Cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y es una oportunidad para reflexionar sobre la realidad de muchas mujeres alrededor del mundo. La violencia de género es un problema latente en todas las sociedades, pero cuando se combina con los horrores de los conflictos bélicos, el impacto en las mujeres es aún más devastador.
Las mujeres y las niñas en tiempos de guerra son tratadas como “botín”. La violación es una táctica utilizada como estrategia de terror y como forma de tortura. Las consecuencias físicas y mentales de estas agresiones dejan huellas emocionales y físicas imborrables.
Amnistía Internacional, nos recuerda a largo del mundo ejemplos devastadores que se siguen repitiendo en la actualidad, uno de los ejemplos más dolorosos que sufrieron las mujeres en tiempos de guerra fueron las 200.000 “mujeres consuelo” o “mujeres de solaz”, convertidas en esclavas sexuales por el ejército japonés antes de la Segunda Guerra Mundial y a lo largo de ella. Estas mujeres fueron llevadas a prostíbulos, encerradas y sometidas a violencia sexual por parte de los militares japoneses. Se estima que fueron torturadas y violadas por una media de 30 soldados al día durante un periodo de tiempo que osciló entre las tres semanas y los ocho años. A muchas las mataron o se suicidaron y, las que sobrevivieron y regresaron a casa, estuvieron decenios sin contar sus historias por temor a ser estigmatizadas. Muchas de las mujeres víctimas de violación y abusos viven con la marginación a la que son sometidas por la responsabilidad que les atribuyen en las sociedades más patriarcales.
Más recientemente, en Nigeria, 279 alumnas de una escuela de Chibok fueron secuestradas por el grupo armado Boko Haram en abril de 2014. La mayoría de las niñas escaparon o fueron liberadas, pero muchas permanecen todavía cautivas.
En Afganistán, desde que en agosto de 2021 tuvo lugar la toma del poder por parte de los talibanes, la situación de los derechos de las mujeres y niñas se ha deteriorado enormemente. Las mujeres en la guerra de Afganistán han perdido todos sus derechos humanos fundamentales. Ahora no se les permite trabajar, no tienen acceso a la educación y se han implantado políticas estrictas contra el profesorado femenino y la circulación de las estudiantes. Las líderes afganas, activistas, artistas, deportistas, políticas y muchas más han tenido que huir del país temiendo por sus vidas. Decenas de ellas siguen atrapadas en Afganistán y se enfrentan a represalias de los talibanes.
En Canarias tenemos el testimonio de la jueza que ayuda a escapar a las juezas afganas, y sus familias del terror talibán. Gloria Poyatos, magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Canarias y directora regional de la Asociación Internacional de Mujeres Juezas, cuenta que las juezas afganas son unas 270 en el país, se ha logrado sacar 252 juezas y sus familias, las que quedan están escondidas para sobrevivir, hasta que alguien les ayude a escapar. Las juezas afganas están en listas de ejecución, el peor delito que han cometido estas mujeres según la ideología talibán es atreverse a juzgar a los hombres siendo mujer.
Dice la magistrada, la cultura de la violencia y discriminación basada en el género tiene carácter estructural y sistémico, cohabita de forma naturalizada y nos pasa desapercibida. Por eso debemos sospechar permanentemente porque el orden tiene su propio género, y desde luego no es el femenino.
La historia se sigue sucediendo en muchos países del mundo, Etiopía, Yemen, Siria y más recientemente con la invasión de Ucrania el pasado 24 de febrero, y el pasado 07 de octubre se recrudece la situación en Gaza, con el terrible genocidio que se vive contra la población Palestina desde hace más de 70 años. Las mujeres en los Territorios Palestinos Ocupados afrontan altos niveles de violencia y los 3.457 niños asesinados en Gaza en tres semanas "han superado el número anual de niños asesinados en las zonas de conflicto del mundo desde 2019", según Save the Children. Este es un recuento de las vulneraciones sistemáticas a los derechos de los niños y niñas palestinas.
La guerra ha dejado miles de desplazados, y muchas mujeres se encuentran solas y en situaciones de extrema vulnerabilidad, que es aprovechada por los tratantes para cometer el mayor de las ignominias, la trata de mujeres y niñas.
Los delitos sexuales perpetrados a las niñas y a las mujeres en tiempos de guerra constituyen crímenes de guerra y posibles crímenes de lesa humanidad.
En el año 2000, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 1325 sobre las mujeres, la paz y la seguridad, que supuso un hito histórico. Esta resolución reconoce que la guerra afecta de manera diferente a las mujeres, y defiende la necesidad de aumentar su papel en la toma de decisiones respecto a la prevención y la resolución de conflictos. Desgraciadamente, pese a que varias partes del mundo se han visto afectadas por luchas encarnizadas, los compromisos adquiridos siguen sin cumplirse.
Más que nunca, ante el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, no podemos olvidarnos de las mujeres en la guerra.
Más que nunca, esté 25N, tenemos que salir a seguir gritando con fuerza, Paz, Paz y Paz.
Más que nunca, condenar la violencia contra las mujeres, los niños y las niñas.
Más que nunca, no decaer en la lucha para la eliminación de las violencias contra la mujer, y esté 25 N “hasta la victoria siempre”.






























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