Pedro Sánchez atesora 120 actas. Perdió tres fruto de la repetición electoral en 2019 (su gran error) con la que pensaba crecer y, sin embargo, perdió apoyos y benefició a la ultraderecha con esa jugada. Ahora bien, por lo general los sondeos señalan que el próximo vencedor de los comicios generales tendrá menos escaños que los de Sánchez. Será, por tanto, un Ejecutivo más débil que el actual y, no siendo menos, más dependiente de su socio de coalición. Dicho de otra manera, teóricamente la sujeción de Pablo Casado a Vox será más estrecha que la de Sánchez a Unidad Podemos.
Esto tendrá una inmediata consecuencia: el riesgo de que la siguiente legislatura no se agote y se vaya a las urnas será más elevado que a día de hoy. Mucho más. Y ahondará en la dinámica de decadencia del sistema del 78 que tan solo podrá salvarlo una gran coalición a la alemana entre socialistas y populares. Pero esto desgarraría al PSOE. Un partido de centroizquierda que vendría desempeñar desde ese instante una suerte de lo que ha sido Ciudadanos… Adiós a la izquierda.
El sondeo elaborado por IMOP Insights para ‘El Confidencial’, publicado ayer, otorga 104 diputados tanto al PSOE como al PP. Un empate técnico pero, insisto, que subraya la debilidad que tendrá uno u otro en La Moncloa el siguiente mandato. Es decir, la encuesta que endosa al PP un 25,8% de los votos y al PSOE un 25,7%, estrecha las vías posibles de formar Gobierno y empuja al entendimiento del bipartidismo como último recurso que salve al sistema del 78 y, de paso, a la monarquía borbónica. Los comicios andaluces y en Castilla y León a celebrarse en 2022 pueden tener un efecto demoscópico estatal. Pero momentáneamente el escenario es el que es.
Casado ya ha soltado en diversas ocasiones que espera que el PSOE se abstenga en la sesión de investidura en caso de que el PP ganase. No quiere depender de Vox. Y si lo hace que sea con Santiago Abascal fuera del Gabinete. Pero la ultraderecha no perderá la ocasión y apretará las tuercas al PP para formar parte de la gobernanza. Eso o repetición electoral. Y es entonces cuando Sánchez, de perder en las urnas, tendrá el mismo dilema que en 2016 cuando mantuvo una dura pugna con Susana Díaz a son de la abstención puntual a favor de Mariano Rajoy y evitar ir por tercera vez a elecciones, que se decía pronto. Y es que en 2015 y 2016 el PSOE retrocedió en escaños con respecto a 2011. ¿Tenía sentido ir otra vez, la tercera, a las urnas? Al final, Sánchez pudo con el aparato ‘felipista’ que reinaba en Ferraz. Aunque eso ya es historia. Y lo importante en el presente es que se barrunta que vendrá otro episodio político de similar magnitud que puede trastocar el sistema de partidos vigente. Una abstención potencial del PSOE para facilitarle el paso a Casado a La Moncloa no sale gratis ni mucho menos. Sobre todo, si Yolanda Díaz arma la plataforma transversal y progresista que proyecta. La inestabilidad aumenta. Y ganará aquel que sepa ejecutar la jugada idónea en el momento perfecto. No es fácil. Pero es el ciclo de desmoronamiento político en el que toca saber surfear; esto sentenciará el futuro de unos y otros.




























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