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Ignacio Morán firma libros en la Feria de Valladolid (Foto TA) Ignacio Morán firma libros en la Feria de Valladolid (Foto TA)

Ignacio Morán asegura que su novela es "un empeño personal que viene de lejos"

El profesor afincado en Telde presentó este viernes 'El Valle de Santa María' en la Feria del Libro de Valladolid

Cristina Viernes, 02 de Mayo de 2014 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD
Telde.- Ignacio Morán Rubio presentó este viernes, en la Feria del Libro de Valladolid, la novela El Valle de Santa María con la que consiguió un premio. Durante su discurso en el acto aseguró que la obra “es fruto de un empeño personal que viene de lejos”.
 
Relató ante un nutrido grupo de personas, que hace algunos años se propuso escribir una historia que tuviese como trasfondo la ilustración española. Especialmente porque siempre le emocionó el coraje y la esperanza que trajeron a la desolación de aquella sociedad un puñado de intelectuales formados más allá de los Pirineos “o al calor de unas ideas que, a duras penas, lograban saltar esa barrera física y psicológica”, afirmó
 
Sobre su obra, que consiguió el Premio de Novela Villa del Libro 2013 de Valladolid, sostuvo que la historia y la ficción no tienen porqué ser cuestiones enfrentadas. “La verdad histórica está en la vida cotidiana de la gente”, aclaró y es en ese campo donde juegan los personajes centrales del libro. Sin embargo, también se traslada al lector a un tiempo que, "a pesar de conocerse como Época de las Luces, sigue siendo la etapa más oscura y enigmática de Castilla y de todas las Españas”.
 
El profesor zamorano, afincado en Telde, explicó a los presentes que El Valle de Santa María es una obra que busca poner en valor el paisaje y el paisanaje, pero también la fuerza de las relaciones vitales, la extraordinaria precisión y la riqueza del vocabulario rural, pero también "el doloroso éxodo hacia otros lares del valor del conocimiento y la cultura de nuestra gente".
 
Premio de Novela Villa del Libro 2013 de Valladolid
Tal y como publicó TELDEACTUALIDAD, Morán recibió el pasado miércoles el Premio de Novela Villa del Libro 2013 de Valladolid, que se dio a conocer en el mes de marzo y que consistía en 15.000 euros en metálico más la edición de la obra ganadora. En el acto que tuvo lugar en el Centro e-LEA Miguel Delibes de la Villa del Libro de Urueña, recibió el galardón de manos del presidente de la Diputación de Valladolid, Jesús Julio Carnero.
 
Discurso íntegro de Ignacio Morán durante la presentación de la novela 
El libro que hoy presentamos al criterio de los lectores, es fruto de un empeño personal que viene de lejos.
 
Hace algunos años me propuse escribir una historia en cuyo trasfondo anduviese la ilustración española. Siempre me emocionó el coraje y la esperanza que trajeron a la desolación de aquella sociedad, instalada en la auto contemplación y el inmovilismo, un puñado de intelectuales formados más allá de los Pirineos; o al calor de unas ideas que, a duras penas, lograban saltar esa barrera física y psicológica. Esta novela, que trae la etiqueta de novela histórica, quiere ser el pábilo que alumbre aquel deseo de escribir sobre una época de tanta esperanza individual y colectiva y, a la vez, de tantos dramas y frustraciones.
 
El Valle de Santa María es una obra ambientada en estas tierras de Castilla y de León en el último tercio del siglo XVIII. Sus personajes viven y sufren voluntariamente aquel ruralismo absoluto y limitante, rechazan el costumbrismo ramplón, son tolerantes y cultos, personas que defienden la apertura y el progreso sin papanatismo, desde su propio hábitat. Es una novela que busca la verdad literaria que todo escritor persigue, pero respetando en lo posible la esencia de la verdad histórica.
 
En aquella España rural y carpetovetónica quedó anclada la vieja idea fisiocrática de que sólo aquello que viene de la naturaleza o de la agricultura es auténtico y merece ser conservado, pero también la nefasta tolerancia social con los despotismos, especialmente si estos son ilustrados. Dos ideas que aún adornan, o eso creo, lo más granado de nuestra idiosincrasia castellano leonesa. Una mirada literaria si se quiere, pero que nos acerca situaciones que no son románticas, ni siquiera agradables: El trabajo inclemente, las privaciones sin medida, tributos de todo signo y condición, la censura impuesta, la autocensura de la gente humilde, la autenticidad de su franqueza, la generosidad de dar lo que se tiene y aún lo que no se tiene, la prevención por los asuntos de la política y del poder religioso, la incultura generalizada frente a un grupo de ilustrados sin arraigo… Una dura realidad que marca esta época, atrapada entre la expectación que suscitaron aquellas luces y el pesimismo de tantas tinieblas. Y más allá de los celajes provincianos, se libran grandes batallas políticas, económicas y militares que cambiarán el rumbo y la percepción del imperio.
 
El gran protagonista del relato es José Cidón, un doctor que ejerció la sanación ajustado por concejos con la jurisdicción condicionada por derechos de señorío y de abadengo. Este personaje sobrevuela todo el libro y vuelca en él sus conocimientos, la concepción sociopolítica de un hombre ilustrado, sus excentricidades y una sugerente personalidad. Los avatares de los curas rurales y el cenobio de frailes franciscanos, custodios de Nuestra Señora del Valle, constituyen el otro centro argumental.
 
En este libro no encontrarán personajes arriscados, ni hombres y mujeres de leyenda… No son los amores, ni el ardor patrio, ni las grandes epopeyas, lo que da vida a este libro. Es el ansia por el conocimiento, por la libertad, la lucha silenciosa y comprometida por el progreso de esta tierra frente a la resistencia más empecinada a cualquier cambio, las nuevas ideas que llegan de afuera, la capacidad de sufrimiento de la gente humilde, sus decires, sus vivencias, y al fin, la quiebra resignada de esa esperanza que traían los ilustrados y la vuelta, a veces dramática, al tradicionalismo más zafio.
 
La historia y la ficción no tienen porqué ser cuestiones enfrentadas. Además, sabemos que la historia contada, no siempre es fiable; pero quedan pocas dudas si decimos que la verdad histórica está en la vida cotidiana de la gente. Y en ese campo juegan los personajes centrales de mi novela. Al abordar el trabajo, se decidió otorgar el protagonismo a los asuntos de carácter local y a una trama cercana y reconocible. Pero también a la idea de que el texto habría de tener los ingredientes suficientes para llevar al lector a un tiempo que, a pesar de conocerse como Época de las Luces, sigue siendo la etapa más oscura y enigmática de Castilla y de todas las Españas.
 
Así pues, aunque El Valle de Santa María pudiera entenderse sólo como una recreación literaria de otro tiempo social, sería cosa apresurada y errónea. Muchas de aquellas debilidades y fortalezas tienen hoy plena vigencia; si bien ahora se nos presentan con una apariencia de modernidad o quizás ni eso, y es que las cosas en realidad no sean tan diferentes.
 
Hoy, como entonces, los servicios y los equipamientos del medio rural se han manifestado incapaces de aportar el bienestar suficiente para impedir la desbandada de los jóvenes y, tras ellos, la necesidad de los mayores de afrontar el desarraigo e irse a la vera de los hijos. Parece que otra vez hemos llegado tarde al encuentro con la historia.
 
El premio Villa del Libro de este año, que hoy inicia la aventura de acompañar a los lectores en sus manos y en sus casas, es una obra que busca, sin complejos y con un estilo directo y decidido, poner en valor el paisaje y el paisanaje, pero también la fuerza de las relaciones vitales, la extraordinaria precisión y la riqueza del vocabulario rural, y al fin, el doloroso éxodo hacia otros lares del valor del conocimiento y la cultura de nuestra gente.
 
No deseo finalizar esta breve intervención sin reiterar mi agradecimiento a la Excelentísima Diputación de Valladolid por mantener, en los tiempos que corren, este premio literario, a esa junta de expertos (Junta, qué palabra tan evocadora y de tanto arraigo castellano) que ha señalado mi novela para representarlo, y a los futuros lectores de El Valle de Santa María, en la seguridad de que sabrán valorar adecuadamente los aciertos que tenga este libro y disculpar mis muchos errores.
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