Nunca antes como ahora, para preguntarse: ¡¿Chacho, qué es esto?! Y no sólo con el signo de interrogación, sino con el de exclamación, pues es mucho el desconcierto.
Primero “con el bicho” que según “algunos expertos” aquí no iba a llegar y si llegaba, nos iba a encontrar muy “preparadísimos” y “dispuestos” para mandarlo rápido pal carajo, y “si te ví, no me acuerdo”.
Se quedaron, “sumisos” y “esperándolo” ¡todos los gobiernos! pues infravaloraron “su poder” a pesar de que se los advirtieron.
Los últimos en enterarnos (cómo no), fuimos el pueblo, al que informaron, (de aquella manera), cuando no les quedó otro remedio.
No digamos nada de “las formas” y “los medios” pues seguían restándole importancia, cuando intervenían no “aclaraban”, sino “sugerían” por lo que cada cual, “entendía y actuaba como les parecía”.
Con los viajes, con las actividades, con los encuentros, con las mascarillas… Mil versiones diferentes, que se daban hasta en el mismo día.
Doloroso y vergonzo, el “baile de infectados y de muertos” cifras que tan pronto subían, como bajaban al momento.
Se siguen “criterios sanitarios”, decían en todos los datos dados y las medidas que se imponían, pero no todos los medios, ni los expertos coincidían.
Con éste disloque y descoordinación entre Gobierno y Autonomías, no es de extrañar las locuras juveniles y no tan juveniles y las acciones criminales de los llamados “negacionistas”.
La “lentitud” de “acción” y de “reacción” en el inicio de esta maldita pandemia, vemos como se contrapone con las “improvisaciones” y “las prisas”.
Con las “desescaladas” y una “normalidad sin garantías” sin contar, de nuevo y como debían, con toda la sociedad, sus expertos, sus gobiernos, con los que nuestra salud, nuestros trabajos y nuestra economía, garantizan.
“A nadie se dejará atrás”, decían, bien pronto se han olvidado de los much@s que en la cuneta se han quedado.
Much@s, que ni de la anterior crisis se recuperaron, otros a los que esta pandemia ya ha “tocado” y los que faltan por caer, mientras “ellos siguen en sus disputas enrredados”
Sí, muchas ayudas anuncian y otras que ya han aprobado, con los mismos medios materiales y humanos, ya desde antes ¡desbordados!, con lo cual que no se pueda atender a tod@s, que errores y fallos a montones se hayan dado, no puede extrañar a nadie y que angustie a los que en estos Servicios trabajen y mucho más a los afectados.
Y seguimos “en un sin vivir y acojonados”, ahora más los padres y madres del alumnado, pues de “no ser suyos l@s hij@s” como dijeron no hace tanto, ahora, sin garantías de salud, en el regreso a las clases, “los tienen amenazados” con multarles si no los llevan, o los llevan “con fiebre tocados”.
También ya saben estos padres y madres, que si sus adolescentes siguen con sus “fiestas y botellones disparados” serán ellos y ellas los responsables y de las multas correspondientes, aunque estén en ERTES o directamente en el PARO.
Eso sí, se permiten porque están “plenamente autorizadas” las “manifestaciones de gente descerebrada”, a los que se les denomina “negacionistas” y ¡no pasa nada!
Qué penita y qué tristeza el seguir los telediarios, delicuencias “descafeinadas” con adjetivos o nombres “suavizados” como llamar “okupas” a lo que tu casa han usurpado.
Y no se pierdan lo “mejor”, que tú no eres aquí el “perjudicado” que como te descuides te pone una demanda por “acoso”, que te presenta el “okupa” ¡por medio de su abogado!
No vale culpar sólo a los demás, de lo que a todos nos corresponde: Ser responsables, solidarios y respetuosos, que es la única manera de salir de éste “horrible pozo”.
Quiero este poema del “desconcierto” poderlo muy pronto convertir, en el poema de “la empatía, de la cordura y de la humanidad, por tod@s, de nuevo descubierto”.
En el poema de un nuevo amanecer, donde el ser humano , las personas, vuelven a ser lo primero, donde nuestro Planeta Tierra sea de nuevo casa de tod@s y deje de ser un infierno.
Tú, yo, nosotros, tod@s, escribamos, día a día, con nuestras acciones solidarias, con nuestro compromiso compartido, denunciando los “renglones torcidos” el poema de la vida, donde nunca más este sufrimiento tenga cabida.



























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