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Jueves, 09 de Abril de 2026

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Julio Pérez Tejera durante la firma de ejemplares (Foto Jesús Ruiz Mesa) Julio Pérez Tejera durante la firma de ejemplares (Foto Jesús Ruiz Mesa)

Un caleidoscopio de fantásticos relatos

TA publica crónica y reportaje fotográfico de Jesús Ruiz Mesa sobre la presentación del libro de Julio Pérez Tejera

Dojeda Lunes, 05 de Mayo de 2014 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD
Telde.- El escritor teldense Julio Pérez Tejera presentó el pasado viernes su libro Caledoscopio en un acto que tuvo lugar en el Círculo Cultural de Telde. Se trata del segundo trabajo que publica y está incluido en una recopilación literaria, publicada por la editorial Mercurio y que constituye el tomo 1 de la Biblioteca Canaria de Lecturas, una colección que coordina Victoriano Santana Sanjurjo.
 
Crónica del acto
por Jesús Ruiz Mesa
Julio, ya quisiera tener yo la capacidad de poderme meter en el caleidoscopio de mi vida, como tú lo has hecho y narrado en la presentación de tu reciente Caleidoscopio, que acabas de sacar a la luz. Acostumbrado a ver, observar, ajustar mis experiencias y las de otros que mueven los hilos de nuestro desarrollo en diferentes escenografías de la sociedad, escenas que traduzco en imágenes a través de un simple visor de una moderna digital, y que me enseñaras los caminos para superar el vacío que, como tú bien sabes, se nos apodera algunas veces por el miedo a emborronar la página en blanco para relatar las multicolores sensaciones que la Vida nos presenta.
 
Abriendo la vieja libreta desgranar, palabra a palabra, verso a verso, y, al final, saludar con orgullo y dedicarte esta reflexión que mucho mereces al hacernos partícipes de tu trabajo dedicado a nuestra literatura. Como bien dices, no ir más allá del intento sobre una tierra llena de cicatrices y susurrar a esa propia tierra, la tuya y la mía, la de todos, el alma de los poetas que en esta isla han escrito sobre las piedras, sobre el mar, entre el aire que acaricia y se pierde por el bosque de Doramas, el universo constante de un océano que gira y envuelve las almas de los que habitamos su proximidad, mar que nos hace viajeros, mar que nos hace soñadores, mar que nos hace sentir a nuestras espaldas las laderas y cumbres del corazón del isleño.
 
Canarias de tu Cuaderno de notas, las Canarias que sentimos y vivimos entre un mar sin fronteras, allá donde subas, ese mar estará siempre a tu alcance, en la lejanía perdido asoma por entre barrancos. Desde las cimas del altar de los que hasta ti llegamos, esculturas divinas hijas del volcán, de la lava y del alisio, naturales como la génesis de su primitivo origen, parto y ascenso desde las profundidades submarinas hasta tocar el cielo que cubre nuestro atlántico sonoro, llenarlos de la gloria y perfilar de volúmenes los paisajes de montañas, risco y ladera, y en torno a estos altares, hombres de la tierra, como bien dice Victoriano Santana, en su reflexión sobre los textos anecdóticos de Juan Caballero, incluido en la edición de Caleidoscopio “Tú no te acordarás”….y otros relatos, referidos a la estirpe de hombres grandes en dimensiones, grandes en fortaleza y grandes en el pragmatismo con el que se destilan los quehaceres del día a día.
 
Poderlas mirar, con el asombro de un niño, sin hacer preguntas y buscar respuestas, sin cuestionarse el cómo y el por qué. Pero, como tú has narrado en tu Caleidoscopio, sentarse a la vera del camino y leer tu prosa intensa, intensa de experiencias vitales y bien llevadas por debidos caminos literarios para traernos y hacernos comprensible tu mensaje, y además, recitar los más bellos versos que tu excelente y ejemplar recorrido lírico, te ha permitido versear a través del Caleidoscopio de tu vida: Cuaderna Vía, las Fábulas del Guirre Sabedor, la Décima parte, Monólogo contigo, Cuaderno de notas, poemas a Guayadeque, a Pinito Monzón y A Canarias.
 
Como final un poema: La Trapera, siempre, desde que lo presentaste hace unos años en el recorrido literario por las fiestas de San Juan, me dejó con la sensibilidad sublimada y una justa reflexión sobre lo que estaba sintiendo al recitarlo, y confirmar que, aquí, en nuestro Telde tenemos un poeta, un gran poeta. Reconocí que la literatura y el poema canario tiene un baluarte, un puntal como la copa de un pino canario, fuerte, resistente, con principios, hermoso, con las raíces bien profundas y agarradas al suelo isleño que tanto ama y le mantiene erguido y, ahí, a Dios gracias, te tenemos a ti, Julio Pérez Tejera, escritor y poeta teldense.
 
Permíteme recordar la excelente reflexión que dirigiste hace unos días como despedida al gran Gabriel García Márquez, y sin ir más lejos, con toda la confianza que tú, que Usted se merece, Don Julio, enhorabuena, no pierda usted las mañas, y aprendiendo de su literatura iremos perdiendo el miedo, si es posible, a enfrentarnos con la página en blanco, ante el monitor y ante el teclado, a veces más oscuro que el temor a hacer realidad lo que pretendemos narrar; el listón, Don Julio, nos lo ha puesto usted muy alto.
 
Desde el Círculo Cultural de Telde desarrollamos una presentación, un encuentro que nos dejó sorprendidos a todos, desde el protagonista, el Libro y su autor, hasta cada una de las intervenciones, equilibradas, lo suficiente para mantener expectante al público asistente que llenaba el recinto del Molino del Conde.
 
Antonio Alemán, maestro en su papel de moderador y coordinador del desarrollo del acto. El academicismo y experiencia editorial en manos de Victoriano Santana Sanjurjo, Doctor en Filología Hispánica y Editor. Fernando Ojeda Pérez, Ingeniero Industrial, un magnífico genio de la ciencia, desbordante de ingenio, buen humor y buen gusto para describir la amistad que le une a Julio, el autor. La presidenta del Círculo Cultural, Lucana Falcón León, dedicó su intervención a la obra y biografía de Julio Pérez y en nombre del Círculo Cultural agradece este acto que forma parte de la celebración del 17º Aniversario de la fundación del Círculo Cultural de Telde con sede en el Molino del Conde. El profesor Ricardo Hernández Déniz con la sensibilidad que transmite en el Ikebana, esta vez, nos dedicó un arreglo floral símbolo del fruto de la tierra, el millo, la piña, el grano, acordes con el molino, el dorado y preciado gofio, configuró un paisaje centrado en nuestra cultura canaria.
 
Dos partituras al piano perfectamente ejecutadas por la pianista, Sabina Pérez Morales, que interpretó, como no podía ser más acertado, tratándose de acordes, compases, y cadencias clásicas de la música española para piano y de la estancia que ocupamos, “La Danza del molinero” de Manuel de Falla, y la Sonata en Re menor K9, L 413 de Doménico Scarlatti.
 
Finaliza la presentación con la intervención de Julio Pérez Tejera que emocionado, dedica sus palabras y agradecimiento en un breve relato La Maquila, editado para este acto, con el que nos obsequia, y a las personas que han hecho posible este Caleidoscopio, el de su Vida: “Cuando me ofrecieron esta casa para la presentación de “Caleidoscopio”, que D. Victoriano Santana Sanjurjo quiso como volumen número uno de su “Biblioteca Canaria de Lecturas”, comencé a plantearme qué podría traer hoy aquí, teniendo presente que la rueda del antiguo molino se ha transformado en Círculo Cultural, idealizado por el escultor D. Máximo Riol en ese otro círculo entrañable de la isla que habitamos y que a mí me lleva, por lo vericuetos de la memoria, hasta la era, círculo ancestral donde realizábamos la faena anual de la descamisada, como un rito en el que desnudábamos las piñas del millo para que acabaran de secarse al sol de la azotea, mientras unos versos acompañan el recuerdo: “Crepitan las hojas del millo/ en el calor de la mañana./ Llevo al hombro la cesta./ Y la camisa limpia/ no es nueva,/ pero perfuma el aire/ como la hierba./ El sol es una piña/ que se desgrana/ sobre la mar./Por entre los palotes/ la risa estalla,/ los sombreros de palma/ de las muchachas/ que entre bromas cosechan/ la mies dorada./ Yo me llevo en la cesta/ toda la parva/ y en el alma recojo/ su risa clara/ que se agita en el aire,/ descamisada”.
 
Y buscando –como les decía- qué traer hoy aquí, encontré un retal de tela blanca de algodón que fue, alguna vez, talega para contener, oliendo y tibio aún, el millo tostado por las manos de mi madre, y que luego volvía a mi casa impregnándolo todo de otro olor: el del gofio recién molido y también tibio, con esa tibieza que sabe a hogar, abrigo o caricia.
 
A través de la urdimbre de ese retal, ya raído por el tiempo y el uso, vislumbro a un niño de ojos asombrados que veía desde la cancela, que antaño cerraba el paso al interior de recinto, cómo iban bajando por la canaleta los granos de millo dorados por el fuego o abiertos en la flor de una rosca-que los niños de hoy llamarían palomita-, hasta perderse, devorados por las piedras, en medio del traquineo de la maquinaria. Otras veces, veía al molinero sentado sobre la piedra, amolándola a golpe de escoda, y barriendo las esquirlas con el escobillón de albeo. Aquel niño serio miraba con ojos curiosos y nunca preguntaba, porque intuía que el conocimiento era algo tan sagrado que sólo se debía revelar a quienes pudieran utilizarlo en bien de todos y no en provecho de unos cuantos.
 
Porque, como le descubriría años más tarde Bartolomé Cairasco de Figueroa, La sabiduría, al necio y al malicioso, de mayor impiedad suele ser causa. Aquel niño, digo, al que su madre preguntaba, cuando lo veía desinquieto, ¿qué andas traquiniando?, viene hoy aquí con otra talega, rayada igualmente por el molinero, que apuntaba el nombre del chiquillo y los kilos de la molienda sobre la blanca tela de algodón. Una talega, ésta de hoy, llena del fruto de ese traquineo que no es otro que el de la vida.
 
Y lo reciben, no uno sino cuatro molineros, de tal modo que este millo que trae, sin ser el mejor, es tratado como si lo fuera: La tolva reluciente de tiempo y paciencia para contener los granos de la escasa cosecha, tan amorosamente tostados, esta vez, por las manos de un ángel de luz; la canaleta, generosa, para dejarlos caer sobre las piedras cuidadosamente amoladas y así devolvérselos transformados en caricias.
 
Por todo ello, y porque sabe que no habría dinero para pagar esta molienda, quiere dejarles aquí la maquila-porción de grano que se entrega al molinero en pago por su trabajo- entreverada de gratitud, admiración, cariño y respeto. A Da. Lucana Falcón, presidenta del Círculo Cultural. A D. Fernando Ojeda, por sus palabras. A D. Victoriano Santana, por ser el padrino de este libro. A D. Ricardo Hernández, por acompañarme durante tantos procesos. A Sabina Pérez, mi hija, por haber hecho danzar mágicamente al molinero de Manuel de Falla.
 
A todos ellos gracias y, por supuesto, gracias también a todos los amigos que me acompañan en esta noche. Gracias a tantos y por tanto, que tendría que vaciar el costal de la molienda y, toda ella, habría de ser maquila, porque como un don la he recibido y como un don debiera repartirla. Gracias a todos. Finalmente, decir que presentar es hacer presente y existen presencias que me han hecho escribir: “Te quiero porque estás/ allí donde te espero/ y, a veces, porque faltas/ y está presente el hueco”.
 
Gracias también a esa presencia de Teresa Morales Jiménez que no puedo dejar de nombrar en este día”.
 
Un libro y un autor, Caleidoscopio de Julio Pérez Tejera, y su presentación en un acto y encuentro para recordar siempre: “Hoy vuelvo a los papeles sin empeño,/ tan solo por volver y ver si hallo,/ perdido entre las líneas, aquel sueño/ que un día se extravió cuando era mayo…/ Por octubre debe andar mi calendario,/ lo digo por lo gris, lo mortecino/ y el rumor de hojas secas bajo el paso/ que va pisando lodo en vez de vino,/ ¡Qué joven era entonces la alegría!/ -Tal vez sólo el recuerdo la embellece-/ ¡Pero era tan hermosa, tan lozana,/ que con sólo evocarla me estremece/ si pienso que podré hallarla mañana!” (de Monólogo contigo). Enhorabuena en el abrazo de haber pasado una experiencia humana y literaria inolvidable. Muchas gracias.
 
A la memoria de Teresa Morales Jiménez
 
Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.
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