Ya aparecen los primeros sondeos tras el terremoto político andaluz, como el ofrecido ayer por ‘El Periódico de España’; cabecera de reciente creación por Prensa Ibérica que busca competir con ‘El País’ del Grupo Prisa. Probablemente, este fin de semana salgan más encuestas.
En todo caso, el barómetro de marras elaborado por GESOP y difundido por ‘El Periódico de España’ dispara al PP que alcanzaría una cota de diputados entre 140-144, le seguiría el PSOE (93-96), luego Vox (37-39) y finalmente Unidas Podemos (29-32), a la espera de Yolanda Díaz… El resto de escaños, hasta completar los 350 que conforman el Congreso de los Diputados, se distribuye por las demás siglas.
La primera lectura es clara: hay un voto de la ultraderecha que retorna al PP. Vox habría cumplido una función instrumental, de señuelo asustadizo para las izquierdas y, si acaso, de maleta parlamentaria del PP. Y listo. A esto habría que añadirle otra clave: ya no haría falta un Gobierno de coalición a la alemana entre el PP y el PSOE porque mismamente los populares se tornan en dique de contención de la extrema derecha. Y todos tan contentos… La izquierda a la izquierda del PSOE regresaría, con mejor o peor suerte, a un modelo IU en la etapa de Julio Anguita. Estas, por ende, serían las coordenadas del nuevo ciclo político a nivel cualitativo tras desgranar los datos de GESOP.
En Ferraz hay un dato que sí debería de preocupar especialmente: la fidelidad del voto socialista según el barómetro estaría tan solo en el 53,7%, por detrás de Unidas Podemos y Vox. Alarma. Una cosa es que el PP te supere, que pase de 89 diputados a una horquilla de 140-144, que ya es decir, y otra bien diferente que el nivel de fidelidad de los tuyos esté a remolque del resto de tus competidores, incluido el que ha sido tu socio en el Ejecutivo. De hecho, el descenso en actas es más acusado en el caso de Pedro Sánchez que en el de Unidas Podemos.
Ahora bien, por mucho que ascienda el PP de la mano de Alberto Núñez Feijóo en las encuestas, difícilmente logrará por sí solo una mayoría absoluta. En Andalucía, a diferencia del conjunto del Estado, no están presentes los nacionalismo vasco y catalán. Eso complica el sudoku del PP. Si acaso, solo cosecharía los 176 representantes a costa de hundir del todo a Santiago Abascal. Por tanto, antes o después volvería el dilema de la abstención o no entre los dos grandes partidos sistémicos. Al menos, en el presente, sin saber el desenlace de las locales y autonómicas de mayo de 2023. El Gobierno de coalición opta por profundizar en las medidas de naturaleza social para hacer frente a la crisis. Más de lo mismo. La guerra electoral no está en el BOE sino en la calle. Es una pugna cultural. Siempre los cambios sociales anteceden a las instituciones, pero ahora más que nunca. Lo que ocurre es que los partidos tradicionales, y digo tradicionales en cuanto a su estructura, no se percatan de ello. Las ideologías se difuminan y esto juega en su contra. El PP no vende ideología (la tiene aunque enmascarada) sino gestión. La izquierda necesita ideología aparte de gestión. La gestión no enamora a la izquierda, no genera ilusión. No vislumbra un romance. Es una mera gestoría con horario de oficina de lunes a viernes.




























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