La ilusión de la afición amarilla pinchó en los primeros minutos del partido. El Club Deportivo Tenerife, cerrado atrás, bien organizado y mostrando mucha más intensidad, hizo que el encuentro fuese anestesiándose poco a poco en contra de los intereses de la Unión Deportiva Las Palmas.
Se echó en falta a Rubén Castro; vamos, a un delantero centro nato. Urge tener dos de garantías, uno titular (o ambos) y el otro en el banquillo para el recambio natural de la segunda parte. Ni Jonathan Viera ni Jesé Rodríguez son, en puridad, delanteros centros. ¿Tanto costaba al club haber aceptado el aumento salarial que en su día pidió Castro?
El modelo actual del conjunto amarillo, con accionista mayoritario, de propietario único, hace que todas las potenciales responsabilidades giren siempre del campo al banquillo y del banquillo al campo. Es decir, entre el entrenador y los jugadores. Pero nunca se podrá mirar al palco. Miguel Ángel Ramírez, con justo título, es dueño y señor. Y, como toda empresa, esta está a su servicio y no al revés. Conviene no olvidarlo cuando afloran tantas emociones en tan poco tiempo, creímos que teníamos el ascenso a Primera División al alcance de la mano y no hay entidad suficiente aún para cosecharlo por méritos propios. ¿Falló la confección de la plantilla el verano pasado desde los despachos?
El ambientazo que se vivió en los prolegómenos del partido, el recibimiento de la guagua con los jugadores bajando por la calle Fondos de Segura fue un chutazo; parecía los mejores años de la calle Mas de Gaminde a cuenta del Estadio Insular. La afición amarilla se entregó. Y, ciertamente, lo que se vio sobre el terreno de juego no correspondió a semejante compromiso. El recinto de Siete Palmas se llenó porque enseguida despertó del letargo el entusiasmo por un club histórico que, sin embargo, hace años transita sin pena ni gloria por la Segunda División.
¿Y ahora? Desear que el Club Deportivo Tenerife ascienda. Y abrir un periodo de reflexión para valorar si el actual entrenador, García Pimienta, es la persona indicada para endosarle la confianza de la dirección del equipo en la próxima temporada. Sobran jugadores. Y faltan otros. Desde luego, ese delantero centro, de nivel, que no tiene la Unión Deportiva Las Palmas. Habrá que esperar qué equipo va proyectando la dirección. La campaña de renovación de los abonos está garantizada. En unos días el chasco se olvida. Pero hay males estructurales que deben ser solventados.
Todo el juego no puede pasar por Viera que, no olvidemos, fue el señuelo efectivo el curso pasado para los abonados. Jesé estuvo desaparecido el sábado. Y este no tardó en cargar contra García Pimienta. Menudo dilema le ha encajado a Ramírez pues, a fin de cuentas, quitar a Pepe Mel y apostar por García Pimienta fue una apuesta suya. Por cierto, tampoco estaría mal en ir estudiando posibles guardametas a incorporar. Álvaro Valles tuvo unas salidas en falso en los primeros compases alarmantes. El Club Deportivo Tenerife, con menos estrellas, fue más compacto. Toca esperar a las decisiones de Ramírez en las siguientes semanas. Pero está claro que debe dar un giro si quiere que la ilusión permanezca, de algún modo, a la vuelta del verano.

























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