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Calle Opereta (Foto Luis A. López Sosa) Calle Opereta (Foto Luis A. López Sosa)

El barrio de San Antonio se va a La Opereta

Una calle recuerda a este género musical que nació en el siglo XIX

cojeda Jueves, 06 de Marzo de 2014 Tiempo de lectura:

Nuestro paseo de hoy, nos lleva hasta el barrio de San Antonio, donde buscamos la calle La Opereta, cuyo inicio lo encontramos en la calle Marqués del Muni desde donde, con un trazado de Sur a Norte y, tras recorrer unos 90 metros aproximadamente, finaliza en el Paseo de La Zarzuela.
 
Al Poniente linda con la calle La Sinfonía y al Naciente con la futura proyección de la calle La Ópera.
 
Esta nominación fue aprobada mediante acuerdo plenario en sesión celebrada el día 22 de febrero de 2007, siendo relativamente reciente la apertura del vial en cuestión.
 
Desde entonces, forma parte del Callejero del Distrito 5º, Sección 1ª del Censo Municipal de Habitantes y Edificios.
 
Este vial se encuentra ubicado en el lugar conocido como Lomo Sordo, concretamente en lo que fuera la finca denominada Los Macarios. En este terreno se proyectó sobre el año 2006 una parcelación que constaba de seis viales, de los cuales se han realizado dos en su totalidad, las calles La Sinfonía y La Opereta, así como, otros dos a medio trazado, la calle Antonio Benítez Macario (Benefactor) y el Paseo de La Zarzuela.
 
De las siete manzanas de edificaciones que se pretendía realizar en esta parcelación, sólo se han edificado cuatro y las restantes no se han iniciado, tan siquiera, fueron al parecer víctimas de la explosión de esa tan famosa burbuja inmobiliaria, por no achacar el fracaso de su proyección a la chapuza de la improvisación o a la irresponsabilidad de sus promotores.
 
Sinopsis de la nominación
La opereta es un género musical derivado de la ópera que nace y se desarrolla a lo largo del siglo XIX, primero en París, después en Viena y Londres.
 
Se trata de un tipo de ópera musical, animado y anormal, cuya característica fundamental es la de contar con una trama inverosímil y disparatada. Consta de diálogos hablados entre los que se intercalan historietas, llamadas couplets por los franceses, y bailes como el rigolodón o el cancán. Se trata, por lo tanto de un espectáculo escénico con sucesión y alternancia de artes musicales, habladas y cantadas.
 
La opereta inglesa se desarrolló en pequeños teatros como el de Las Bufas Parisinas, inaugurado en 1540.
 
Las operetas vienesas presentan generalmente un argumento menos serio y sentimental que las francesas. Otro de los rasgos que la distinguen es el vals, un elemento musical de esencial importancia. En España se desarrolló la zarzuela, género análogo a la opereta.
 
El padre de la opereta francesa fue Jacques Offenbach, a pesar de que anteriormente destacó Hervé. Algunas de las obras más célebres de Offenbach son “Orfeo en los infiernos”, “La Gran Duquesa de Gerolstein” y “La bella Helena”.
 
Si la opereta francesa tenía el cancán como su pieza bailable característica, la vienesa, cuyos representantes por excelencia son los Strauss, padre e hijo, apostó por el vals.
Su origen se remonta a después de la derrota de la guerra franco-prusiana en 1870, que provocó el hundimiento del segundo imperio francés, determinó la devastación de los teatros parisienses y como consecuencia la retirada de la ópera. Esta fue reemplazada por nuevos géneros llamados operetas, de carácter frívolo y popular
 
En cualquier caso la opereta es un género dramático músical de signo ligero y motivos satíricos que alterna pasajes hablados con fragmentos cantados, muy parecido a la zarzuela. Su nacimiento se sitúa en torno a la segunda mitad del siglo XIX y sus principales focos de propagación y creación fueron en Viena, París, Barcelona y Madrid.
 
Durante la década de 1860, las obras cómicas precursoras del género se asomaron a los escenarios franceses y españoles como parodias del estilo serio de la gran ópera francesa. Le Petit Faust (1869) de Florimond Herve, una de las primeras operetas de entidad, emulaba en clave de comedia la ópera Faust (1859) deCharles Gounod. Sin embargo, la cumbre del género se alcanzó conJacques Offenbach, autor entre otras de Orphée aux Enfers (1856).
 
La opereta vienesa obtuvo gran éxito en los círculos centroeuropeos gracias a la popularidad de sus valses y tonadas. Las obras de Johann Strauss, entre las que se destaca Die Fledermaus (1874).
 
Un género similar, conocido como opereta anglosajona, se desarrolló en el Reino Unido a fines del siglo XIX y se trasladó a los Estados Unidos, donde alcanzó su máximo esplendor. Durante el siglo XX, se destacaron títulos como Rose Marie (1924), de Rudolf Friml, o, se ha transformado el género en comedia músical, obras como Kiss Me, Kate (1948), de Cole Porter, West Side Story (1957) de Leonard Berstein.
 
Íntimamente ligados a la tradición de las operetas se hallaron diversos géneros que, aunque de orígenes dispares, fueron influidos por los medios y las técnicas de las primeras. Así, la ópera cómica, resultante de ciertos números interpretados en los intermedios de la ópera seria, adoptó nuevos formalismos hasta casi identificarse con la opereta desde el siglo XIX; y la zarzuela, manifestación costumbrista de la música cantada en España, enriqueció su aspecto musical, desde la proximidad con la revista hasta los lindes de la ópera seria.
 
La opereta es una modalidad más cercana al teatro musical que a la ópera propiamente tal, con temas más ligeros y cómicos, más una musicalización también más accesible y ligera (no necesariamente, ya que algunos renombrados compositores como Offenbach compusieron en el género, pero es como se le define.)
 
Surge durante el siglo XIX en Francia como Operetta, derivada de la versión francesa de la ópera, como resultado de la búsqueda de una obra más corta y accesible. Los temas originales fueron bastante frívolos; la sátira era un elemento esencial, y las funciones originales se llevaban a cabo en pequeños teatros privados, con cortesanas en los principales roles. Con el tiempo el género migro a los grandes teatros y casas de ópera con la formalidad asociada, interpretada ahora por cantantes profesionales, con toda la formalidad del caso, pero es sus comienzos la opereta era considerada poco seria y banal.
 
Toponimia del barrio
La toponimia de San Antonio, data aproximadamente de finales del siglo XIX, si bien los primeros asentamientos en la zona se producen medio siglo antes, aunque de forma muy diseminada.
 
Con la primera dispersión de la población desde el centro urbano hacia el exterior, en las inmediaciones del año 1.850, surgen unos primeros asentamientos poblacionales en el municipio, entre los que se encuentran precisamente “El Tabaibal” o “La Taborda”, por esta zona.
 
En la medida que pasa el tiempo, el crecimiento demográfico se hace patente, y aquellos primeros asentamientos se van expandiendo en todas direcciones. El crecimiento de éstos hacia el Poniente origina el embrión de lo que hoy es barrio de San Antonio.
 
Es entorno a la ermita de San Antonio de Padua, donde se forma el núcleo de este nuevo barrio y que va creciendo hasta llegar hoy a estar muy próximo al extremo Naciente del Casco Urbano (barrio de San Juan).
 
La ermita de San Antonio de Padua, fue construida por la familia Castillo Olivares, aproximadamente en la mitad del siglo XVII, en las inmediaciones de la finca que poseyeran en el lugar, denominada “Las tres suertes”.
 
Los primigenios núcleos poblacionales, se establecen generalmente en el interior de esas grandes fincas, estando compuesto por familias que trabajaban en las mismas en condición de asalariados o jornaleros.
 
El crecimiento posterior que se produce en la mitad del siglo XIX y los nuevos asentamientos, lo son en las inmediaciones de aquellas fincas, ya fraccionadas, o cedidas en régimen de medianería, pero que llegados los inicios del siglo XX, ya han cambiado de propietarios.
 
Surge un gran número de nominaciones, tantas como fincas y, de ahí tenemos: La Taborda, Las Ánimas, La Hoyeta, Lomo Sordo, Los Macarios, etc.
 
En la parte Sur del llamado Lomo Sordo, en el que era difícil entenderse en una conversación debido a la incidencia del viento procedente del Norte, existió una finca denominada “Los Macarios”, que fue propiedad de Don Antonio Benítez Macario, un gran benefactor entre sus vecinos.
 
Efemérides
Un día tal como hoy, hace ahora mismo 554 años, es decir el 6 de marzo de 1460, se firma el Tratado de Alcaçovas entre España y Portugal. En primer lugar, el Tratado de Alcáçovas incluyó un recordatorio del tratado firmado en 1431 entre Juan I de Portugal y Juan II de Castilla (paz de Medina del Campo- Almeirim). Todo se origina al parecer en unas transacciones de dudosa legalidad, sobre el señorío de Canarias, en las que Maciot de Bethencourt vende al infante de Portugal Don Enrique el Navegante el dominio de las Islas Canarias. Ello motivó a la poderosa armada lusitana, que buscaba una ruta hacia las indias, para pretender afianzar su posición en esa ruta hacia el África austral. Este intento de anexión por parte de los portugueses fue un acontecimiento militar de la época, cuyo fracaso se debe seguramente a la inconstancia de los invasores frente a la valiente defensa de los isleños. 
 
Según el texto del Tratado de Alcaçovas, los territorios reconocidos a Portugal fueron los siguientes, transcritos del pregón del Tratado conservado en el Archivo de Simancas, indicándose con notas las diferencias con otras versiones: “Guinea, con sus minas de oro, Islas de la Madera, Puerto Santo e Desierto, Islas de los Azores. Islas de las Flores cabe las Islas de Cabo Verde ["Islas de las Flores, y así las Islas de Cabo Verde" en otras versiones]. Todas las islas que ahora están descubiertas e cualesquier otras islas que se hallaren o conquistaren, de las Islas de la Canaria para ayuso contra Guinea ["para baxo contra Guinea" y "pero baixo e adiante contra Guinea" en otras versiones] y en general todo lo que es hallado e se hallare, conquistase o descubriere en los dichos términos, allende de que es hallado ocupado o descubierto, queden a los dichos rey e príncipe de Portugal e a sus reinos, quitando solamente las islas de Canaria.”
 
Los territorios reconocidos a Castilla y León fueron: “Lanzarote, La Palma, Fuerteventura, La Gomera, el Hierro, la Graciosa, la Gran Canaria, Tenerife e todas las otras islas de Canaria ganadas e por ganar.” La soberanía reconocida a los Castellanos dio fin a las tantas sanguinarias incursiones portuguesas, cuyas tropas iban al mando de Diego Da Silva, quien recibía con frecuencia nuevas tropas de refuerzo desde Portugal, las cuales se estrellaban una y otra vez contra el espíritu de defensa que los aborígenes mostraban tierra adentro, donde el relieve les era favorable en la lucha de emboscadas y todo tipo de celadas. El Señorío de Canarias fue restituido a Diego García de Herrera y su esposa Doña Inés Peraza y se produce el matrimonio de Doña María de Ayala, hija de éstos, con el capitán portugués Diego Da Silva.
 
También sucedió un día tal como hoy, hace tan solo 195 años, es decir el 6 de marzo de 1891, en un solar de unos mil metros cuadrados, ubicado en la calle Padre Cueto, en Las Palmas de Gran Canaria, se funda el hospital de San José. Los promotores de esta fundación fueron el doctor Bartolomé Apolinario Macías y su cuñado Antonio Gómez. Otras personalidades del momento colaboraron con aportaciones económicas a tal causa, contándose entre ellos, a Luis Antúnez Monzón, quien además de ser una celebridad en la política, fue un gran inversor en otras tantas obras en la ciudad capitalina, entre las que se puede contar la construcción de la Iglesia de Nuestra Señora del Pino, en Santa Catalina o el primer tranvía de vapor que unía el Puerto con la zona de Triana.
 
El edificio del hospital de San José, se componía de un pabellón de ocho habitaciones, con servicio especial para los navegantes; un salón para hombres y otro para mujeres, así como, otros tantos departamentos para niños, una sala especial para enfermos contagiosos, una capilla, una escuela de párvulos y otra de adultos. El hospital cuya regia arquitectura causó admiración en aquella época, fue una obra ejecutada sin demora alguna, durando su realización algo más de cuatro años, comenzando a funcionar el centro sanitario en los inicios del año 1895.Con el fin de dar estabilidad en el futuro a su obras, ofreció la propiedad al lltmo. Sr. Obispo de Canarias, que a la sazón era el Padre Cueto, quien ya en Noviembre de 1891, se declaraba protector de ella.
 
Levantó los planos el arquitecto diocesano don Laureano Arroyo, el cual, sin interés alguno la sirvió hasta su muerte. La primera piedra se puso el día 10 de Agosto de 1895. Colaboraron en la recaudación de fondos la juventud de Las Palmas y el maestro Saint Saens. En noviembre de 1900 pudo empezarse la labor de la Casa Asilo en su edificio de la Playa, y en poco 1903, se impone la realidad, a causa de una epidemia de viruela, de la imposibilidad de mantener en el mismo edificio y mismo personal los servicios sanitarios y los de enseñanza. Por lo cual se decide separarlos, nunca el abandonar uno de ellos, y se construye al lado la Iglesia de los Padres Franciscanos, convento y escuela a cargo de aquellos; escuela que permaneció abierta hasta hace pocos años, cumpliendo en lodo el periodo una magnífica labor educativa.
 
Ahora, mientras contemplamos la instantánea que tomamos el día 4 de mayo de 2013, en las afueras del Hotel Aalborg, viendo y disfrutando ese hermoso amanecer, recordamos lo extraordinario que fue el Concierto ofrecido por André Rieu y la Johann Strauss Orchestra, el día anterior en las instalaciones del Coliseum Gigantium y, lo mucho que disfrutamos admirando la gestación y desarrollo de su orquesta, que incluía una amplia selección de melodías de las categorías musicales más dispares en la primera parte y luego, en la segunda, otra selección de temas, con la salvedad que todos ellos eran famosas melodías de conocidas operetas. Fue simplemente genial y los más de 10.000 espectadores vibramos con los acordes musicales. Todos nos dejamos llevar por ese gran mensaje que transmiten esos artistas.
 
Nos acordamos entonces de unas declaraciones del propio Rieu sobre su manera de entender la música y su difusión ante las objeciones de parte de los críticos más puristas: “Tal vez mi delito consiste en no ser pesado, en acortar las piezas como se hacía ya en las fiestas de la época, en mezclar muy bien las lentas con las rápidas, en poner flores en el escenario. Seguramente les molesta que me lo pase bien y que el público también disfrute”. Lo cierto es que, pese a quien pese, Rieu ha acercado considerablemente al gran público una música tan “clásica” como la que más con una particular fórmula que obvia la absurda contraposición entre una música culta y elitista y otra popular, y que funciona a las mil maravillas.
 
Por si fuera poco, en esa segunda parte, la música de operetas toma algo más que el lugar de la interpretación, ya que, la improvisada representación de gran parte de sus músicos, con donaire descuidado, un fingido divorcio de la dirección y un gran abanico de expresiones humorísticas, levanta al público de los asientos y les induce a bailar, a cantar o a reír sencillamente, consiguiendo un total disfrute durante esas casi tres horas que duró el espectáculo.
 
Finalizado el mismo, André Rieu bajó y se mezcló con el público, haciéndose fotos en grupos, saludando y charlando con casi todos, le oí hablar en inglés, francés, holandés y un champurreado de castellano algo extraño, cuando le dijimos que habíamos venido desde las Islas Canarias, terminando con el tarareo de un pasodoble como expresión española. La admiración que sentíamos por este director, violinista y compositor, se vio acrecentada con una simpatía especial hacia el humor que irradia en el trato a las personas.
 
Me atrevería a afirmar que ha sido el mejor concierto al que he asistido en mi vida, habíamos programado nuestro viaje de tal forma que coincidíamos en Aalborg (Jutlantia), con la actuación de André Rieu y la Johann Strauss Orchestra. Todo salió bien, no tuvimos ningún tipo de contratiempo y después de una suculenta cena en el hotel, nos fuimos a descansar con toda la satisfacción del mundo y la certeza de haber vivido una velada irrepetible y extraordinaria, que marcaría en lo sucesivo la expresión de la genialidad. Fue algo que no tiene precio ni comparativo alguno.
 
Dejamos aquí nuestra intervención de hoy, para dirigirnos con rumbo Sureste al barrio de Casas Nuevas, donde visitaremos la calle La Palma, con el fin de saber algo más del lugar de su emplazamiento y sobre la “Isla Bonita”, pero bueno, eso... será en la próxima ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos. Mientras tanto…cuídense.
 
Sansofé.
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