría", objetivo que lograron hace unas pocas fechas y que festejaron por todo lo alto.
Lo que sí diferencia al fútbol sala masculino del femenino en que en éste último ni hay nóminas para irse de vacaciones ni hay representantes que busquen grandes contratos. Por eso, Esther está trabajando en San José este verano y aún no sabe si volverá a entrar a una cancha para disputar partidos profesionales o sólo para jugar pachangas con los amigos. Raqui San Isidro la vuelve a querer, pero nada haría más feliz a Esther que una llamada del Vícar con un buen proyecto bajo el brazo. Volver a casa y hacer grande a un equipo de su tierra es un reto que le encantaría ponerse.
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