
En 1996 José María Aznar ganó sin mayoría absoluta. En realidad, su victoria fue ajustada y quedó lejos de los 176 escaños necesarios para asegurar la gobernabilidad. De hecho, la noche del recuento electoral Felipe González soltó aquello de “que amarga victoria y que dulce derrota”. Las expectativas del PP, otra vez, no se habían cumplido. A Aznar no le quedó otra que pactar con CiU, PNV y CC. Tuvo que acercarse a los nacionalismos periféricos si quería alcanzar La Moncloa. Era el mensaje que arrojó las urnas.
Parece que fue hace un mundo o, mejor dicho, muchos no lo recuerdan ahora (ha sido tan intensa la última década) pero conviene no perder la perspectiva. Sin los nacionalismos periféricos, en numerosas ocasiones, no se puede certificar la gobernabilidad en Madrid. Y el mismo Aznar que en estos días agita la calle tuvo que firmar lo que jamás había pensado siendo líder de la oposición.
De aquí a las próximas semanas la presión irá en aumento. Que nadie se llame a engaño. Hoy dirán algunos que la situación no es la de 1996, y puede ser, pero lo que sí es indudable es que sin el concurso de los nacionalismos de Cataluña y Euskadi no hay forma de que el sistema político estatal funcione. Tampoco Pedro Sánchez le entusiasmará la idea, si fuese por él gobernaría solo (¡acabáramos!) pero la realidad es la que es. La misma que Aznar no anticipó en los noventa como la que en 2023 se encuentra el PSOE sobre el tapete. La crisis es sistémica.
Otro dato llamativo: las voces que apuestan por una gran coalición a la alemana entre el PSOE y el PP son cada vez menos. Hace unos pocos años se oían más. Era una fórmula plausible. En 2023 no asoma la tesis en ningún altavoz significativo. Y esto no es necesariamente la solución, sería un remedio puntual, de mayor coste para el PSOE, pero es importante recalcar que ha ido en descenso el explorar esta vía. A buen seguro, es un síntoma más de que el panorama cada vez es más complicado. En teoría, de aquí a Navidad debe aclararse. Luego vendrá o la repetición electoral o la batalla de la gobernabilidad, siendo lo segundo más probable. Pero no habrá mar en calma después de la sesión de investidura que puede que le sea favorable a Sánchez.





























Olga Maria Rivero Santana | Domingo, 17 de Septiembre de 2023 a las 15:00:49 horas
La Democracia, sí es real, supone pactos. Lo que no debería ser "claudicaciones" a cualquier tipo de "chantaje", venga de donde venga, donde las leyes son de obligado cumplimiento para ¿todos? ...o ¿para algunos? Todo es revisable y mejorable, pero con el consenso de toda la sociedad. Además, en nuestro país, que tenemos las Autonomías (unas con mejores Estatutos que otras, que también hay que reconocerlo y decirlo) es aún más incomprensible estas contínuas "batallas" e intentos de incendiar y enfrentar a la ciudadanía por intereses personales y partidistas.¿Seguimos y seguiremos repitiendo los mismos errores del pasado? Nadie, ninguna Comunidad, puede estar por encima del resto. Ningún político o política, puede estar por encima de la Ley. Creer y defender la Democracia, supone dejar tanta "disparatada soberbia" y ser capaces de buscar el bien común de todos. ¡Cordura y responsabilidad ya por favor!
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