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Martes, 13 de Enero de 2026

Actualizada Martes, 13 de Enero de 2026 a las 21:12:05 horas

Ravelo y la mirada ácida isleña

TA ofrece la columna diaria de Rafael Álvarez Gil

direojed Martes, 31 de Enero de 2023 Tiempo de lectura:

Las despedidas nunca son fáciles. Si es un escritor, canario, y sueles encontrártelo por Triana o en cualquier rincón, la cosa se complica: pues atinar las palabras exactas de ese adiós se torna aún más complicado, las sensaciones son contradictorias pues el escritor y la persona se entremezclan y has interactuado con ella. Alexis Ravelo es uno de ellos. Y se ha ido pronto, muy pronto. Aunque el legado que deja es notable. Hace apenas unas jornadas había finiquitado la reciente reedición de ‘Los días de mercurio’ (Alrevès); coleando todavía está en los escaparates de la librerías. Y en la posteridad Ravelo será más valorado de lo que es hoy, que lo es y mucho.

 

Alexis Ravelo es el autor de novela negra en el archipiélago que ha destacado, junto a su correligionario José Luis Correa, combinando escenarios identitarios (aunque no siempre) con la trama que se terciara. Ravelo tenía su detective: Eladio Monroy. Y usaba la novela negra para denunciar un clima social. Al exministro José Manuel Soria vino a darle (literariamente) en una de sus publicaciones cuando el aludido era de apellido un tal Burgos; un nombre de provincia por otro, y santas pascuas. Tenía ingenio.

 

Me quedo con el Alexis Ravelo de dos novelas sueltas: ‘Un tío con una bolsa en la cabeza’ (Siruela, 2020) y, mi preferida, ‘Los milagros prohibidos’ (Siruela, 2017).

 

En la primera realiza un viaje por el desarrollismo canario al calor de la bonanza turística y la especulación urbanística que ha asolado, con mayor virulencia, a Fuerteventura y Lanzarote. El pueblo es imaginario: San Expósito. Pero es perfectamente identificable con tantos municipios de Canarias en los que los excesos, la corrupción y el uso de las siglas políticas como instrumento endiablado han estado a la orden del día.

 

En la segunda reluce un homenaje a la memoria histórica y democrática en Canarias. A la resistencia en La Palma al golpe de Estado de 1936 y al fascismo que liquidó la Segunda República. La Semana Roja de La Palma es uno de esos episodios que asomaron en los primeros días del conflicto que enhebran la memoria popular de los que se opusieron a los golpistas aunque sabían de antemano que estaba todo perdido y nadie vendría a rescatarlos. Y, cómo no, con una relación de amor de fondo, auténtica, que conmueve.

 

Tuvimos la conversación más larga en el parque de Santa Brígida, una noche de fiestas en las medianías satauteñas. No acotaba su satisfacción por interactuar con lectores y aprendices de escritores que lo demandaban, en talleres o donde se terciara. De esto no hace mucho. Fue antes de la maldita pandemia. Luego, sí, entablabas unas palabras con Ravelo en cualquier librería donde te tropezaras con él. Era uno más de los que estaban en la tienda en ese instante, pero no lo era. Un autodidacta que ha vendido sus novelas a mansalva. Querido. Respetado. Y aún con muchas batallas por dar que han quedado truncadas.

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