Ante esta situación tan dramática que estamos viviendo en todo el mundo, sigue siendo necesaria una llamada a la cordura, a la unidad, al esfuerzo compartido, a la reflexión personal y colectiva de lo que no se hizo y de lo que se tiene que hacer, insisto, por parte de todos: Organismos, Ciencia, Política,Ciudadanía...todos.
Es hora de la Humanidad, porque esto engloba todo y a todos: Los miedos, los aciertos y los fracasos, los logros, los avances, las nobles y legítimas aspiraciones, que no deja a nadie en la cuneta...
Esta pandemia, que no es la primera que ha azotado al mundo, ni será la última, nos tiene que hacer reaccionar ya y no podemos limitarnos a "contabilizar" contagios y muertos con frías estadísticas, porque para las víctimas y sus familias, todas y cada una son únicas y dolorosas.
Es hora de ir matando los otros virus que nos están causando tanto daño y que hace que cuando surge un maldito asesino como éste, nos coja divididos, desprovistos de toda defensa y más enfrentados que nunca.
La curva de los despropósitos, de los enfrentamientos, de la soberbia y del tú más, lejos de bajar, de terminarse de una bendita vez, se ha ido agravando, lo que nos hace estar mucho más expuestos e indefensos ante ataques tan terribles como el que estamos viviendo.
Es la hora de la humanidad, y reconocer la fragilidad, la vulnerabilidad de nuestra condición, y es hora también de reconocer la total dependencia que tenemos los unos de los otros.
Es hora de la humanidad unida, comprometida, agradecida, consciente de sus grandezas, sí y también de sus debilidades.
Es hora de la humanidad en la política, en la ciencia, en todos y cada uno de nosotros, porque mirando a nuestro alrededor, vemos el mismo dolor, el mismo horror, los mismos miedos y angustias en todas partes, y también las mismas luchas, esperanzas y anhelos de vivir.
Es hora de la humanidad, que mire desde ya con otros ojos a nuestro planeta, esa casa común en el que todos tenemos que poder vivir y con las mismas condiciones dignas.
Desde el respeto profundo a todas las opciones personales, tanto religiosas como culturales, permítanme que en este Jueves Santo, día del Amor Fraterno, me una a las oraciones y a los deseos profundos de todo el mundo (creyentes o no) para seguir pidiendo porque esta terrible pesadilla se termine y porque sea la hora de la Humanidad, donde todos cambiemos en lo que tengamos que cambiar y nos demos cuenta de que esto sólo lo podremos parar juntos.




























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