RICARDO CASTILLO
Debo ser muy antiguo incluso residual, porque no entiendo, ni sé, ni tampoco me interesa, a quién se le ha ocurrido llamar a la bestialidad de controlar singularmente el desarrollo educativo y por ende cultural de "nuestra prole", como Pin Parental.
Siempre he relacionado lo de Pin con pincho; puede ser de tapas en la restauración, pincho o banderilla en la tauromaquia, pincho de un tuno y asimismo en la barra de un bar. Los banqueros dieron en poner a un código el seudónimo no reconocido ni catalogado por la RAE de PIN, y además de la idiotez que representa el adjetivo para nominar a una ‘comida de tarro’, parcial y exclusiva de los hogares, y que se desentiende del resto del mundo y de lo que queda de sentido común en la educación en igualdad, que no igualitaria, aparecen los inventores de nuevo cuño a darle otro significado.
Me da la impresión de que en la Comunidad Murciana y en algún que otro sitio, si la propuesta prospera, vamos a seguir viendo espectáculos desfasados y de mal gusto como "El Toro de La Vega", el ‘Lanzamiento de la Cabra’ desde el campanario y un sinfín de otros espectáculos tradicionales de esta maravillosa España, pero que ya en el Siglo XXI la gran mayoría lo considera de muy mal gusto.
Yo también participé de pequeño en la suelta de patos en el mar o en la cucaña con gallina al final del susodicho tronco o cucaña; también participé como un buen y adoctrinado monaguillo, incluso en el blanco y negro de la época, participé también de la entrada triunfal de un militar "levantisco", bajo palio y con su señora del brazo, y con lo que en liturgia se llama hostia, paseándose por iglesias, templos y dónde se les ponía en gana sin ser ellos sagrados, lo que condujo al rancio chiste del torero: ‘El Cordobés’ que quiso salir a la Plaza de las Ventas bajo palio, y que cuando le dijeron que eso estaba reservado solo para la hostia, preguntó ¿Y Franco? La respuesta no se hizo esperar “Ese no es la hostia, es la rehostia”.
Para mí, Pin sigue siendo algo que se clava en el cuerpo, en la mente o cualquier otro sitio, y que puede hacer bastante daño si no se Pin-chea bien.
La mayoría de nosotros hemos leído, visto en algún reportaje, incluso en alguna película el relato del matrimonio, padres de familia que emprenden un viaje en un velero y que maravillosamente sus hijos son educados en un maravilloso Nirvana, dado que estos progenitores tienen un nivel intelectual del ‘copón’ y que esos niños además de estar preparados para ser grandes capitanes y viajeros incansables, podrán codearse educativa y culturalmente con cualquier congénere.
Nada más lejos de la realidad; ni los hijos adquieren todo -bueno o malo- de los progenitores, ni falta que les hace, porque el mundo no está encapsulado en la familia a pesar de que en nuestro D.N.I. sigue apareciendo nuestra ascendencia, Hijo de:…
A estos señores que hacen este tipo de propuestas, me permito la indulgencia de decirles que no vayan más allá de lo realmente necesario para diferenciarse del resto de las propuestas de sus oponentes políticos. Estamos en un siglo, que si bien no es el de "Las Luces", es ya avanzado para las cruzadas del medioevo incluso con el beneplácito del Opus Dei, grupo religioso al que el autor Jesús Ynfante calificó allá por 1970 como “santamafia”.
Estoy seguro que España no está pervertida ni con unos ni con otros, y que debemos dejar de clavar en nuestra historia: pines, banderillas, espadas, etc. y que prioricemos ideas y propuestas reales que entusiasmen para una España y una Europa y, porqué no, un mundo no tan egoísta; dejar de pensar que cada vez que parimos, defecamos y otras residuales, las nuestras tienen un color que se diferencia del resto de los mortales. Y por fin, analicemos de quiénes fueron hijos/as las grandes figuras positivas y aportadoras de un gran intelecto a la historia, e igual nos llevamos una gran sorpresa.
Ricardo Castillo Eguía es miembro del PSOE y fue asesor municipal.


























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