En nuestro paseo de esta fresca mañana, nos hemos ido al Valle de Jinámar, donde vamos en busca de la calle La Oda, cuyo origen lo encontramos en la calle Vicente Sánchez Araña desde donde, con un trazado de Norte a Sur y, tras recorrer unos 100 metros lineales, aproximadamente, finaliza en la calle Eduardo Benítez Inglot.
Tiene paralela al Naciente la calle Camilo José Cela y al Poniente lo hace con la calle La Épica.
Esta nominación, fue aprobada por el Ayuntamiento Pleno en sesión celebrada el día 29 de enero de 1996, figurando desde entonces, en el Callejero del Distrito 3º, Sección 18ª del Censo Municipal de Habitantes y Edificios.
Es ésta una urbanización reciente, de una veintena de años, aproximadamente y, el uso de la misma es eminentemente residencial, encontrándonos en la mayoría de las parcelas edificios destinados a viviendas, aunque existe un sector al Naciente que está destinado a la construcción de naves industriales exclusivamente.
Es la zona denominada dentro del Valle de Jinámar, como Tablero del Conde, que es un promontorio en la zona sur de la urbanización que se asoma al Cortijo de San Ignacio.
Sinopsis de la nominación
Oda es una palabra latina con origen griego que hace referencia a una composición poética del género lírico. La oda puede ser desarrollada en diversos tonos y formas, y tratar asuntos de cualquier índole. Por lo general, suele dividirse en estrofas o partes iguales.
Las odas originales eran cantadas con el acompañamiento de algún instrumento musical como la lira. Las odas podían ser monodias (cantadas por una única voz) o corales (interpretadas por un grupo de personas).
Tenemos que subrayar el hecho de que las odas tradicionales son algunas de las que más peso ha tenido a lo largo de la historia de la Literatura y tienen su origen en la figura del poeta Píndaro, perteneciente a la Antigua Grecia y que está considerado como el creador de aquella citada oda.
Aquellas podemos establecer que se definían por el hecho de estar conformadas por tres partes claramente diferenciadas: la estrofa, la anteestrofa y finalmente el epodo. Siendo todas estas secciones compuestas por los versos y por sus correspondientes rimas.
Si hacemos referencia a las odas tradicionales (rima regular, referente a los sentimientos y expresadas desde el punto de vista del narrador) nos encontramos con el hecho de que pueden dividirse en tres grupos claramente diferenciados:
Pindáricas, Inglesas y Horacianas.
Es interesante añadir, por ejemplo, que las llamadas pindáricas, que eran las propias de la Grecia Antigua, eran escritas fundamentalmente con el claro objetivo de poder alabar a ciertos eventos y lugares así como a personas. De esta manera, era frecuente que se realizaran para ensalzar los triunfos de los atletas que participaban con éxito en las diversas competiciones que se llevaban a cabo.
En el caso de las odas inglesas podemos establecer que las mismas, que cuentan con un esquema más irregular en lo que se refiere a la rima, eran creadas por un autor con el claro objetivo de hacer referencia a alguien que le inspiraba un sentimiento concreto. Y finalmente están las citadas horacianas que se escribían para homenajear o ensalzar a un amigo.
Pese a su variedad temática, la oda suele expresar la admiración por algo o alguien. Una oda, por lo tanto, es un poema creado con una intención de homenaje o exaltación. Varios poetas griegos dedicaron odas a los dioses, atletas, guerrero y héroes; otros, en cambio, prefirieron exaltar la figura del amor y los placeres.
El poeta chileno Pablo Neruda es uno de los mejores exponentes de la oda latinoamericana. Neruda escribió odas sobre temas espirituales (como la alegría), pero también para homenajear a distintos colegas (Federico García Lorca, Walt Whitman) y a objetos, en apariencia, poco relevantes (odas a la cebolla y los calcetines, por ejemplo).
El alemán Friedrich Schiller fue el autor de “Oda a la alegría” (“An die Freude” en su idioma original). Este poema fue la inspiración de Ludwig van Beethoven al componer su Novena Sinfonía, también conocida como Himno a la Alegría.
La Novena Sinfonía y el poema de Schiller han dado nacimiento al Himno Europeo, postulado por la Unión Europea en 1985. Esta obra, que incluye modificaciones al poema original, fue interpretada por primera vez el 29 de mayo del 1985.
No obstante, en España, buscando un sustituto de la canción petrarquista, ensayó Garcilaso de la Vega una estrofa libre, compuesta de versos endecasílabos y heptasílabos. Es la propia influencia de Garcilaso la que hará que se otorgue privilegio a la lírica como forma estrófica de la oda.
Ya en la época contemporánea, la oda puede mantener la forma clásica, por ejemplo las odas de Unamuno o Neruda, entre otras muchas, o bien formas más o menos distantes; en cualquier caso, siempre mantendrá una estructura interna de concreciones líricas expuestas en pocas palabras o pocos versos que se encadenan entre sí. De hecho, la oda es un sinónimo de composición poética de carácter lírico.
Toponimia del lugar
La toponimia que da origen al barrio de Jinámar, se define como la del nombre de un poblado aborigen prehispánico, sin que se sepa cual puede ser su traducción, y en todo momento, esos inicios le asocian con el de una aldea de pacíficos artesanos que al parecer se denominaba La Ollería, y en la que tropas de Juan Rejón ocasionó una gran masacre entre la población de mujeres, niños y ancianos. Ese lugar al parecer hoy se recuerda con la denominación de un vial como La Matanza.
Durante mucho tiempo Jinámar fue el primer núcleo poblado del municipio de Telde, que se encontraba cuando transitabas por la Camino Real al Sur en el siglo XVIII, posteriormente la Carretera al Sur durante el siglo XIX y en siglo XX la Carretera C-812 y que todas durante sus diferentes denominaciones condujeron y conducen hasta el Puerto de Mogán.
Entre San Cristóbal y Jinámar, no encontrabas ningún tipo de edificación, con lo cual al llegar a Jinámar, la parada era obligada para dar agua a las bestias que tiraban de los carros, poner agua a los viejos motores de los transportes públicos o estirar las piernas, ya que, estos viajes solían durar algo más de medio día en algunos casos.
No obstante, el Valle de Jinámar, es una gran urbanización que se construye en la segunda mitad de la década de 1980, en lo que fuera la hermosa Finca de la Condesa, un lugar señero en los procesos agrícolas que ha vivido el municipio de Telde, durante varios siglos, y que experimentaba una gran frondosidad y fertilidad, debido al mimo que en ella pusiera el Sr. Conde de la Vega Grande y Guadalupe, al dotarla de los sistemas de riegos y edificaciones anexas al emporio agrícola que rodeaba su gran mansión.
Han sido incompresibles o cuando menos disparatadas, las intervenciones que en nuestro municipio ha tenido el Gobierno Español en connivencia con los propietarios de ciertos lugares en los que la productividad agrícola era vital y sin embargo se dejaron de cultivar para proceder a la urbanización de los mismos, cuando en verdad existían terrenos colindantes con peores condiciones agrícolas que aquellos, ya sean en el Valle de Jinámar, en Las Remudas, o en la zona de La Estrella.
Hoy lo que queda de parte de aquella hermosa finca, es un número indeterminado de calles y edificaciones sociales donde se hacina una importante población del municipio y otros venidos de fuera.
Todo, absolutamente todo perece al paso inexorable del tiempo, a la consideración dispar de las distintas generaciones, a esa importancia que se resta a la trascendencia y a la herencia cultural que en aras de Patrimonio Histórico, Cultural o Medio Ambiental nos han legado las generaciones que nos han antecedido y ello, sólo nos lleva a la ignorancia y al desconocimiento de anteriores experiencias en las cuales bien pudiéramos educarnos para evitar la repetición de errores y pérdidas innecesarias de tiempo.
Efemérides
Un día tal como hoy, hace ahora mismo 453 años, es decir el 2 de marzo de 1561, el capitán Pedro del Castillo, en medio de dos tormentas de arena, fundó una nueva ciudad denominándola “Ciudad de Mendoza del Nuevo Valle de La Rioja”. Pedro del Castillo había llegado al valle de Huentata el 22 de febrero de ese año, donde enarboló el estandarte real. La ubicación inicial de Mendoza se situaba en lo que actualmente se conoce como “La Media Luna” en el Distrito de Pedro Molina, ubicado en el Departamento de Guaymallén, sobre la margen este del canal conocido actualmente como “Cacique Guaymallén”. La ciudad quedó bajo jurisdicción de la Capitanía General de Chile, aunque tanto esta Capitanía como todas las extensiones de territorio español al sur del istmo de Panamá en esa época formaban parte del Virreinato del Perú.
El 28 de marzo de 1562, fue trasladada a una distancia de dos tiros de arcabuz hacia el oeste del punto de la fundación realizada por Pedro del Castillo, situándose el nuevo emplazamiento situado unos 100 metros al oeste del canal Cacique Guaymallén, en la posición actual de la plaza Pedro del Castillo. Mediante este operativo, a cargo de Juan Jufré, éste también se adjudicó el honor y el derecho a los premios monetarios de fundador de ciudades que ya habían sido cobrados por Pedro del Castillo en la fundación original. La ciudad conservó relaciones amistosas con los pueblos originarios que habitaban en la zona antes de la fundación, que ya habían recibido como amigo a Villagra en el año 1551, como los huarpes, quienes según algunas fuentes no fueron sometidos ni exterminados por la conquista española, sino que simplemente se mestizaron e integraron con la población inmigrante española.
Otras fuentes, sin embargo, indican que muchos huarpes fueron enviados bajo el sistema de encomiendas a Chile y que se abusó y explotó de ellos en modo similar a muchos otros pueblos conquistados. Entre 1814 y 1817 Mendoza fue el punto donde se preparó el Cruce de los Andes liderado por el general don José Francisco de San Martín, quien había sido nombrado gobernador-intendente de Cuyo y que contó con la colaboración activa de miles de mendocinos y cuyanos, incluyendo a las Patricias Mendocinas. Además de su labor militar, el general no descuidó su actividad como administrador de la ciudad dejando obras que perduran hasta la fecha, como el paseo de la Alameda y la fundación de la biblioteca pública que hoy en día lleva su nombre. Es el 1 de marzo de 1820 cuando se firma el acta por la que Mendoza, San Luis y San Juan rompían los vínculos que los unían a la Intendencia de Cuyo, adquiriendo soberanía como estados provinciales independientes bajo nacionalidad Argentina.
Tal día como hoy, hace ahora mismo 86 años, es decir el 2 de marzo de 1928, fallece en Las Palmas de Gran Canaria, el compositor y director de orquesta español Bernardino Valle Chiniestra, aragonés de origen y declarado Hijo Adoptivo de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, a donde llega en el año 1878, para hacerse cargo de la dirección de la Filarmónica. Bernardino Valle había nacido en Villamayor de Gallego, provincia de Zaragoza, el día 21 de mayo de 1840. Chiniestra recibió su primera educación musical con los “Infanticos del Pilar”, pasando posteriormente a estudiar en el conservatorio de Madrid, donde trabajó como violinista en el Teatro Real. Allí fue discípulo de Arrieta y compañero de estudios de Ruperto Chapí y Tomás Bretón, con los que mantuvo posteriormente una buena amistad y que prestarían sus obras en Madrid.
En 1878, tras la muerte del titular, Manuel Rodríguez Molina, y con ayuda del maestro Arrieta, se traslada las Palmas Gran Canaria, junto con su esposa Joaquina Gracia y sus dos primeras hijas. Allí daría clases en el conservatorio y tomó la dirección de la Orquesta Filarmónica. Con la Orquesta, toco en numerosas ocasiones en las solemnidades religiosas en la Catedral de Las Palmas. Acompañaba al piano a todos los artistas que recalaban en la isla. Además de con Chapí y Bretón, Valle trabó amistad con Camilo Saint Saëns, que pasaba sus vacaciones en las islas Canarias. De esta forma se mantuvo al tanto de las novedades que se estaban produciendo en el resto de Europa. Se integró muy bien en la vida social isleña, animando musicalmente muchas fiestas, llegando a ser nombrado hijo adoptivo de la ciudad. Por su importancia en la difusión y enseñanza de la música en Canarias, se el concedió la medalla del Mérito al Trabajo
Entre sus obras destacan su “Serenata Española” y su “Poema Sinfónico del Descubrimiento de América”, premiado en Madrid en 1892. Además, se pueden mencionar “Suite Sinfónica Canaria, Cantos Escolares y Misa Pastorela”. Su obra se conserva en el Archivo Musical del Museo Canario de Las Palmas. La obra “Himno a Aragón” está firmada en Barcelona, en septiembre de 1908, y fue estrenada por el Orfeón Zaragozano para la Exposición Hispano-Francesa de 1908. El Himno tiene como letra un poema de Manuel Lassa y Nuño. La obra fue dedicada al diputado por Zaragoza Segismundo Moret, que fue uno de los promotores de la Exposición. Tras su estreno, la obra cayó en el olvido durante 100 años, creyéndose incluso perdida.
Ahora, mientras contemplamos el amanecer envuelto en nubes, desde el Tablero del Conde, vemos como el sol trata de adivinar los huecos por los que proyectar su luz y anunciarnos ese nuevo día que nos besa. Es en estos momentos en los que razonamos sobre todo el contenido de esta crónica que les he brindado y de ella entresacamos conclusiones tales como:
Las odas que escribiera el poeta griego Píndaro y en especial una de ellas, en la que menciona la existencia de las Islas Bienaventuradas, que localiza más allá de las columnas de Hércules, al referirse concretamente a nuestro Archipiélago Canario y la importancia de esta literatura, ya que, es de las pocas reseñas que se hacen de nuestras islas hasta bien entrado el siglo XIV. Antes, por suerte…el mundo civilizado no tenía noticias nuestras, después se chafó la tranquilidad de los isleños…hasta nuestros días.
Un claro ejemplo de ello, son los hechos que concurren en la referencia al lugar llamado La Ollería y la “valiente intervención” de las tropas de Juan Rejón, masacrando a la población del lugar, compuesta por mujeres, niños y ancianos…una de las tantas gestas de esa victoriosa “Conquista de Canarias”. No sé si alguien puede sentir vergüenza o deshonor por ello, pero los isleños o los teldenses, lo recordamos nominando el lugar como “La Matanza”, precisamente para que sepan que nunca admitiremos lo que allí pudo ocurrir.
Hoy precisamente se cumplen 3 años y 26 días, de nuestro viaje a Mendoza, de la remontada por el Valle de Uspayata, al pie de la sierra del mismo nombre, dejando a nuestra derecha el curso del Río Mendoza, de aguas turbulentas que arrastran sedimentos, en su mayoría de piedras sulfurosas. Recordamos las tropillas de caballos salvajes y los gauchos que los pastoreaban, todo muy extraño, peculiar y a la vez hermoso. Ascendimos durante algo más de dos horas, hasta llegar al Paso Internacional "Portillo de Piuquenes", que se encuentra al oeste del Departamento de Tunuyán, de la Provincia de Mendoza. Comunica a Argentina con Chile, a través de una senda, uniendo las localidad argentina de Tunuyán (42.000 habitantes) y la chilena de San Gabriel, en la comuna de San José de Maipo, Región Metropolitana de Santiago.
El camino realmente partía del lugar llamado “Manzano Histórico”, donde descansamos un momento y nos tomamos un helado, desde allí llegamos hasta “El Portillo Argentino”. Recuerdo que almorzamos en el único restaurante que hay en el lugar, el menú era único “choripan” y un buen vaso de vino tinto. Por este sitio pasó en su momento en el Cruce de los Andes, el ejército liderado por el general don José Francisco de San Martín, para liberar Chile. Los edificios tal vez no fueran los mismos, pero el espacio si lo era, aunque en otra dimensión y sentí su importancia histórica. Al fondo, como asomada sobre la cresta de Los Andes, nos observaba silenciosa La Aconcagua.
Toda una serie de detalles que se nos dan como la conformación de unos hechos históricos, los cuales pueden tener un alto porcentaje de veracidad, pero en los que hay que dejar un amplio margen al protagonismo de quienes los escribieron, que por lo general son los vencedores, los cuales mayoritariamente desvirtúan a conveniencia propia los términos de la veracidad.
Algo parecido ha ocurrido con otros tantos hechos que se nos han venido contando de una forma y que con el paso del tiempo se desvirtúan, previa investigación periodística y al final, lo que se dijo no fue del todo cierto o cuando menos, no era aquella la filosofía que conformaban los mismos. Recientemente tenemos el ejemplo de ese fingido o amañado “intento de golpe militar del 23 F”, para vergüenza de la democracia en España y para humillación del pueblo español.
Nos echamos la gena a la espalda, guardando en ella todo lo positivo que podemos entresacar de esta crónica y, seguimos caminando hacia el Sureste vamos en busca de la calle La Ópera, que se encuentra en el barrio de San Antonio, donde iremos a encontrarnos con la toponimia de este lugar y saber algo más de este género musical, pero eso será en otra ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos. Mientras tanto…cuídense.
Sansofé.
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